37 poemas de amor cortos con su autor


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

El amor es una experiencia universal que nos conmueve a todos, pero a veces no hallamos las palabras adecuadas para expresarlo. A lo largo de la historia los poetas han sabido decir aquello que todos sentimos de formas creativas y elocuentes.

Por ello, en este artículo conoceremos una selección de treinta y siete poemas de amor cortos de poetas reconocidos, que pueden dar inspiración a cualquier corazón ansioso de expresarse.

1. Arde en tus ojos, de Antonio Machado

El amor no llegó a ser un tema muy desarrollado por Antonio Machado, pero el poema a continuación es una de esas pocas, pero felices ocasiones en que el poeta le dedica su intención creadora. En el poema, el amante muestra su pasión y ansiedad ante el misterio del amor.

Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.
No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aliaba negra.

Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?-
Dime, virgen esquiva y compañera.

2. Si me quieres, quiéreme entera, de Dulce María Loynaz

El amor no se condiciona. Quien ama debe abrazar la totalidad del ser, el acierto y el error. Amar no es admiración y no hace casa en la buena suerte. El amor se decide o, simplemente, se da.

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena…

Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… O no me quieras.

3. Madrigal, de Amado Nervo

Los ojos del ser amado se revelan como una fuente de vida absoluta para el amante. Otra realidad no importa, más que saberse reconocido en ellos, como un espejo que nos revela nuestra identidad.

Por tus ojos verdes yo me perdería,
sirena de aquellas que Ulises, sagaz,
amaba y temía.
Por tus ojos verdes yo me perdería.
Por tus ojos verdes en lo que, fugaz,
brillar suele, a veces, la melancolía;
por tus ojos verdes tan llenos de paz,
misteriosos como la esperanza mía;
por tus ojos verdes, conjuro eficaz,
yo me salvaría.

4. A veces, de Nicolás Guillén

Nicolás Guillén nos recuerda que el amor es simple, es directo, es sincero. Su fuerza nos autoriza a ser cursis, a ser infantiles, a sabernos mortales, si es que de ello brota el amor en el ser amado.

A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!

A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.

A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir,
bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor
rompiéndome el pecho,
una flor, y decir:
Esta flor, para usted.

5. Presente simple (Confianza), de Pedro Salinas

Para el poeta, el amor pleno solo se conjuga en presente simple. No hay pasado, ni futuro, más que la gracia de la acción amorosa, la vivencia amorosa.

Ni recuerdos ni presagios:
sólo presente, cantando.

Ni silencio, ni palabras:
tu voz, sólo, sólo, hablándome.

Ni manos ni labios:
tan solo dos cuerpos,
a lo lejos, separados.

Ni luz ni tiniebla,
ni ojos ni mirada:
visión, la visión del alma.

Y por fin, por fin,
ni goce ni pena,
ni cielo ni tierra,
ni arriba ni abajo,
ni vida ni muerte, nada
sólo el amor, sólo amando.

6. Te ofrezco, de Paul Verlaine

La expresión más concreta del amor es darse uno mismo como ofrenda gentil y piadosa. Eso nos recuerda el poeta Paul Verlaine en este texto.

Te ofrezco entre racimos, verdes gajos y rosas,
Mi corazón ingenuo que a tu bondad se humilla;
No quieran destrozarlo tus manos cariñosas,
Tus ojos regocije mi dádiva sencilla.

En el jardín umbroso mi cuerpo fatigado
Las auras matinales cubrieron de rocío;
Como en la paz de un sueño se deslice a tu lado
El fugitivo instante que reposar ansío.

Cuando en mis sienes calme la divina tormenta,
Reclinaré, jugando con tus bucles espesos,
Sobre tu núbil seno mi frente soñolienta,
Sonora con el ritmo de tus últimos besos.

7. Contigo, de Luis Cernuda

Para el amante, el ser amado es el absoluto en torno a lo cual todo se hace relativo. El ser amado es la tierra y la vida, el lugar de pertenencia. Su ausencia, en cambio, es la muerte.

¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.

¿Mi gente?
Mi gente eres tú.

El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.

¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

8. Como si cada beso, de Fernando Pessoa

En este poema, el beso se presenta como realización y lamento a la vez. Imágenes de finales posibles, de despedidas temidas, y un juego de posibilidades, casi surrealistas, el amante suplica el beso memorable que le da valor de eternidad a un simple instante.

Como si cada beso
Fuera de despedida,
Cloé mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz
Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.

Ver también: Poemas de Fernando Pessoa

9. Amor, de Salvador Novo

A veces el enamorado no es correspondido, pero si su amor es verdadero, espera la gracia de ser mirado por el ser amado. El enamorado espera su oportunidad.

Amar es este tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo.

Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.

10. Yo no quiero morirme sin saber de tu boca, de Elsa López

El alma enamorada anhela la experiencia del encuentro verdadero que le da sentido a su vida. El amor realizado le quita poder a la muerte, porque él mismo se hace vida prodigiosa.

Yo no quiero morirme sin saber de tu boca.
Yo no quiero morirme con el alma perpleja
sabiéndote distinto, perdido en otras playas.

Yo no quiero morirme con este desconsuelo
por el arco infinito de esa cúpula triste
donde habitan tus sueños al sol de mediodía.

Yo no quiero morirme sin haberte entregado
las doradas esferas de mi cuerpo,
la piel que me recubre, el temblor que me invade.

Yo no quiero morirme sin que me hayas amado.

11. Canción del demasiado amor, de Vinicius de Morais

Algunas veces, el enamorado pierde. Pero el amor sigue marcando su huella como un recuerdo doloroso que inquieta el pensamiento.

Quiero llorar porque te amé demasiado,
quiero morir porque me diste la vida,
ay, amor mío, ¿será que nunca he de tener paz?
Será que todo lo que hay en mí
sólo quiere decir saudade...
Y ya ni sé lo que va a ser de mí,
todo me dice que amar será mi fin...
Qué desespero trae el amor,
yo que no sabía lo que era el amor,
ahora lo sé porque no soy feliz.

Ver también: Poemas de desamor hispanoamericanos

12. Me tienes y soy tuya, de Ángela Figuera Aymerich

Para el alma enamorada, la entrega es total, íntima, pero no por ello puede develarse el misterio último de la esencia personal. Cada ser es un misterio, pero en ese misterio, el amor instala su tienda.

Me tienes y soy tuya. Tan cerca uno del otro
como la carne de los huesos.
Tan cerca uno del otro
y, a menudo, ¡tan lejos!…
Tú me dices a veces que me encuentras cerrada,
como de piedra dura, como envuelta en secretos,
impasible, remota… Y tú quisieras tuya
la llave del misterio…
Si no la tiene nadie… No hay llave. Ni yo misma,
¡ni yo misma la tengo!

13. Amor eterno, de Gustavo Adolfo Bécquer

El amante mira la vida transitoria, mientras que adivina en el amor una brasa inagotable capaz de iluminar la eternidad. ¿O es acaso que el amor es la misma eternidad?

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la Tierra
Como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

14. Rima I, de Gustavo Adolfo Bécquer

El poeta añora la oportunidad en que, sujetas las manos de su ser amado, pueda susurrarle al oido palabras amor.

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar, que no hay cifra
capaz de encerrarle; y apenas, ¡oh, hermosa!,
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, cantártelo a solas.

Ver también Poemas del romanticismo.

15. El poeta pide a su amor que le escriba, de Federico García Lorca

El alma enamorada espera con ansias un mensaje de su ser amado. Una palabra de amor escrita en un papel es aliento de vida, tras la entrega más absoluta. El amante sufre el silencio, y espera el alivio.

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

16. Cuando llegues a amar, de Rubén Darío

Para el poeta Rubén Darío, el amor es a la vez fuente de vida y de dolor. Por eso, advierte a quien lo lea que ese será su destino, pero que, aún así, no habrá otra manera de vivir que amando.

Cuando llegues a amar, si no has amado,
sabrás que en este mundo
es el dolor más grande y más profundo
ser a un tiempo feliz y desgraciado.

Corolario: el amor es un abismo
de luz y sombra, poesía y prosa,
y en donde se hace la más cara cosa
que es reír y llorar a un tiempo mismo.

