Película La sociedad de los poetas muertos


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

La sociedad de los poetas muertos, llamada también El club de los poetas muertos (Dead Poets Society), es un filme de 1989 dirigido por Peter Weir que se ha convertido en una película de culto.

El guion está inspirado en un profesor de literatura llamado Samuel Pickering, quien le dio clases al guionista Tom Schulman cuando estudiaba en la academia Montgomery Bell de Tennessee. Fue a partir de él que Schulman concibió al personaje del profesor Keating, interpretado por Robin Williams.

Resumen

La sociedad de los poetas muertos

La historia comienza en 1959 con el acto de bienvenida del nuevo año escolar en la academia Welton, momento en que es introducido el profesor de literatura John Keating, ex-alumno de la escuela. El lema de la escuela privada, declarado en el acto, es: "tradición, honor, disciplina y excelencia".

Rompiendo con la tradición, en su primera clase, el profesor Keating lleva a los jóvenes al salón que resguarda las memorias de la historia escolar. Mientras contemplan las fotografías de sus predecesores, Keating susurra: “Carpe Diem”, que quiere decir “Aprovecha el día”. Así, inicia un camino educativo que pretende inspirar a los chicos.

Keating sustituirá el acercamiento teórico a la poesía por un método basado en la lectura poética y la libertad de pensamiento. Para ello, usará algunos símbolos: obligará a los jóvenes a destruir el estudio introductorio del libro de la cátedra; los hará llamarle “¡Oh, capitán, mi capitán!” en lugar de profesor, en referencia a un poema de Walt Withman; los hará subirse al escritorio para ver desde un ángulo diferente; los hará relacionar el deporte con la poética y los hará escribir su propia poesía.

La fundación del club

La sociedad de los poetas muertos

Algunos jóvenes descubren que Keating había formado un club llamado “la sociedad de los poetas muertos” cuando era estudiante. Inquietos por la idea de vivir intensamente, reanudan la sociedad.

Estos jóvenes tienen en común el hecho de que sus familias han planeado su futuro por ellos y buscan apropiarse de su vida nuevamente. Cada uno carga también sus cruces personales.

Neil Perry sufre la coacción de un padre autoritario y controlador; Todd Anderson manifiesta una introversión casi patológica; Charles Dalton es un joven irreverente atrapado por el prestigio de su millonaria familia; Richard Cameron es disciplinado y aburrido; Knox Overstreet ha descubierto el amor pero no sabe cómo conquistarlo, mientras que los curiosos y aplicados Gerard Pitts y Steven Meeks construyen un radio para poder escuchar música.

El clímax

La sociedad de los poetas muertos

En la medida en que los jóvenes se atreven a pensar por sí mismos, descubren sus talentos e intereses. Es así como Neil encuentra su vocación para la actuación y se incorpora al grupo de teatro sin consentimiento de su padre, quien, al descubrirlo, se lo prohíbe severamente.

Knox hallará el valor para ir tras la chica que le gusta. El joven Todd logrará abrirse por primera vez en el aula, aunque seguirá siendo tímido. Finalmente, Charly encontrará en el club un espacio para ser él mismo, adoptando el nombre del rebelde “Nuwanda”.

A fin de ser expulsado, “Nuwanda” publica en el boletín escolar una petición para aceptar mujeres en Welton a nombre del club, pero ninguna de sus miembros tenía conocimiento del asunto.

El director Nolan castiga a Charles del modo "tradicional" (con palmatorias) para obligarle a confesar el nombre de los miembros del grupo, pero este asume toda la responsabilidad. Aun así, el mal está hecho: Nolan ha percibido al club como una amenaza e irá tras quien lo haya inspirado. Al enterarse de lo ocurrido, Keating le hace ver a “Nuwanda” que ha tergiversado el sentido de su enseñanza.

El desenlace

La sociedad de los poetas muertos

Keating le aconseja a Neil llegar a un acuerdo con su padre antes de la obra. Atemorizado, el joven decide ir a la función a escondidas y hace creer a todos que el Sr. Perry ha cambiado de opinión. Al descubrirlo, el Sr. Perry decide transferirlo a la escuela militar, donde permanecería diez años. Creyéndose sin escapatoria, el joven se suicida.

La muerte de Neil causa gran impacto emocional en Todd, su compañero de habitación. Asimismo, desata una "cacería de brujas" en Welton para evitar el desprestigio de la academia. El chivo expiatorio será el profesor Keating, quien ya estaba en la mira de Nolan debido a sus métodos. Los jóvenes son obligados a declarar en contra de Keating, so pena de expulsión. Todos firmarán menos Charles, el único expulsado.

