Generación del 27


Marián Ortiz
Marián Ortiz
Especialista en Medios Audiovisuales

Se denomina Generación del 27 a un grupo de poetas y escritores españoles que comenzaron a brillar dentro del panorama literario a partir de 1920.

La denominación se asignó a partir del homenaje que algunos de sus miembros rindieron a Luis de Góngora en Sevilla para el tercer centenario de su muerte en diciembre de 1927.

Este grupo de poetas fue capaz de asimilar la tradición literaria e integrarla con los movimientos de vanguardia vigentes en aquella época. Pese a sus diferencias literarias, estos poetas mostraban inquietudes y gustos estéticos afines, también tenían una estrecha relación de amistad.

Los autores que tradicionalmente se asocian a esta generación son: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Rafael Alberti, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre. Aunque el grupo puede ser más extenso.

Autores de la Generación del 27 en el tricentenario de la muerte de Góngora
Integrantes de la Generació del 27 en el homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla.

La Generación del 27 surge en un contexto de continuos cambios sociales y políticos. En pocos años se dieron acontecimientos muy dispares en el país.

Primero, la dictadura de Primo de Rivera, entre 1923 y 1930. Seguidamente, la instauración de la Segunda República Española en 1931. Por último, el estallido de la Guerra Civil Española en 1936, que supuso el deceso y exilio de algunos escritores de esta generación.

Veamos, a continuación, las particularidades de la obra poética de cada uno de los autores. Así como las características de uno de los grupos de poetas más importantes de la literatura española del siglo XX.

Principales autores de la Generación del 27

Pedro Salinas (1892-1951)

El escritor y poeta madrileño fue el más longevo de la generación del 27. Popularmente conocido como “el poeta del amor”, en su producción poética se pueden diferenciar tres etapas.

En la primera etapa (1923-1932), Salinas encuentra una gran inspiración en Juan Ramón Jiménez y la poesía pura, la cual aúna con el vanguardismo. De este periodo destacan obras como Presagios (1923), Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931).

Con obras como La voz a ti debida (1934), Razón de amor (1936) y Largo lamento (1939) Salinas inicia su segunda etapa (1931-1939), donde profundiza en experiencias amorosas.

Para el poeta, el amor es lo que da sentido al mundo:

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos,
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.

La tercera etapa (1939-1951) está marcada por el exilio del poeta. En ella destacan: El contemplado (1946), Todo más claro (1946) y Confianza (1955). Es un período donde predomina el compromiso del autor con la realidad y refleja su descontento en poemas como Cero, de Todo más claro, sobre la amenaza de la bomba atómica.

Jorge Guillén (1893-1984)

Este escritor de Valladolid compaginó su carrera como profesor con su obra poética, Clamor, Final y Cántico (1928), su ejemplar más destacado que cuenta con cuatro versiones.

En su trabajo se pueden distinguir dos etapas. Por un lado, la primera etapa, antes de la guerra Guillén mantiene, a diferencia del resto de autores de esta generación, una visión optimista de la vida y del mundo. Toda su obra se recoge en Cántico (1928), que cuenta con ediciones posteriores.

En su segundo periodo, tras la guerra, Guillén desde el exilio cambia su forma de ver el mundo. Pasa a tener una visión menos optimista para dar testimonio al dolor y las injusticias. Destaca la obra Clamor publicada en tres partes: Maremagnum (1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias (1963).

En este fragmento del poema llamado Historia extraordinaria que escribió sobre el bombardeo de Rotterdam durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los más representativo de esta etapa:

Y bajo los diluvios demoníacos,
Reiterada la furia
Con método,
Fue conseguida —casi—
La destrucción total.
Y cayeron minutos, meses, años.
Y no credo entre ruinas
El amarillo jaramago solo,
Amarillo de tiempo,
De un tiempo hueco a solas.
Se elevaron los días, las semanas.
Y vertical, novel,
Surgid el nombre de siempre.
Ya Rotterdam es Rotterdam.
¡Salud!

(...)

Gerardo Diego (1896-1987)

Gerardo Diego fue poeta y profesor originario de Santander con una vasta obra poética, la cual es difícil clasificar por etapas.

