Los 34 mejores poemas de amor de todos los tiempos


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

Presentamos una selección con 34 de los mejores poemas de amor de la historia, brevemente comentados. La lista es muy variada. Abarca autores clásicos y contemporáneos, hombres y mujeres que han dado al amor una voz particular y universal a la vez.

Los poemas elegidos expresan diferentes matices del amor: el amor como concepto, el amante solitario, el amor correspondido, la intimidad, el amor místico, entre otros. Los poemas están organizados según la cronología de sus autores.

1. Bendito sea el año...

Autor: Petrarca (Italia, 1304-1374)
Período o movimiento: Edad Media, precursor del humanismo

Petrarca representa el amor como una bendición que transforma la vida y la hace manantial inagotable. Para el poeta, el amor es gracia de la que brota todo arte y toda belleza, y se condensa en el nombre de la persona amada.

Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenose al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

2. Querría no dessearos

Autor: Juan de la Encina (España, 1468-1529)
Período o movimiento: Renacimiento español

Juan de la Encina presenta el clásico conflicto entre la voluntad y el amor. El amante amar no quiere, pero no puede hacer otra cosa distinta que amar. Por eso, hasta se «olvida de olvidar».

Querría no dessearos
y dessear no quereros,
mas, si me aparto de veros,
tanto me pena dexaros
que me olvido de olvidaros.

Si os demando galardón
en pago de mis servicios,
daysme vos por beneficios
pena, dolor y passión,
por más desconsolación.

Y no puedo desamaros
aunque me aparto de veros,
que si pienso en no quereros
tanto me pena dexaros
que me olvido de olvidaros.

3. Soneto LXXXV

Autor: Juan Boscán (España, 1487-1542)
Período o movimiento: Renacimiento español, petrarquismo

Juan Boscán cuestiona si quien olvida puede decirse verdaderamente amante. Si alguien ha sentido amor verdadero, implica Boscán, ¿puede olvidarlo?

Quien dice que la ausencia causa olvido
merece ser de todos olvidado.
El verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.

Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartado
hace su desear más encendido.

No sanan las heridas en él dadas,
aunque cese el mirar que las causó,
si quedan en el alma confirmadas,

que si uno está con muchas cuchilladas,
porque huya de quien lo acuchilló
no por eso serán mejor curadas.

4. Ya toda me entregué

Autor: Santa Teresa de Ávila (España, 1515-1582)
Período o movimiento: Renacimiento español, místicismo

El amor a lo divino es también una experiencia de amor que enciende el alma. En el cristianismo, Dios es una persona divina y, como tal, se relaciona personal y amorosamente con el creyente. Santa Teresa de Ávila se rinde ante este amor trascendente casi de forma sensual, pues se siente unida al llamado Amor Hermoso, al punto de encontrarse en él su propia identidad.

Ya toda me entregué y di
y de tal suerte he trocado,
que es mi amado para mí,
y yo soy para mi amado.

Cuando el dulce cazador
me tiró y dejó rendida,
en los brazos del amor
mi alma quedó caída.

Y cobrando nueva vida
de tal manera he trocado
que es mi amado para mí,
y yo soy para mi amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedo hecha
una con su Criador,

ya no quiero otro amor
pues a mi Dios me he entregado,
y mi amado es para mí,
y yo soy para mi amado.

5. Soneto XII (Desmayarse, atreverse, estar furioso...)

Autor: Lope de Vega (España, 1562-1635)
Período o movimiento: Siglo de oro español, conceptismo

Lope de Vega describe el amor y todos sus matices. Se pregunta qué es, e intenta responder. Sus palabras parecen contradictorias entre sí, pero ciertamente el amor contiene tensiones entre la pasión y el dolor.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

6. Amor verdadero

Autor: William Shakespeare (Inglaterra 1564-1616)
Período o movimiento: Renacimiento inglés, período isabelino

En este poema, el sujeto poético intenta comprender la definición del amor verdadero. Pero finalmente, se lamenta y se confiesa incapaz de haber percibido sus maravillas cuando hubo la ocasión.