Lo peor, lo más terrible,
es que vivir sin él es imposible.

Ver también: Poemas de Rubén Darío

17. Intimidad, de Saramago

Para el alma enamorada, la intimidad se abre paso en los finos detalles donde la vida se muestra gentil y significativa. En lo más pequeño, en lo más discreto, allí se construye la intimidad entre dos.

En el corazón de la mina más secreta,
En el interior del fruto más distante,
En la vibración de la nota más discreta,
En la caracola espiral y resonante,
En la capa más densa de pintura,
En la vena que en el cuerpo más nos sonde,
En la palabra que diga más blandura,
En la raíz que más baje, más esconda,
En el silencio más hondo de esta pausa,
Donde la vida se hizo eternidad,
Busco tu mano y descifro la causa
De querer y no creer, final, intimidad.

18. Amor, de Pablo Neruda

Para el alma enamorada, es amor es una hipérbole, una exageración, una fuerza que no cabe en el sentido común, en la normalidad de las cosas. Amar desborda.

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.
Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.

Ver también: 20 poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda

19. Esclava mía, de Pablo Neruda

Pablo Neruda comienza este poema invocando la imagen de la esclava y suplicando su amor. Al hacerlo, en realidad nos está mostrando la dialéctica del amo y del esclavo, en la cual el amo es el verdadero dependiente y dominado. El amor verdadero invierte los términos o, mejor aún, los anula. Uno es en el otro y viceversa.

Esclava mía, témeme. Ámame. Esclava mía!
Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,
y en él despunta mi alma como una estrella fría.
Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.
Mi propio latigazo cae sobre mi vida.
Eres lo que está dentro de mí y está lejano.
Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.
Junto a mí, pero dónde? Lejos, lo que está lejos.
Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.
El eco de la voz más allá del silencio.
Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.

Ver también: Los mejores poemas de amor de Pablo Neruda

20. En ti pensaba, de José Martí

Cuando el alma se enamora, el pensamiento se vuelve el lugar donde repasa sus sentimientos, las imágenes y las sensaciones que le produce el ser amado. Así nos lo deja ver José Martí en el siguiente poema.

En ti pensaba, en tus cabellos
que el mundo de la sombra envidiaría,
y puse un punto de mi vida en ellos
y quise yo soñar que tú eras mía.

Ando yo por la tierra con los ojos
alzados -¡oh, mi afán!- a tanta altura
que en ira altiva o míseros sonrojos
encendiólos la humana criatura.

Vivir: -Saber morir; así me aqueja
este infausto buscar, este bien fiero,
y todo el Ser en mi alma se refleja,
y buscando sin fe, de fe me muero.

21. Días y noches te he buscado, de Vicente Huidobro

El amor a veces se escribe entre lágrimas, y las lágrimas compartidas se vuelven bálsamo que alivia y que sana las heridas.

Días y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde cantas
Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo
Te has perdido entre las lágrimas
Noches y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde lloras
Porque yo sé que estás llorando
Me basta con mirarme en un espejo
Para saber que estás llorando y me has llorado
Sólo tú salvas el llanto
Y de mendigo oscuro
Lo haces rey coronado por tu mano.

22. Cúbreme, amor, de Rafael Alberti

Rafael Alberti evoca la experiencia amorosa llena de imágenes sensoriales y sensuales que brotan del encuentro íntimo, cercano, entre los amantes.

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

23. Nos desnudamos, de Fabio Morábito

El erotismo es otro registro de la experiencia amorosa. Y en el instante íntimo entre los amantes, desnudarse es sinónimo de mostrarse por entero, de abrir el alma y construir un nuevo signo de amor. Este poema forma parte del conjunto Cuarteto de Pompeya.

Nos desnudamos tanto
hasta perder el sexo
debajo de la cama,
nos desnudamos tanto
que las moscas juraban
que habíamos muerto.

Te desnudé por dentro,
te desquicié tan hondo
que se extravió mi orgasmo.
Nos desnudamos tanto
que olíamos a quemado,
que cien veces la lava
volvió para escondernos.

24. El amor, de Francisco Hernández

Para el poeta, el amor se mueve en una selva peligrosa, y lucha por vencer sobre las trampas y las heridas que lo marcan. El amor vence.