En cambio, se puede destacar que en su obra coexisten dos tendencias. Por un lado, la vanguardista, que integra el ultraísmo y el creacionismo, donde destacan Imagen (1922) y Manual de espumas (1924). El autor expresó así su concepto de poesía cracionista: “Creer lo que no vimos dicen es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía”. Vemos aquí un poema puramente creacionista de su poemario Imagen:

Poema Columpio de Gerardo Diego

Por otro lado, la de tipo tradicional, en la que destaca la métrica clasicista como el romance, la décima o el soneto. De esta tendencia destacan títulos como Soria (1923), Versos humanos (1925) y Alondra de verdad (1941).

Asimismo, su obra destaca por la variedad temática: paisaje, religión, tauromaquia, la música. Apenas alude a temas sociales o políticos, salvo en su obra Odas morales (1966).

Dámaso Alonso (1898-1990)

Profesor, investigador, crítico y poeta madrileño cuya obra poética presenta dos etapas. La primera etapa, destacada por poesía pura y tiene como influencias a Machado y Juan Ramón Jiménez. De este periodo predomina su obra Poemas puros, poemillas de la ciudad (1924). De la cual sobresalen sonetos como este, con el que prescinde de ornamentos y se aferra a la sencillez :

¿Cómo era?
La puerta, franca.
Vino queda y suave.
Ni materia ni espíritu. Traía
y una luz matinal del claro día.
No era de ritmo, no era de armonía
ni de color. El corazón la sabe,
pero decir cómo era no podría
Porque no es forma, ni en la forma cabe.
Lengua, barro mortal, cincel inepto,
deja la flor intacta del concepto
en esta clara noche de mi boda.
Y canta mansamente, humildemente,
la sensación, la sombra, el accidente,
mientras Ella me llena el alma toda.

La segunda etapa, influida por el contexto social de posguerra, destaca por una de sus obras más importantes e influyentes Hijos de la ira (1944). Aunque este poemario, de toques bíblicos y existencialistas, se podría decir que forma parte de lo que el propio Dámaso Alonso definió como poesía desarraigada, en la que también se incluye como poeta.

Federico García Lorca (1898-1936)

Poeta y dramaturgo granadino, Federico García Lorca es uno de los mayores exponentes de esta generación. Fue uno de los poetas y escritores españoles más notables del siglo XX. En su obra poética destacan dos etapas:
En primera etapa predomina la mezcla de lo tradicional y popular, donde están presente las influencias de Juan Ramón Jiménez, Rubén Darío o Góngora. Es evidente en esta etapa la visión trágica del amor y la muerte, también su inclinación hacia grupos marginados, para transmitir la injusticia y frustración. En esta etapa destacan: Canciones (1927) y Romancero Gitano (1928).

En la segunda etapa rompe con lo tradicional para embarcarse en el surrealismo, aunque mantiene su solidaridad hacia los marginados, bien sean raciales o sexuales.

De este periodo destaca Poeta en Nueva York (1940), su obra más universal, originada por una profunda crisis personal. De ella destaca el uso del verso libre, elaboradas metáforas, imágenes y rimas que, en realidad, utiliza para aludir a un paisaje urbano lleno de contradicciones que aprisiona al ser humano.

Esto puede apreciarse en este fragmento de este poema surrealista titulado La Aurora:

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre aristas
nardos de angustia dibujada (...)

Vicente Aleixandre (1898-1984)

Vicente Aleixandre, originario de Sevilla, fue un poeta ganador del Premio Nobel en 1977. Para Aleixandre “la poesía no es cuestión de fealdad o hermosura, sino de madurez o comunicación”. De su obra poética se pueden distinguir tres etapas.

La primera etapa destaca por el pesimismo, con una concepción penosa del hombre, cuyo deseo es volver a la tierra y fundirse con la naturaleza. El hombre es dolor y angustia.

Destacan obras como Pasión de la tierra (1935), con poemas en prosa en el que se acerca al surrealismo, Espadas como labios (1932) y La destrucción o el amor (1934), cuyo tema principal es el amor que conduce al dolor o a la muerte.

Esto queda reflejado en poemas como Después del amor:

Tendida tú aquí, en la penumbra del cuarto,
como el silencio que queda después del amor,
yo asciendo levemente desde el fondo de mi reposo
hasta tus bordes, tenues, apagados, que dulces existen.
Y con mi mano repaso las lindes delicadas de tu vivir
retraído (...)

En el segundo período Aleixandre abandona la corriente surrealista. Con su obra Historia del corazón (1954), la Naturaleza deja de ser protagonista del poema, ahora es el hombre. También deja atrás el pesimismo de la etapa anterior.