No, no aparta a dos almas amadoras
adverso caso ni cruel porfía:
nunca mengua el amor ni se desvía,
y es uno y sin mudanza a todas horas.

Es fanal que borrascas bramadoras
con inmóviles rayos desafía;
estrella fija que los barcos guía;
mides su altura, mas su esencia ignoras.

Amor no sigue la fugaz corriente
de la edad, que deshace los colores
de los floridos labios y mejillas.

Eres eterno, Amor: si esto desmiente
mi vida, no he sentido tus ardores,
ni supe comprender tus maravillas.

7. Amor empieza por desasosiego

Autora: Sor Juana de la Cruz (Nueva España, 1648-1695)
Período o movimiento: Barroco hispanoamericano

En este célebre poema, Sor Juana Inés de la Cruz describe las diferentes etapas del amor, que nacen con la pasión encendida, y recorre las calles de la indiferencia, los celos y el dolor ante la despedida.

Amor empieza por desasosiego,
solicitud, ardores y desvelos;
crece con riesgos, lances y recelos;
susténtase de llantos y de ruego.

Doctrínanle tibiezas y despego,
conserva el ser entre engañosos velos,
hasta que con agravios o con celos
apaga con sus lágrimas su fuego.

Su principio, su medio y fin es éste:
¿pues por qué, Alcino, sientes el desvío
de Celia, que otro tiempo bien te quiso?

¿Qué razón hay de que dolor te cueste?
Pues no te engañó amor, Alcino mío,
sino que llegó el término preciso.

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8. Reminiscencia inmortal

Autor: Friedrich Schiller (Alemania, 1759-1805)
Período o movimiento: Romanticismo alemán

El enamorado espera que su amada encienda las mismas pulsiones que él, pues la entrega mutua y plena de dos personas en un solo ser lo percibe como un retorno al perdido origen divino.

Dime amiga, la causa de este ardiente,
puro, inmortal anhelo que hay en mí:
suspenderme a tu labio eternamente,
y abismarme en tu ser, y el grato ambiente
de tu alma inmaculada recibir.

En tiempo que pasó, tiempo distinto,
¿no era de un solo ser nuestro existir?
¿acaso el foco de un planeta extinto
dio nido a nuestro amor en su recinto
en días que vimos para siempre huir?

¿...Tú también como yo? Sí, tú has sentido
en el pecho el dulcísimo latido
con que anuncia su fuego la pasión:
amémonos los dos, y pronto el vuelo
alzaremos felices a ese cielo
en que otra vez seremos como Dios.

9. Acuérdate de mí

Autor: Lord Byron (Inglaterra, 1788 - 1824)
Período o movimiento: Romanticismo inglés

Para el amante el olvido es insoportable. La memoria de su persona es lo único que le queda ante la inevitabilidad de la muerte. De hecho, el olvido sería la verdadera muerte. Por eso el amante suplica que no lo olviden.

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede aniquilar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba
no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.

10. ¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!

Autor: John Keats (Inglaterra, 1795-1821)
Período o movimiento: Romanticismo inglés

Este poema del autor John Keats es una auténtica súplica desesperada. El amanto no solo espera la correspondencia amorosa. Desea la posesión total, la fusión absoluta entre ambos.

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!
Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,
amor de un solo pensamiento, que no divagas,
que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.
Permíteme tenerte entero… ¡Sé todo, todo mío!
Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer
del amor que es tu beso… esas manos, esos ojos divinos
ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,
incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo,
no retengas un átomo de un átomo o me muero,
o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,
¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!

11. Significado de la palabra “yo amé”

Autor: Gertrudis Gómez de Avellaneda (Cuba-España, 1814-1873)
Período o movimiento: Romanticismo español

Gertrudiz Gómez reflexiona sobre el significado de "Yo amé". ¿Puede acaso acabar un amor que se estima verdadero?

Con «yo amé» dice cualquiera
Esta verdad desolante:
-Todo en el mundo es quimera,
No hay ventura verdadera
Ni sentimiento constante.
«Yo amé» significa: -Nada
Le basta al hombre jamás:
La pasión más delicada,
La promesa más sagrada,
Son humo y viento… ¡y no más!