Antes de dejar la escuela, Keating buscará unos libros en el aula, ahora a cargo de Nolan. Todd se levanta ante todos para explicarle que fue obligado a firmar y, en un acto de valor inesperado, se para sobre su escritorio y se despide de Keating diciendo: “¡Oh, capitán, mi capitán!”. Inspirados por el valor que ha conquistado el tímido Todd, sus compañeros se suman al reconocimiento.

Análisis

La sociedad de los poetas muertos fue una película muy aclamada en su momento. Sin embargo, las posiciones ante ella son realmente polémicas. Mientras que algunos hacen de esta una película de culto, para ciertos críticos no es más que un melodrama bien dirigido y muy bien representado por sus actores.

El tema

La sociedad de los poetas muertos

El conflicto gira en torno a la expectativa social, motor y justificación de los modelos educativos tradicionales y el autoritarismo familiar. En esta expectativa social juega un peso determinante las ideas implícitas de éxito y fracaso, muy arraigadas en la mentalidad de una sociedad masificada, capitalista y pujante, como la de los años 50 en los Estados Unidos. Todavía por entonces, el éxito, aunque económico, se relacionaba con el conocimiento adquirido.

Para comunicar visualmente estas ideas, el director Peter Weir acude a encuadres y ángulos de cámara que expresan el sistema jerárquico. En las clases de los profesores tradicionales, estos protagonizan el cuadro. Cuando los estudiantes son incluidos, se hace desde la perspectiva del profesor y se acentúan ángulos picados o contrapicados con este siempre en el vértice superior. Cosa distinta ocurrirá en las escenas con Keating, en las que este y sus alumnos participan de la misma jerarquía visual. Será él quien convierta a los jóvenes en los protagonistas de las escenas.

El profesor Keating y la literatura

La sociedad de los poetas muertos

En un ambiente académico dominado por la tradición y la disciplina, no será difícil para el profesor Keating encender la pasión en los corazones de los jóvenes que viven a la merced de los planes paternos.

El argumento se construye en torno a la máxima horaciana “Carpe diem”, que quiere decir “Aprovecha el día”. También acudirá al norteamericano Walt Whitman, convirtiendo su poema a Lincoln "¡Oh, capitán, mi capitán!" en un modo de señalarse a sí mismo como líder de aquellas almas.

El programa de Keating es, claramente, un programa romántico. Las bellas letras se representan como instrumento liberador de la conciencia y, en cierto modo, el personaje reivindica su carácter subversivo, incómodo, domesticado por medio de la crítica academicista.

El estudio introductorio del libro que Keating hace destruir, no es más que el símbolo del racionalismo analítico que minimiza el propósito para el cual los poemas fueron concebidos: para conmover.

La sociedad de los poetas muertos

El profesor Keating no representa solo el valor para expresar el juicio propio. Él representa realmente la recuperación del placer de vivir por medio de la experiencia estética y del conocimiento. Por ello, la literatura está en el centro de la pasión. En realidad, estos jóvenes han sido sustraídos del placer de vivir y, por qué no, de estudiar, de conocer y de aprender.

A ciencia cierta no podemos decir que Keating cuestione la autoridad paterna o el valor de la educación. Parece más bien que Keating quiere animar a los jóvenes a comprender que el trabajo es solo una parte de la vida y que, por medio de la poesía y las artes, pueden recuperar la belleza de vivir, que es para lo que se trabaja. Parece también que quiere transmitirles el afecto por el conocimiento como experiencia y no como mera herramienta.

A Keating le preocupa que los jóvenes no comprendan lo que la literatura tiene que ver con ellos, le preocupa el pragmatismo técnico, le preocupa la sustracción de la belleza. En realidad, parece que Keating le habla más a la generación de finales de los ochenta y principio de los noventa, una época en que las humanidades comienzan a ser vistas como un aditamento inútil de la educación, una oda a lo utilitario.

Carpe diem y la banalización del sentido

La sociedad de los poetas muertos

Cuando "Nuwanda" reta a la academia con su "travesura", cargada de consecuencias inimaginables para todos, Keating lo reprende. Este episodio es muy importante para comprender que guionista y director no pretenden hacer una celebración de la estupidez.

