14 poemas de amor de autores latinoamericanos


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

De la pluma de poetas latinoamericanos, presentamos una selección de hermosos poemas en el que el amor es la fuerza, el objeto y la pulsión. Así lo representan autores como Neruda, Benedetti, Storni, Sor Juana Inés de la Cruz, Vallejo, Paz, Borges, Burgos, Sabines, Nervo, Montejo, Alegría y Nazoa.

varo
Remedios Varo: Jardín de amor.

Quienes hemos sido tocados por el ala de esta ave inquieta del amor, que un día se nos esconde y otro come de nuestra mano, podemos comprender el registro de las emociones amorosas que esta selección de poemas trae para nosotros. Repasamos el sueño por el amor ideal, la ansiedad de la espera, la alegría del amor correspondido, la consumación amorosa y, por qué no, los amores vanos que acaban por ser, apenas, historias divertidas que contar.

Sobre el amor idílico

Guayasamin
Guayasamín: Los amantes.

El primer amor, su primera intuición, llega siempre en la forma de idea, de sospecha, una especie de profecía que anuncia que caeremos, ineludiblemente, en una masa de confusas emociones. Sobre esta inquietud nos habla esta selección de poemas. Habla la voz que pide al amor alejarse, habla el enamorado ya preso que debe disimular sus grilletes imaginarios, habla el que se abisma ante los ojos de la amada como un juego hipnótico, habla la voz del amor secreto y prohibido, y habla, finalmente, la voz de amante desesperado gobernado por su ansiedad.

Contiene una fantasía contenta con amor decente

Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695)
México

La escritora novohispana nos deja este poema en el cual nos pone de frente al amor como dulce seducción y amenaza a la vez. Le canta, no a la persona, sino al amor como una energía que atrae irremediablemente con la fuerza de un tirano.

Deténte, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

El Enamorado

Jorge Luis Borges (1899-1986)
Argentina

Cuando el alma se descubre enamorada, el mundo pierde total importancia. La atención del amante se concentra totalmente en el ser amado, de tal manera que su vida cotidiana no es más que el fingimiento de que las cosas siguen su curso natural. Pero para el amado, dentro de su pensamiento, solo una cosa importa: la persona amada.

Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.

Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.

Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.

Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

Tus ojos

Octavio Paz (1914-1991)
México

Para el amante, los ojos de su ser amado son los pozos en que refleja sus sentimientos, inquietudes, esperanzas y temores. El amante contempla, como hechizado, la mirada subyugante del otro. La mirada encontrada es vínculo, interpelación, pregunta y respuesta a la vez; es misterio y revelación. Es, pues, abismo insondable.

Tus ojos son la patria del relámpago y de la lágrima,
silencio que habla,
tempestades sin viento, mar sin olas,
pájaros presos, doradas fieras adormecidas,
topacios impíos como la verdad,
o toño en un claro del bosque en donde la luz canta en el hombro de un árbol y son pájaros todas las hojas,
playa que la mañana encuentra constelada de ojos,
cesta de frutos de fuego,
mentira que alimenta,
espejos de este mundo, puertas del más allá,
pulsación tranquila del mar a mediodía,
absoluto que parpadea,
páramo.

Te seguiré callada

Julia de Burgos (1914-1953)
Puerto Rico

En la distancia, en la imposibilidad, esconde su amor el amante, como si fuera una vergüenza, como si fuera indigno, como si fuera pretencioso de más. El alma amante, humilde y solitaria, se contenta en el seguimiento, en la brevedad del instante inspirador, en el silencio que contempla al amado con la reverencia de un ser sagrado.

Te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles molidas de nostalgia,
o sobre las estrellas sonreídas de ritmos
donde mecen su historia tus más hondas miradas.

Mis pasos desatados de rumbos y fronteras
no encuentran las orillas que a tu vida se enlazan.
Busca lo ilimitado mi amor, y mis canciones
de espalda a los estático, irrumpen en tu alma.