12. Ven, camina conmigo

Autor: Emily Brontë (Inglaterra, 1818 - 1848)
Período o movimiento: Romanticismo inglés, período victoriano

Emily Brontë reflexiona en este poema sobre la naturaleza del amor. ¿Puede ser eterno el amor humano? ¿Puede volver a encender su luz cuando después del reinado de la oscuridad?

Ven, camina conmigo,
sólo tú has bendecido alma inmortal.
Solíamos amar la noche invernal,
Vagar por la nieve sin testigos.
¿Volveremos a esos viejos placeres?
Las nubes oscuras se precipitan
ensombreciendo las montañas
igual que hace muchos años,
hasta morir sobre el salvaje horizonte
en gigantescos bloques apilados;
mientras la luz de la luna se apresura
como una sonrisa furtiva, nocturna.

Ven, camina conmigo;
no hace mucho existíamos
pero la Muerte ha robado nuestra compañía
-Como el amanecer se roba el rocío-.
Una a una llevó las gotas al vacío
hasta que sólo quedaron dos;
pero aún destellan mis sentimientos
pues en ti permanecen fijos.

No reclames mi presencia,
¿puede el amor humano ser tan verdadero?
¿puede la flor de la amistad morir primero
y revivir luego de muchos años?
No, aunque con lágrimas sean bañados,
Los túmulos cubren su tallo,
La savia vital se ha desvanecido
y el verde ya no volverá.
Más seguro que el horror final,
inevitable como las estancias subterráneas
donde habitan los muertos y sus razones,
El tiempo, implacable, separa todos los corazones.

13. Te adoro igual que a la bóveda nocturna

Autor: Charles Baudelaire (Francia, 1821-1867)
Período o movimiento: Simbolismo

La persona amada es un ser digno de adoración que, para el enamorado, exige la postración más absoluta. La fe del enamorado no mira si el dios es tirano o frío. A este dios, gustoso, se subordina.

Te adoro igual que a la bóveda nocturna,
¡oh vaso de tristeza, gran taciturna!
Y te amo tanto más, bella, cuanto más me huyes;
y cuanto más me pareces encanto de mis noches,
irónicamente aumentar la distancia
que separa mis brazos de la inmensidad azul.
Avanzo en los ataques y trepo en los asaltos
como junto a un cadáver un coro de gusanos,
y amo tiernamente, bestia implacable y cruel,
incluso tu frialdad, que aumenta tu belleza.

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14. Poema 84 (Su pecho es propicio para perlas...)

Autor: Emily Dickinson (Estados Unidos, 1830 - 1886)
Período o movimiento: Romanticismo estadounidense

Un corazón digno de amar no solo luce perlas. Tampoco es el asiento del poder. Amar es hacer casa, habitar en el corazón del otro.

Su pecho es propicio para perlas,
Pero yo no soy un Buceador—
Su frente es propicia para tronos
Pero yo no tengo penacho.

Su corazón es propicio para un hogar—
Yo—un Gorrión—construyo ahí—
Con la dulzura de las ramas
Mi perenne nido.

15. Quia multum amavi / Porque he querido tanto

Autor: Oscar Wilde (Irlanda, 1854 - 1900)
Período o movimiento: Esteticismo, decadentismo, época victoriana

El amante muestra la herida abierta del alma frente a la traición. Aún así, no puede arrepentirse de haber querido. Sus palabras nos duelen. Es un amor desbordado que ha perdido su cauce.

Querido corazón, creo que el joven y apasionado sacerdote,
al sacar por primera vez del santuario escondido
a su Dios recluido en la Eucaristía
y comer el pan, y beber el terrible vino,

no sintió un asombro tan terrible como el que sentí yo
cuando mis ojos enamorados chocaron con los tuyos
por primera vez
y toda la noche antes de arrodillarme ante tus pies
hasta que te cansaste de mi pasión.

¡Ah! Si te hubiera gustado menos
y me hubieras amado más,
en aquellos días de verano de alegría y lluvia,
no habría sido heredero de la tristeza
ni un lacayo en la casa del dolor.