El amor, rodeado casi siempre por un antojo
de olvido, avanza resuelto hacia las trampas
creadas para cazar osos con piel de leopardo
y serpientes con plumaje de cóndor.
Y el amor sobrevive a las heridas y ruge,
voladora, la envidia de los venenosos.

25. Amor constante más allá de la muerte, Francisco de Quevedo

Para Quevedo, el amor es inquebrantable y trasciende las fronteras mismas de la muerte. Así nos lo hace saber en el siguiente soneto.

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

26. Dos cuerpos, de Octavio Paz

Las imágenes se agolpan en este poema para presentar a dos cuerpos amantes. Todas las posibilidades están: el encuentro, el desencuentro, la entrega, la separación. Veamos en qué palabras Octavio Paz nos asoma al misterio de los amantes.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.

Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.

Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

Ver también: Poemas de Octavio Paz

27. Te desnudas, de Jaime Sabines

El poeta representa la intimidad amorosa con aire fresco y juguetón. La complicidad entre esposo y esposa, ajenos al cansancio mutuo, se vuelve ocasión de juego renovado, de ficciones alegres que dan sentido al encuentro de los amantes.

Te desnudas igual que si estuvieras sola
y de pronto descubres que estás conmigo.
¡Cómo te quiero entonces
entre las sábanas y el frío!

Te pones a flirtearme como a un desconocido
y yo te hago la corte ceremonioso y tibio.
Pienso que soy tu esposo
y que me engañas conmigo.

¡Y como nos queremos entonces en la risa
de hallarnos solos en el amor prohibido!
(Después, cuando pasó, te tengo miedo
y siento un escalofrío.)

28. ¡Qué risueño contacto…!, de Jaime Sabines

El amante se entrega a las sensaciones que en él produce el ser amado. La imaginación se presenta como un recurso que aviva la llama entre dos.

¡Qué risueño contacto el de tus ojos,
ligeros como palomas asustadas a la orilla
del agua!
¡Qué rápido contacto el de tus ojos
con mi mirada!

¿Quién eres tú? ¡Qué importa!
A pesar de ti misma,
hay en tus ojos una breve palabra
enigmática.

No quiero saberla. Me gustas
mirándome de lado, escondida, asustada.
Así puedo pensar que huyes de algo,
de mí o de ti, de nada,
de esas tentaciones que dicen que persiguen
a la mujer casada.

29. Pies hermosos, de Mario Benedetti

El amor y el erotismo se expresa también en pequeños fetiches que se vuelven el camino para el encuentro de los amantes. Así parece expresarlo este poema de Mario Benedetti.

La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por totillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.

30. Lo que necesito de ti, de Mario Benedetti

El ser amante sufre en la necesidad del otro. Está ansioso, expectante. Requiere la voz, la imagen, la palabra del ser amado para no desfallecer. La ausencia del ser amado es como una muerte.

No sabes como necesito tu voz;
necesito tus miradas
aquellas palabras que siempre me llenaban,
necesito tu paz interior;
necesito la luz de tus labios
!!! Ya no puedo... seguir así !!!
...Ya... No puedo
mi mente no quiere pensar
no puede pensar nada más que en ti.
Necesito la flor de tus manos
aquella paciencia de todos tus actos
con aquella justicia que me inspiras
para lo que siempre fue mi espina
mi fuente de vida se ha secado
con la fuerza del olvido...
me estoy quemando;
aquello que necesito ya lo he encontrado
pero aun !!! Te sigo extrañando!!!

31. Hay ojos que sueñan, de Miguel de Unamuno

El amante da nombre a la amada (Teresa), y ve en sus ojos un signo único que actúa en él como un verdadero hechizo, como un rayo creador de vida. Veamos cómo lo expresa Miguel de Unamuno.

Hay ojos que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,
unos hacia adentro -otros hacia fuera.

Son como las flores -que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, -mi eterna Teresa,
los que están haciendo -tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, -me llaman, me esperan,
me ríen rientes -risa placentera,
me lloran llorosos -con llanto de pena,
desde tierra adentro, -desde tierra afuera.

En tus ojos nazco, -tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos -el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, -mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, -tus ojos mi tierra.