Apacible de anhelos, cuando el mundo te lleve,
me doblaré el instinto y amaré tus pisadas;
y serán hojas simples las que iré deshilando
entre quietos recuerdos, con tu forma lejana.

Atenta a lo infinito que en mi vida ya asoma,
con la emoción en alto y la ambición sellada,
te seguiré por siempre, callada y fugitiva,
por entre oscuras calles, o sobre estrellas blancas.

Amor prohibido

César Vallejo (1892-1938)
Perú

César vallejo toca nuestro corazón con este poema al amor proscrito. Vallejo revela la paradoja de la vida: el amor, mandato divino, se vuelve, paradójicamente, ocasión de pecado. ¡¿Qué misterio es este que hace del amor santo y pecador, redención y condena?!

¡Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

¡Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!
Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.

¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!
¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
… Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!

No es que muera de amor

Jaime Sabines (1926-1999)
México

El amante vive la opresión de la ansiedad, la necesidad del otro, la angustia de la espera. Es una urgencia que subyuga, que clama la consumación, que parte, que desgarra. Es la espera que se vuelve cárcel, es la ausencia como fardo, la muerte de la plenitud.

No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma, de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro
acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros,
separados del mundo, dichosa, penetrada,
y cierto , interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos oscuros e incesantes.

Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Sobre el amor correspondido

botero
Botero: Celebración.

El amor encuentra, tarde o temprano, su par. Así sea por un instante, la alegría del amor correspondido renueva la mirada del amante. A veces, esta alegría es perturbadora para el mundo gris. A veces, esta alegría es fuerza cotidiana. "Mi santa costumbre" llamaba Unamuno a su esposa. Otras veces, la alegría se conjura con las palabras "te amo". Otras, el amor se expresa como una sumisión. El amante abandona toda resistencia y se entrega. Todo ello es plenitud.

Te quiero

Mario Benedetti (1920-2009)
Uruguay

El amor del poeta es el objeto amado, tornado cómplice cotidiano, velador de sueños, inspiración matutina. El otro completa el misterio del amante. Ya no se representa al otro como fuerza subyugadora, sino como aliento, compromiso y cotidianidad. el amor no es prisión, sino libertad mutuamente alcanzada en el horizonte compartido, en las causas por ambos buscadas.

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

Tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

Y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

Te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

Si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Me gusta cuando callas (Poema XV)

Pablo Neruda (1904-1973)
Chile

El amante gusta de contemplar al objeto de su amor. Así, en el silencio, observa, detalla, desgrana, evoca las fantasías del tiempo, abunda en los significados del misterio que yace bajo sus ojos. Pero cuando el objeto amado habla, irrumpe la alegría del encuentro renovado.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

El primer beso

Amado Nervo (1870-1919)
México

La alegría del primer beso se vuelve absoluta en el amante, que perturba el mundo alrededor, cansado y fatigado, con la noticia de quien ha descubierto una fórmula maravillosa, salvadora.

Yo ya me despedía.... y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí... Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

Dos palabras

Alfonsina Storni (1892-1938)
Argentina

Hay palabras cansadas de tanto decirse en el aire. El discurso amoroso se tiñe, con frecuencia, de lugares comunes. Pero hay un rito, una cierta forma de mirar, un cierto tono en los labios, que son prueba manifiesta del sentido revivido de esas dos palabras: "te amo".

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento

Moverme para echarla.
Tan dulces dos palabras
¿Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas

Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.

Me tienes en tus manos

Jaime Sabines (1926-1999)
México

El amor ha dado un paso adelante. No es el hechizo del primer encuentro. Es la alianza surgida del conocimiento mutuo, profundo. El amante se sabe descubierto en su esencia por el ser amado. Nada puede esconderle. El ser amado es presencia, intimidad, redención.

Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

El amor corpóreo

los amantes
Eduardo Kingman: Los amantes.