Aún así, a pesar de que el arrepentimiento, cara blanca
del sirviente de la juventud,
me pise los talones con su comitiva,
me alegra haberte amado: ¡piensa en todos
los soles que se convirtieron en una verónica azul!

Ver también: Poemas del romanticismo.

16. Consejos

Autor: Antonio Machado (España, 1875 - 1939)
Período o movimiento: Generación del 98, España

Al contrario de las cosas del mundo, de las monedas que tanto valoramos, el amor es lo único que se pierde cuando no se da. Solo el alma que da amor no se pierde; solo el alma que se da, se engrandece.

Este amor que quiere ser
acaso pronto será;
pero ¿cuándo ha de volver
lo que acaba de pasar?
Hoy dista mucho de ayer.
¡Ayer es Nunca jamás!

Moneda que está en la mano
quizá se deba guardar:
la monedita del alma
se pierde si no se da.

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17. Todas las cartas de amor son ridículas

Autor: Fernando Pessoa (Portugal, 1888 - 1935)
Período o movimiento: Generación del Orpheu, Portugal

Fernando Pessoa nos sorprende con este poema en prosa, firmado bajo el heterónimo Álvaro de Campos. Es verdad que las cartas de amor son ridículas, dice, pero más ridículo es no atreverse a escribirlas. Más ridículo es no amar ridículamente.

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

Puedes profundizar en: Poemas fundamentales de Fernando Pessoa

18. Ayer te besé en los labios

Autor: Pedro Salinas (España, 1891 - 1951)
Período o movimiento: Generación del 27, España

El beso es un signo que, como una fuente bautismal, da nombre y existencia al amor. El beso se atesora, se recrea, se repite en la mente del amado, de donde no desea que se escape.

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no…
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

19. Amada, en esta noche tú te has crucificado

Autor: César Vallejo (Perú, 1892 - 1938)
Período o movimiento: Vanguardismo

El amor es una experiencia sacra y profana a la vez, un oxímoron. Amante y amada se entregan en un mutuo ofrecimiento que anuda las almas hasta la sepultura.

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.
En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.
Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.
Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.

Ve también: Poemas de César Vallejo

20. Los versos que te hice

Autor: Florbela Espanca (Portugal, 1894 - 1930)
Período o movimiento: Principios del siglo XX, pionera del feminismo portugués

La mujer que ama expresa el deseo imperioso de declarar su amor con sus versos, pero su condición de mujer le obliga a guardar silencio. La boca y el beso, aunque nunca dado, reserva el poema más hermoso.

¡Déjame decirte lindos versos raros
Que en mi boca tengo para así decirte!
Están esculpidos en mármol de Paros
Por mí cincelados para a ti servirte.

Son por su dulzura terciopelos caros,
Son como las sedas pálidas a arderte...
¡Déjame decirte lindos versos raros
Que fueron creados para enloquecerte!

Mas no te los digo, mi Amor, todavía...
¡Que siempre una boca de mujer es linda
Cuando dentro guarda versos que no dice!

¡Te deseo tanto! Nunca te besé...
Y en el beso, amor, que no te entregué
Guardo los más lindos versos que te hice!

21. La renuncia

Autor: Andrés Eloy Blanco (Venezuela, 1896 - 1955)
Período o movimiento: Generación del 18, Venezuela

El enamorado herido da cuenta de una de las sombras del amor: la renuncia. ¿Qué puede hacer el enamorado si su amor no le corresponde o si su amor ha abierto nuevas heridas?

He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible
una proximidad de lejanía.

Yo me quedé mirando cómo el río se iba
poniendo encinta de la estrella...
hundí mis manos locas hacia ella
y supe que la estrella estaba arriba...

He renunciado a ti, serenamente,
como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo
que no se deja ver del viejo amigo;

Como el que ve partir grandes navíos
como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios
cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;

Como el marino que renuncia al puerto
y el buque errante que renuncia al faro
y como el ciego junto al libro abierto
y el niño pobre ante el juguete caro.

