Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer


Marián Ortiz
Marián Ortiz
Especialista en Medios Audiovisuales

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), poeta sevillano, fue uno de los máximos representantes del posromanticismo en España.

En su creación poética destacan temas como la poesía, el amor, el desengaño, la soledad y la muerte.

Conozcamos algunos de los mejores poemas de Bécquer a través de esta selección de 16 rimas incluidas en Rimas y Leyendas, la obra más universal del autor.

Imagen de Gustavo Adolfo Bécquer

1. Rima I

¿Qué es la poesía? ¿Qué significado tiene para el poeta? ¿Está el lenguaje a la altura de los sentimientos o es limitado para ellos?

Indefectiblemente, para un poeta, no es fácil expresar lo que siente a través del lenguaje. Sin embargo, este conflicto puede superarse si este es correspondido por su amada.

Esta es la primera rima que comprende el poemario de Bécquer y, de algún modo, sirve como presentación temática de lo que viene. Está formada por doce versos, distribuidos en tres estrofas, de cuatro versos cada una.

Yo sé de un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
carencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es escuchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa!
Si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, contártelo a solas.

2. Rima IV

El tema de la poesía es recurrente en las primeras rimas de Bécquer, este es otro ejemplo de ello, el cual supone una exaltación del género. Al final de casi todas las estrofas, el poeta sentencia con la afirmación: habrá poesía. ¿Es acaso la poesía una parte de la condición humana?

La poesía está en la naturaleza, en los enigmas científicos, en los conflictos del hombre consigo mismo y en el amor.

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas;
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista;

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías;
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras en la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista;

mientras la humanidad, siempre avanzando
no sepa a do camina;
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras sintamos que se alegra el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanza y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!

3. Rima VII

¿En qué momento surge la inspiración de un artista? Para Bécquer la iluminación de un genio se encuentra siempre latente, está en su alma. Entonces, ¿qué es necesario para que esta brote? Un pequeño estímulo.

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!- pensé-. ¡Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: Levántate y anda!

4. Rima VIII

Esta rima comparte temática con las anteriores. La poesía es el asunto central y, concretamente, el espíritu poético, entendido este como un don etéreo. De nuevo, el lenguaje limita al poeta a la hora de expresar sus sentimientos a través del mismo.

Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con una niebla dorada
en átomos leves
cual ella deshecho.

Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar, como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a do brillan
subir en un vuelo
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo
ni aun sé lo que creo;
¡sin embargo, estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro!...

5. Rima XVII

A través de este poema de amor el autor refleja el motivo de su felicidad presente. De nuevo, su amada es el motivo de su dicha. Y, concretamente, la razón es un intercambio de miradas con la misma. Para describir sus sentimientos el autor introduce elementos de la naturaleza.

Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto…; la he visto y me ha mirado…
¡Hoy creo en Dios!

6. Rima XX

Cuatro versos de arte mayor, comprendidos en una sola estrofa, son suficientes para que el autor describa a su amada. Desde sus rasgos externos más llamativos hasta su interior, su alma, la cual se descubre con solo una mirada.

Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.

7. Rima XXI

Se trata de uno de los poemas más reconocidos del autor. El tema del amor emerge en la obra poética de Bécquer y se hace evidente en rimas como esta. El poeta lanza una pregunta retórica y se cuestiona qué es poesía.

¿Es su amada el destinatario lírico al que Bécquer compara con su medio de expresión más sagrado en estos versos?

¿Qué es poesía?- dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul-.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

8. Rima XXIII

Este es otro de los poemas de temática amorosa más famosos del autor. Con un tono más pasional y mediante un lenguaje sencillo y emotivo, Bécquer describe, en esta breve rima de cuatro versos octosílabos, sus sentimientos más puros y sinceros hacia su amada, por la cual sería capaz de hacer cualquier cosa.

Por una mirada, un mundo;
Por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡yo no sé
qué te diera por un beso!

9. Rima XXX

El amor desengañado y el fracaso amoroso, también forman parte de los temas del poemario de Bécquer. Esta rima es un ejemplo de ello. En este caso, se intuye la ruptura amorosa entre dos amantes. Una separación que no se puede evitar y que es consecuencia del orgullo de los sujetos.