A la tercera etapa corresponden obras como Poemas de la consumación (1968) y Diálogos del conocimiento (1974), donde el poeta explora la vejez desde la melancolía. En este periodo reflexiona sobre la condición humana.

Emilio Prados (1899-1962)

Emilio Prados fue un poeta malagueño con una copiosa producción poética, la cual puede dividirse en tres etapas.

En la primera etapa se encuentran libros como Tiempo (1925), Canciones del farero (1926), Vuelta (1927), Misterio del agua (1927) y Cuerpo perseguido (1928), los cuales destacan por la influencia de Juan Ramón Jiménez y el neopopularismo andaluz. En este primer periodo destaca su postura impasible y contemplativa. En sus versos el poeta busca la disolución de su propio cuerpo y la naturaleza.

El segundo periodo de la obra poética de Prados da un vuelco hacia la poesía social y política. En esta etapa se evidencia el surrealismo, no solo en los recursos técnicos, sino también por el compromiso social.

El trabajo de esta etapa está en tres libros: El llanto subterráneo (1936), Llanto en la Sangre (1937), Cancionero menor para combatientes (1938).

La tercera etapa coincide con su exilio en México. En ella destaca la poesía de gran intensidad emotiva, movida por una crisis existencial de Prados. En ella podemos destacar libros como: Jardín cerrado (1940), Memoria del olvido (1946), Antología (1954) o Río natural (1957). En este fragmento del poema La muerte y el jardín se puede apreciar las características de este periodo:

Abandoné la forma de mi cuerpo;
la carne de mi hastío…
Por el fiel de mis ojos,
corté en dos la balanza
que me sostuvo en pie como hombre vivo.

Rafael Alberti (1902-1999)

Rafael Alberti fue un pintor y poeta gaditano. Junto con García Lorca, Alberti fue uno de los máximos representantes de la lírica andaluza del siglo XX. En su obra poética se pueden destacar tres etapas.

En la primera etapa destaca Marinero en tierra (1925), libro de poesía con el que se dio a conocer y en el que se perciben formas tradicionales y populares. Abundan temas como la nostalgia y añoranza hacia su tierra natal, en la que no reside.

De esta etapa también destacan La amante (1926) y El alba del alhelí (1927). En este fragmento de su poemario Marinero en tierra, aúna tradición, sencillez y añoranza:

Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel del mar
y nombrada capitana
de un barco bajel de guerra (...)

Con la obra Cal y Canto (1927), motivado por una crisis espiritual, Alberti inicia un cambio de tendencia hacia el surrealismo. Sobre los ángeles (1928) es uno de sus libros más consagrados de su segunda etapa, donde predomina el uso de imágenes libres y el versículo.

La tercera etapa de Alberti se ve marcada por la República, la Guerra Civil y el exilio. En ella poeta vuelve a ahondar en la nostalgia de la tierra y también destaca la poesía política. De este periodo destacan: Sermones y moradas (1934), Entre el clavel y la espada (1941) o Coplas de Juan Panadero (1949).

Luis Cernuda (1902-1963)

Luis Cernuda fue poeta y profesor sevillano cuya obra poética se agrupa en dos etapas. En toda su obra predomina un pesimismo existencial.
En la primera etapa, hasta la guerra, destacan dos libros: Los placeres prohibidos (1931) y Donde habite el olvido (1934), en los que se puede apreciar la influencia del surrealismo.

En su segunda etapa, durante el exilio, aparecen temas como el destierro, la añoranza de la infancia, la soledad o la muerte. De este periodo destacan obras como Las nubes (1940) y Desolación de la quimera (1962). Este es el fragmento de un poema llamado Primavera vieja escrito durante el exilio:

(...)

A solas,
con la frente en la mano, un fantasma
que vuelve, llorarías pensando
cuán bella fue la vida y cuán inútil.

Manuel Altolaguirre (1905-1959)

Manuel Altolaguirre fue poeta, impresor y cineasta malagueño. Fue uno de los poetas más jóvenes de la Generación del 27 y en su obra poética se pueden distinguir dos etapas principales.

Por un lado, en la primera etapa, antes de la Guerra Civil, destacan Las islas invitadas (1926), Ejemplo (1927), Poesía (1931) y Soledades juntas (1931).

En la segunda etapa, durante el exilio, destacan obras como Nube temporal (1946), marcado por el trágico contexto social, Fin de un amor (1949) y Poemas de América (1955).

De este periodo predominan poemas con un tono espiritual y místico, como el siguiente fragmento del poema llamado Separación:

Mi soledad llevo dentro,
torre de ciegas ventanas.