He renunciado a ti, como renuncia
el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales,
con los ojos estáticos y las manos vacías,
que empañan su renuncia,
soplando los cristales
en los escaparates de las confiterías...

He renunciado a ti, y a cada instante
renunciamos un poco de lo que antes quisimos
y al final, !cuantas veces el anhelo menguante
pide un pedazo de lo que antes fuimos!

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño...

22. Soneto de la dulce queja

Autor: Federico García Lorca (España, 1898 - 1936)
Período o movimiento: Generación del 27, España

El miedo y la ansiedad por la posibilidad de perder a la persona amada obsesionan al enamorado, quien se queja de esta suerte inevitable que lo condena.

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

23. El amenazado

Autor: Jorge Luis Borges (Argentina, 1899 - 1986)
Período o movimiento: literatura filosófica, literatura fantástica

El amor parece una amenaza porque nos afecta y duele. Nos hace vulnerables, pues estamos involuntariamente a merced del ser amado. ¿Será mejor huir? Al final, el amor toma por asalto al enamorado y vence toda resistencia.

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

24. De qué callada manera

Autor: Nicolás Guillén (Cuba, 1902 - 1989)
Período o movimiento: Vanguardismo

El enamorado expresa la sencillez y sutileza con la cual el sentimiento amoroso nace en el sujeto, derribando sus muros de manera inadvertida, mientras desnuda la vulnerabilidad del sujeto.

¡De qué callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, muriendo!

Y de qué modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!

En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!

25. Cúbreme amor

Autor: Rafael Alberti (España, 1902 - 1999)
Período o movimiento: Generación del 27, España

El amor es también pasión entre dos cuerpos. El poema pasa y repasa en sus imágenes el amor que se expresa en el deseo entre los cuerpos amantes.

Cúbreme, amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmín del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alóquemelo, amor, su sal, aloca
Tu lancinante aguda flor suprema,
Doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que la desboca.

¡Oh ceñido fluir, amor, oh bello
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar cómo tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

26. Poema XV (Me gusta cuando callas...)

Autor: Pablo Neruda (Chile, 1904 - 1973)
Período o movimiento: vanguardismo

El enamorado se entrega a la fascinación absoluta que le brinda la contemplación de la persona amada, cuyo silencio y reposo son ocasión para la mirada sosegada y paciente.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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27. Amor tardío

Autor: José Ángel Buesa (Cuba, 1910-1982)
Período o movimiento: Neorromanticismo

No siempre el amor es cosa de la juventud. A veces llega cuando menos se espera, cuando el tiempo ha dejado su huella, o cuando las oportunidades se han disipado. ¿Qué hacer con el amor que llega tarde?

Tardíamente, en el jardín sombrío,
tardíamente entró una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de estío.

Y, sedienta de miel y de rocío,
tardíamente en el rosal se posa,
pues ya se deshojó la última rosa
con la primera ráfaga de frío.

Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusión;

pero en mi otoño de melancolía,
mariposa de amor, al fin del día,
qué tarde llegas a mi corazón…

28. Bajo tu clara sombra

Autor: Octavio Paz (México, 1914 - 1998)
Período o movimiento: Modernismo, surrealismo

La sensualidad amorosa hace presencia en el poema Bajo tu sombra, en el que el poeta recorre el cuerpo de la amada que parece un tesoro en sus manos.

Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….
Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.

Puedes leer: Poemas de Octavio Paz

29. Te quiero

Autor: Mario Benedetti (Uruguay, 1920 - 2009)
Período o movimiento: Generación del 45, Uruguay

Palabras sencillas resumen la experiencia amorosa, no solo basada en la fascinación por el cuerpo del otro, sino por sus ideas, por su compromiso, por su belleza espiritual. El amor es complicidad.

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Lee más en el siguiente artículo: Poemas de Mario Benedetti

30. Amor a primera vista

Autor: Wislawa Szymborska (Polonia, 1923 - 2012)
Período o movimiento: Siglos XX y XXI

Antes del amor a primera vista, ¿no habrá habido una historia inadvertida entre los amantes? ¿No habrá existido antes un sinnúmero de casualidades que, como un hilo, se fueron enhebrando entre las agujas para tejer un vestido de amor nuevo?