Vivir plenamente no es para el personaje Keating nada parecido al placer sin significado, o a la diversión irresponsable. Por el contrario, de alguna forma queda implícito que la experiencia de vivir intensamente supone también hacerse cargo de la propia responsabilidad. Se trata, pues, de valorar las pequeñas cosas, de reconocer en ellas la belleza, y de no olvidar que es ese el propósito de la vida: apreciar, valorar, aprovechar el día, carpe diem.

¿Quién tiene la culpa?

La sociedad de los poetas muertos

Al comprender que Keating es, en el fondo, moderado en sus críticas aunque vanguardista en sus métodos, el desenlace de la historia de Neil Perry parece muy extremo. También parece extremo a la luz de las pretensiones de personajes como el Señor Perry, un hombre de clase media cuyo propósito es darle ventaja a su hijo en la repartición del poder social y económico.

Algunos críticos ha señalado en ello uno de los puntos débiles del filme, aunque el acto simbólico del suicidio de Neil es el que genera la fuerza emotiva del filme. Después de todo, ¿no es la pérdida de la libertad una muerte simbólica?

Sin embargo, y he allí la cuestión, la decisión de Neil no es una proclama de libertad. Por el contrario, Neil se entrega a las fauces del sistema, abdica de su derecho a la rebeldía, desconoce la fuerza de lo aprendido y se victimiza como un cautivo condenado al patíbulo.

Hallar la voz interior: Todd Anderson

El verdadero eje del relato será el tímido y silencioso Todd Anderson. Es en él donde realmente se cumplen los procesos creativos y creadores que ha inspirado el maestro y la literatura. Este sí será el verdadero personaje que se transforma.

Los recorridos figurativos en torno a su personaje son de una gran significación. Además, desde el punto de vista discursivo en él quien justifica y salva al personaje de Keating.

Todd es un arquetipo de adolescente obediente y disciplinado, aparentemente imperturbable. Ante jóvenes así, los jueces cotidianos dictarían sentencias tan ridículas como "es un alma vieja en cuerpo de joven". No es cierto: él es apenas un joven cautivo del miedo, pero esta forma de ser joven normalmente no es referida cuando las personas hablan de la adolescencia.

Si él es lo opuesto a un adolescente rebelde y conflictivo, es porque vive en estado de pánico. El control excesivo y el desamor al que ha sido sometido le hace creer que todo lo que le habita es indigno de ser mostrado, avergonzante o carente de interés. Todd ha sido reprimido y apagado mediante formas de violencia pasivo-agresivas, que vemos claramente simbolizadas en el regalo que recibe en su cumpleaños, por segunda vez.

La sociedad de los poetas muertos

Su miedo es tan intenso que Todd es incapaz de soltar un alarido cuando el maestro Keating se lo pide en el aula. Pero después de todo el proceso que logra experimentar en Welton, será la muerte de Niel lo que libere el grito del dolor que yace en su corazón. Perder a la vez a Niel, su mejor amigo, y a Keating, el único profesor que estaba dispuesto a trabajar en él, significó para Todd un punto de no retorno.

Inspirado por Keating y conmovido por Neil, Todd asume responsabilidad ante su propia persona y se convierte en ejemplo y "maestro" para sus compañeros que lo imitan. De esa forma, gana su propia autoridad y libertad de pensamiento, tal como su maestro le enseñara.

La sociedad de los poetas muertos

La sociedad de los poetas muertos

Si los otros personajes encontraron en el discurso de profesor Keating una excusa para seguir siendo como eran o para darle sentido a esa identidad, lo que hace Todd es un viaje interior en el que se encontrará para finalmente salir de sí mismo. En este viaje, encontrará la voz poética y creadora, descubrirá la belleza que le habita, el placer de conocerse y mostrarse a otros y la voz para proclamar la verdad con parresía.

Salir de sí mismo... ¿No es ese, acaso, el papel del arte y la literatura en nuestra vida? ¿No fue la palabra el verdadero personaje tácito que impulsó todos los cambios en el filme? ¿No es acaso la palabra una "relación" humanizadora y liberadora?

Poemas citados en La sociedad de los poetas muertos

La sociedad de los poetas muertos

Carpe Diem

No indagues, Leucónoe (no es lícito saberlo),
qué fin reservan los dioses a tu vida y la mía,
ni combines los números mágicos. Mejor será que te resignes
a los decretos del hado, sea que Júpiter te conceda vivir muchos años,
sea éste el último en que ves romperse las olas del
Tirreno contra los escollos opuestos a su furor.
Sé prudente, bebe buen vino y reduce las largas esperanzas
al espacio breve de la existencia. Mientras hablamos,
huye la hora envidiada. Aprovecha el día, no confíes en el mañana.