El amor se consuma entre dos: se hace carne, al menos por un instante. El tacto, el erotismo, la sensualidad y la sexualidad, son también expresión simbólica de la unión de dos almas, cuando su experiencia es respuesta al imaginario amoroso. Los poetas, seducidos, nos seducen...

El naufragio

Eugenio Montejo (1938-2008)
Venezuela

Para el amante, la consumación amorosa parece como un océano en el que, felizmente, naufragan los cuerpos. Una unidad bramante, un cuerpo nuevo, una muerte vital.

El naufragio de un cuerpo en otro cuerpo
cuando en su noche, de pronto, se va a pique…
Las burbujas que suben desde el fondo
hasta el bordado pliegue de las sábanas.

Negros abrazos y gritos en la sombra
para morir uno en el otro,
hasta borrarse dentro de lo oscuro
sin que el rencor se adueñe de esta muerte.

Los enlazados cuerpos que zozobran
bajo una misma tormenta solitaria,
la lucha contra el tiempo ya sin tiempo,
palpando lo infinito aquí tan cerca,
el deseo que devora con sus fauces,
la luna que consuela y ya no basta.

El naufragio final contra la noche,
sin más allá del agua, sino el agua,
sin otro paraíso ni otro infierno
que el fugaz epitafio de la espuma
y la carne que muere en otra carne.

Ese beso

Claribel Alegría (1924-2018)
Nicaragua-Salvador

El cuerpo no es solo cuerpo. Es símbolo, alianza, llave. El alma amante ve en el beso la puerta a un abismo inadvertido...

Ese beso de ayer
me abrió la puerta
y todos los recuerdos
que yo creí fantasmas
se levantaron tercos
a morderme.

Historias de amor y humor

Rufino Tamayo: El fisgón.
Rufino Tamayo: El fisgón.

Buscando el amor, hay quien equivoca el camino, sobre todo, quien busca el amor en las apariencias. Son muchas las historias de ilusiones amorosas que, rápidamente, encuentran su final y se convierten tan solo en historias divertidas. Esta se la dedicamos a los que, por atrevidos, se hallan atrapados en molestos menesteres.

Apuros de un atacón

Aquiles Nazoa (1920-1976)
Venezuela

Contando - ya voy por cien -
para quedarme dormido,
hambriento, solo, aburrido,
vengo de Cagua en tren.

Paramos junto al andén
de una pequeña estación,
y allí sube un hembrón
de tan espléndido empaque,
que, iniciado el plan de ataque,
le busco conversación.

No me tengo que esforzar
para “buscarle pelea”,
pues ella también desea,
por lo visto, conversar.

La coge, para empezar,
por el tema del calor,
y a falta de algo mejor
con que seguir adelante,
se pega a hablar de un cantante
que es de mi mismo color.

Tratando de contener
aquel torrente espantoso
que por estar de gracioso
yo mismo he puesto a correr,

le ofrezco: - ¿Quiere leer?
Y ella, alarmada: - ¡Que horror!
Si usted supiera, señor,
a mí, libro no me pasa…
Y eso que tengo en mi casa
“Los Tintanes del Amor”.

Y empieza el cuento sin fin
en torno a cierta historieta
que su hermanita Enriqueta
se está leyendo en “Pepín”.

Para ponerse carmín
apaga un poco el motor;
pero con furia mayor
vuelve a la carga al instante
¡de nuevo con el cantante
que es de mi mismo color!

Ya tengo la sensación
de que, prendida en la oreja,
lo mismo que una cangreja
llevo a la dama en cuestión.

¡Oh lector, por compasión,
moviliza tu saber
y dime qué debo hacer
contra su implacable charla!
Sin tener que asesinarla,
¿cómo callo a esta mujer?




Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, licenciada en Artes, mención Promoción Cultural (2000), con maestría en Literatura Comparada (2005), por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.