Cuando mis brazos extiendo
abro sus puertas de entrada
y doy camino alfombrado
al que quiera visitarla.

Pintó el recuerdo los cuadros
que decoran sus estancias.
Allí mis pasadas dichas
con mi pena de hoy contrastan (...)

En sus creaciones puede distinguirse la influencia de Garcilaso de la Vega, Juan Ramón Jiménez o Pedro Salinas. En ellas predomina la musicalidad, los versos cortos y estrofas clásicas. También temáticas como el amor, la soledad y la muerte.

Características comunes

Síntesis de tradición y vanguardia

Este grupo de poetas, tal y como señalaba Dámaso Alonso “no se alza contra nada”. Se interesan no solo por la lírica popular y culta del pasado literario español, sino que también se abrieron a los movimientos vanguardistas que se estaban dando por Europa.

Se puede decir que sus predilecciones eran totalmente integradoras, desde lo tradicional a lo más actual en aquel momento, algunos autores prestan atención en las nuevas corrientes estéticas.

Influencias

Las influencias de este grupo fueron muy diversas desde el modernismo con Rubén Darío como referencia para algunos autores de esta generación, pasando por la poesía pura de Juan Ramón Jiménez, hasta las vanguardias.

También hacen una mirada retrospectiva hacia autores como Garcilaso de la Vega, San Juan de la Cruz, Bécquer y Luis de Góngora.

Rasgos estilísticos

Entre los rasgos estilísticos que adquieren importancia en los poetas de la generación del 27 son:

  • Predominio de la metáfora y la imagen.
  • Paulatino empleo del verso libre.
  • Utilización de recursos como la sinestesia y el símbolo.

Temas comunes

Según Rocío Lineros Quinteros, existen cuatro motivos comunes que dominan en la poesía de estos escritores: la ciudad, la Naturaleza, el amor y el compromiso social.

  • La ciudad, cuya visión evoluciona desde un tratamiento positivo, como un lugar de progreso, hasta una mirada negativa, a finales de los años 20, donde la ciudad es un sitio adverso para el hombre.
  • Naturaleza. Los poetas aluden frecuentemente a jardines, el mar, la luna, incluso lugares de sus ciudades de origen.
  • El amor visto como experiencia que da plenitud y sentido a la vida, pero también como una fuerza destructora que lleva a la frustración.
  • El compromiso social se hace más evidente cuando comienza la guerra, a partir de 1936. Algunos autores exiliados reflejaron su compromiso social con creaciones de protesta y denuncia.

Rasgos generacionales

Los autores de la generación del 27 tienen una edad aproximada ya que la mayoría nace entre los años 1892 y 1902. La mayoría coinciden en la Residencia de Estudiantes de Madrid y reciben una formación intelectual semejante. Además, la mayoría de integrantes proceden de la burguesía acomodada y participan en revistas literarias como La Gaceta Literaria.

Acudieron al acontecimiento que los aunó como generación: homenaje por el tercer centenario de la muerte de Góngora en el año 1927.

Las Sinsombrero

Generalmente, al hacer referencia a la generación del 27 se suele pensar en un núcleo más o menos cerrado de autores masculinos. En cambio hubo un conjunto de pensadoras, poetas y artistas coetáneas que también pertenecieron a esta generación y contribuyeron en la modernización social y cultural, desarrollando su labor creativa. Estas fueron:

  • Maruja Mallo (1902-1995): pintora
  • Margarita Manso (1908-1960): pintora
  • Ángeles Santos (1911-2013): pintora
  • Margarita Gil Roësset (1908-1932): escultora, ilustradora y poeta
  • María Zambrano (1904-1991): filósofa y ensayista
  • María Teresa León (1903-1988): escritora
  • Rosa Chacel (1898-1994): escritora
  • Ernestina de Champourcin (1905-1999): poeta
  • Concha Méndez (1898-1986): escritora, poeta y guionista

Referencias

Balló, T. (2016). Las sinsombrero: Sin ellas, la historia no está completa. Espasa.
Frutos, D. A. (2010). Breve historia de la Literatura española (1.a ed.). Ediciones Alejandría S.A.
Pardo, F. D. (2018). Breve historia de la generación del 27. Nowtilus.

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Marián Ortiz
Marián Ortiz
Graduada en Comunicación Audiovisual (2016) por la Universidad de Granada, con máster en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual (2017) de la Universidad de Sevilla.