Amor a primera vista.
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

31. Soneto para empezar un amor

Autor: Manuel Alcántara (España, 1928 - 2019)
Período o movimiento: Generación del 50, España

El no puede forzar con hechizos ni encantamientos a la persona amada. Al amante solo te toca aferrarse a la paciente esperanza. ¿Llegará el amor a ser una realidad? ¿O se escurrirá entre los dedos como la arena del desierto?

Ocurre que el olvido, antes de serlo,
fue grande amor, dorado cataclismo;
muchacha en el umbral de mi egoísmo,
¿qué va a pasar? mejor es no saberlo.

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?
Amar son cercanías de uno mismo.
Como siempre, rodando en el abismo,
se irá el amor, sin verlo ni beberlo.

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;
cumpliendo años irás en mi memoria,
viviendo para ayer, como una brasa,

porque no llegará la sangre al río,
porque un día seremos sólo historia
y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

32. En la tierra veloz

Autor: Eugenio Montejo (Venezuela, 1938 - 2008)
Período o movimiento: Vanguardismo

El enamorado expresa cómo el ser amado es su absoluto. Al ser amado se consagra, como ídolo divino, al tiempo que comprende la presencia del destino azaroso. Sea por un instante o por la vida entera, el amor consumado es el sentido vital.

Sólo quise estar vivo para amarte
en la tierra veloz. Aquí, a tu lado,
siguiendo el vuelo de esta esfera que gira
detrás de un sol demasiado remoto.
Sea lo que alcance el tiempo que nos dieron
los dioses o el azar, sea lo que quede
de lumbre en nuestra lámpara indecisa,
mi deseo está aquí, no en otro mundo,
junto a tus manos, tus ojos y tu risa,
junto a los árboles y el viento
que acompañan tu paso por el mundo.
Sea quienquiera que apure las estrellas
y nos haga nacer o desnacer,
sea quienquiera que junte nuestros cuerpos,
aunque no dure nada este relámpago
y la tierra veloz nos borre el sueño.

33. Amor bajo la luz de la luna

Autor: Louise Elisabeth Glück (Estados Unidos, 1943)
Período o movimiento: Siglos XX y XXI

Louise Glück describe de manera vívida la intimidad entre dos sujetos que, bajo la luna, se descubren uno en el otro en el coro del mundo.

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación
a otra persona, a eso lo llaman
alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.
(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)
Afuera, la tarde de verano, todo un mundo
arrojado a la luna: grupos de formas plateadas
que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín
donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,
la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio
transformada en aleación de luz de luna,
forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma
llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,
tomada de otra fuente, y brilla
unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,
la luna sigue estando más que viva.

34. Nosotros no nos encontrábamos...

Autor: Olga Tokarczuk (Polonia, 1962)
Período o movimiento: Siglos XX y XXI

Este poema recuerda a Amor a primera vista de Szymborska, pues describe el amor entre los amantes como una pertenencia mutua declarada desde el origen, destinada a ocurrir.

Nosotros no nos encontrábamos
no nos buscábamos en los huertos con una manzana
entre los murmullos de la seda en naves de las iglesias

Siempre estuvimos uno dentro del otro
en el cuerpo de dios de doble cara
en las pinturas medievales de los sótanos de los museos
y en las fotos de nuestros padres
inocentes como papel

Nosotros -maestros de cruzarnos-
solo permanecimos uno frente al otro
y en espejos de la piel nos reflejamos enteros
el mundo se alejó en silencio y con el dedo en los labios
los bosques echaron raíces en el suelo
las ciudades guiadas por el olfato encontraron lugares
donde los hombres las construían infinitamente
los ríos entraron en los mares como los trenes en las estaciones
los montes inasibles cuajaron en las cuevas

Si yo soy un monte
tú eres una cueva dentro de mí
lugar en el monte donde no hay monte
lugar dentro de mí donde no estoy

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Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, cantante, licenciada en Artes (mención Promoción Cultural), con maestría en Literatura Comparada por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.