Horacio (Venosa, 65 a.C. - Roma, 8 a.C.)

Vea también Significado de la frase Carpe Diem de Horacio.

¡Oh, capitán, mi capitán!

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Nuestro espantoso viaje ha terminado,
La nave ha salvado todos los escollos, hemos ganado el anhelado premio,
Próximo está el puerto, ya oigo las campanas y el pueblo entero que te aclama,
Siguiendo con sus miradas la poderosa nave, la audaz y soberbia nave;
Más ¡ay! ¡oh corazón! ¡mi corazón! ¡mi corazón!
No ves las rojas gotas que caen lentamente,
Allí, en el puente, donde mi capitán
Yace extendido, helado y muerto.

¡Oh capitán! ¡Mi capitán! Levántate para escuchar las campanas.
Levántate. Es por ti que izan las banderas. Es por ti que suenan los clarines.
Son para ti estos búcaros, y esas coronas adonardas.
Es por ti que en las playas hormiguean las multitudes,
Es hacia ti que se alzan sus clamores, que vuelven sus almas y sus rostros ardientes.
¡Ven capitán! ¡Querido padre!
¡Deja pasar mi brazo bajo tu cabeza!
Debe ser sin duda un sueño que yazgas sobre el puente.
Extendido, helado y muerto.

Mi capitán no contesta, sus labios siguen pálidos e inmóviles,
Mi padre no siente el calor de mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
La nave, sana y salva, ha arrojado el ancla, su travesía ha concluido.
¡La vencedora nave entra en el puerto, de vuelta de su espantoso viaje!
¡Oh playas, alegraos! ¡Sonad, campanas!
Mientras yo con dolorosos pasos
Recorro el puente donde mi capitán
Yace extendido, helado y muerto.

Walt Whitman, (EE.UU. 1819-1892)

Me interné en los bosques

Me interné en los bosques porque quería vivir intensamente;
quería sacarle el jugo a la vida.
Desterrar todo lo que no fuese vida, para así,
no descubrir en el instante de mi muerte que no había vivido.

Henry David Thoreau (EE.UU., 1817-1862)

A las vírgenes, para que aprovechen el tiempo

Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.

La gloriosa lámpara celeste, el sol,
cuanto más alto ascienda
antes llegará a su camino
y más cerca estará del ocaso.

Los primeros años son los mejores,
cuando la juventud y la sangre están más calientes;
pero consumidas, la peor, y peores tiempos
siempre sucenden a los anteriores.

Así que no seáis tímidas, aprovechad el tiempo
y mientras podáis, casaos:
pues una vez que hayáis pasado la flor de la vida
puede que esperéis para siempre.

Robert Herrick (Inglaterra, 1591-1674)

No dejes que pase el día

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer
de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,
la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.
La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.

«Emito mis alaridos por los techos de este mundo»,
dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros «poetas muertos»,
te ayudan a caminar por la vida.

La sociedad de hoy somos nosotros:
Los «poetas vivos».
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas.

Apócrifo

Sobre Peter Weir

Peter Weir es un director y guionista de cine nacido en 1944 en Australia. Estudió Arte y Derecho en la Universidad de Sydney. A partir del año 1967 decide entrar al mundo de la televisión. A partir de este episodio, comenzó a ganar experiencia como director cinematográfico. Algunas de sus películas más conocidas son: Picnic at Hanging Rock (1975); Witness (1985); The Truman Show (1998), La sociedad de los poetas muertos (1989) y The Way Back (2010).

Ficha técnica

  • Nombre original: Dead Poets Society.
  • Director: Peter Weir.
  • Guion: Tom Schulman.
  • Música: Maurice Jarre.
  • Fotografía: John Seale.
  • Año de lanzamiento: 1989.
  • Reparto: Robin Williams, Robert Sean Leonard, Ethan Hawke, Josh Charles, Dylan Kussman, Gale Hansen, James Waterston, Allelon Ruggiero, Norman Lloyd, Kurtwood Smith, Melora Walters, Welker White, John Cunningham, Debra Mooney, Lara Flynn Boyle.

Premios

  • 1990: César: Mejor película extranjera
  • 1989: Oscar: Guión original.
  • 1989: BAFTA: Película, Banda sonora.
  • 1989: David di Donatello: Film extranjero.

Tráiler y comentarios sobre la película

Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, licenciada en Artes, mención Promoción Cultural (2000), con maestría en Literatura Comparada (2005), por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.