32. Enséñame, de Rafael Cadenas

Para el poeta, el amor es una promesa de vida, es la restitución de la esencia que el pasado desdibujó. Por eso, el amor es como una chispa que enciende la hoguera viviente del ser.

Enséñame,
rehazme
a fondo,
avívame
como quien enciende un fuego.

33. A XXX dedicándole estas poesías, de José de Espronceda

José de Espronceda retrata en este poema las angustias del amante que sufre por el ser amado, el momento de la desesperanza que crece.

Marchitas ya las juveniles flores,
nublado el sol de la esperanza mía,
hora tras hora cuento y mi agonía
crecen y mi ansiedad y mis dolores.

Sobre terso cristal ricos colores
pinta alegre tal vez mi fantasía,
cuando la triste realidad sombría
mancha el cristal y empaña sus fulgores.

Los ojos vuelvo en su incesante anhelo,
y gira en torno indiferente el mundo,
y en torno gira indiferente el cielo.

A ti las quejas de mi mal profundo,
hermosa sin ventura, yo te envío:
mis versos son tu corazón y el mío

34. Vos tenéis mi corazón, de Luis de Camoens

El poeta acude a una gran diversidad de recursos retóricos para para confesar su amor. Veamos cómo lo hace.

Mi corazón me han robado;
y Amor, viendo mis enojos,
me dijo: Fuéte llevado
por los más hermosos ojos
que desque vivo he mirado.

Gracias sobrenaturales
te lo tienen en prisión.
Y si Amor tiene razón,
Señora, por las señales,
vos tenéis mi corazón.

35. Mi amor está con un ligero atuendo, de James Joyce

Para el poeta, el amor es imagen vívida que conmueve a los sentidos. Evoca texturas, colores, aromas, gráciles movimientos cargados de una delicada sensualidad que anuncia el descubrir amoroso.

Mi amor está con un ligero atuendo
Entre los manzanos,
Donde las brisas bulliciosas más anhelan
Correr en compañía.

Allí, donde las brisas joviales moran para cortejar
A las tempranas hojas a su paso,
Mi amor va lentamente, inclinándose
Hacia su sombra que yace en la hierba.

Y donde el cielo es una taza de claro azul
Sobre la tierra risueña,
Mi amor camina lentamente, alzando
Su vestido con grácil mano.

36. Amor, de Miguel James

Para el poeta Miguel James, el amor sabe a promesa... Es imagen del futuro esperanzado que se abre hacia adelante, convocando los mejores augurios, orientando el sentido de la vida.

Tú vendrás desnuda con los brazos abiertos
Yo apoyaré sobre tus pechos mi cabeza
Tú dirás las palabras que espero
Yo cantaré dulces endechas
Tú prometerás mares y valles y cumbres de montañas
Yo seré el padre de tus hijos
Tú brillarás como el relámpago
Yo me haré estrella
Tú serás mi novia, más linda que todas las novias
Yo cantaré canciones de Jorge Ben
Tú tendrás cabellos largos
Yo trenzaré los míos
Tú querrás una casa en el campo
Yo construiré una cabaña junto al río
Tú te vestirás a veces con todos los colores del Iris
Yo te amaré siempre
Tú querrás flores
Yo un caballo, una guitarra
Y no trabajaremos nunca, nunca, nunca.

37. Te quiero, de Julia de Burgos

Julia de Burgos nos presenta un poema en el que expone todos los registros en lo que su amor se expande y se expresa. Así, la poeta dice:

Te quiero...
y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.

Te quiero
en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.

Te quiero
en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
donde nadaban tristes, tu voz y mi canción.

Te quiero
en el dolor sin llanto que tanta noche ha recogido el sueño
en le cielo invertido en mis pupilas para mirarte cósmica,
en la voz socavada de mi ruido de siglos derrumbándose.

Te quiero
(grito de noche blanca...)
en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

Te quiero...
Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras y alcanzando tu imagen
desde el punto inocente donde soy yerba y trino.

Ver también: Poemas de amor latinoamericanos

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Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, cantante, licenciada en Artes (mención Promoción Cultural), con maestría en Literatura Comparada por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.