Por un lado, en la primera estrofa se puede adivinar el momento de la despedida y, por otro lado, en la segunda, las consecuencias posteriores a la misma, el lamento y arrepentimiento. Una situación que parece no tener vuelta atrás.

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó en su llanto
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?

10. Rima XXXVIII

¿Qué ocurre cuando el amor se acaba? Esta es otra de las rimas más conocidas de Bécquer. El desamor es el gran protagonista de esta estrofa.

El autor se lamenta por un amor no correspondido. La frustración y la impotencia del yo poético se adivinan cuando este resuelve que, una vez que el amor “se olvida” (muere), ya no hay vuelta atrás. Al igual que ocurre con los suspiros y las lágrimas perdidas en la inmensidad del aire y del mar, el amor, de alguna manera, también se extingue.

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

11. Rima XLI

Al igual que en las dos rimas anteriores, en esta el desamor vuelve a ser el tema principal. El poeta pone de manifiesto las causas por las que la relación amorosa, con la amada a la que en estos versos se refiere, no pudo ser. El uso de metáforas deja adivinar el carácter opuesto entre ambos y, una vez más, el orgullo conduce al desencuentro entre los amantes.

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o abatirme!
¡No puedo ser!

Tú eras el Océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén
¡tenías que romperte o que arrancarme!…
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No pudo ser!

12. Rima XLIX

¿Es el rostro una máscara del alma? ¿Es un escudo para tapar lo que de verdad se siente? Este podría ser el mensaje que se puede captar en estos versos. Un reencuentro entre dos amantes que aún no han superado una ruptura pero que, sin embargo, tratan de enmascarar la realidad dibujando una falsa línea en sus rostros.

Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí;
y pasa sonriéndose, y yo digo:
¿Cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa
máscara del dolor,
y entonces pienso: -¡Acaso ella se ríe
como me río yo!

13. Rima LIII

A medida que avanza el poemario, el autor nos descubre que el resultado del desamor son la soledad y el fracaso.

Esta es una de las rimas más conocidas del poeta sevillano donde, una vez más, alude a la fugacidad del tiempo. Aquello que se esfuma ya no regresará jamás. Entonces, ante la brevedad de las circunstancias, lo único que nos queda es: vivir el momento.

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...
esas...¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...desengáñate,
¡así no te querrán!

14. Rima LX

La soledad inunda al poeta, quien siente que su vida, comparada con un erial, no se puede “cultivar”. Sin embargo, existe un ente externo, quizá el desamor, que lo conduce continuamente a la desdicha.

Mi vida es un erial:
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal,
alguien va sembrando el mal
para que yo lo recoja.

15. Rima LXVI

De dónde vengo y adónde voy son las dos cuestiones existenciales que sirven al yo poético como eje central de este poema. La vida es vista como un camino lleno de penurias. El autor parte de la desgracia, la cual lo conduce, indefectiblemente, a su destino fatal : el olvido.

¿De dónde vengo?... el más horrible y áspero
de los senderos busca:
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;
los despojos de un alma hecha jirones
en las zarzas agudas
te dirán el camino
que conduce a mi cuna.

¿Adónde voy? El más sombrío y triste
de los páramos cruza;
valle de eternas nieves y de eternas
melancólicas brumas.
En donde esté una piedra solitaria
sin inscripción alguna,
donde habite el olvido,
allí estará mi tumba.

16. Rima LXIX

Este poema supone una reflexión sobre la vida y la muerte. El autor alude, en los primeros versos, a la fugacidad de la vida, mientras se intenta perseguir un amor o se busca alcanzar la felicidad (la gloria). Al final, el autor da a entender que morir también forma parte de la vida al sentenciar que “despertar es morir”.

Al brillar un relámpago nacemos
y aun dura su fulgor cuando morimos:
¡tan corto es vivir!

La gloria y el amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos:
¡despertar es morir!

Marián Ortiz
Marián Ortiz
Graduada en Comunicación Audiovisual (2016) por la Universidad de Granada, con máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual (2017) de la Universidad de Sevilla.