19 poemas del barroco


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

Se conoce como literatura barroca aquella producida en el período que inicia a finales del siglo XVI, y que alcanza su pleno desarrollo en el siglo XVII.

El término barroco se aplicó por primera vez en el siglo XVIII a las artes plásticas. Hacía alusión a un arte extravagante, recargado y dinámico que desafiaba los valores del renacimiento.

barroco

Con el tiempo, se ha retirado el velo ideológico que impedía la valoración del barroco, especialmente rico para la cultura hispana. No en balde, el período que va de finales del siglo XVI a pleno siglo XVII, donde el barroco se acrisoló, fue llamado el Siglo de Oro español.

Si bien la literatura barroca da continuidad a las formas e intereses de la literatura renacentista, se registra un cambio de sensibilidad importante, expresado en su manera pesimista o desengañada de mirarlos. Aparecen la crítica satírica, el sarcasmo, el cultismo y el uso exacerbado de figuras literarias o retóricas, lo mismo en la narrativa que en el teatro y la poesía.

En la poesía, los escritores aprovecharon las formas heredadas del renacimiento: el soneto, la silva, la octava. Usaron también las formas poéticas populares como los romances, las seguidillas o los cantos de trabajo. Todo esto fue tocado y transformado por la nueva sensibilidad barroca que buscaba hacer alarde del ingenio.

De ello se desarrollan dos grandes tendencias en este período: el culteranismo y el conceptismo. El primero, abocado a las formas del discurso, es decir, al esplendor de estilo; el segundo, abocado a la expresión de las ideas.

Conozcamos ahora algunos ejemplos de los más insignes poetas del barroco y su poesía. Expondremos ejemplos del barroco en España, Hispanoamérica, Inglaterra, Italia y Francia. La mayor parte de la selección está conformada por sonetos. Se llama sonetos a una sucesión de catorce versos endecasílabos, agrupados en dos grupos de cuatro y dos grupos de tres.

Poesía barroca española

Lope de Vega (1562-1635)

En este soneto, Lope de Vega representa el amor desde una mirada decepcionada ante sus vanas seducciones. Quedan reflejadas en el poemas las tensiones entre la razón y el deseo.

Cuando imagino de mis breves días

Cuando imagino de mis breves días
los muchos que el tirano amor me debe
y en mi cabello anticipar la nieve
más que los años las tristezas mías,

veo que son sus falsas alegrías
veneno que en el cristal la razón bebe
por quien el apetito se le atreve
vestido de mis dulces fantasías.

¿Qué hierbas del olvido ha dado el gusto
a la razón que sin hacer su oficio
quiere contra razón satisfacelle?

Mas consolarse quiere mi disgusto,
que es el deseo del remedio indicio
y el remedio de amor querer vencelle.

Francisco de Quevedo (1580-1645)

La muerte también es un tema recurrente en el barroco. Se presenta con angustia. El poeta se lamenta sobre el paso del tiempo, que anuncia el cruel destino de todos y cada uno. Este soneto reflexiona sobre un tópico de la literatura: tempo fugit. El tiempo se va, corre, y nada puede deternerlo. Con él, la vida espera su último aliento.

Conoce las fuerzas del tiempo, y el ser ejecutivo cobrador de la muerte

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer día
atiende el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana,
sin la pensión de procurar mi muerte!

¡Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución, con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

El amor vuelve a hacerse presente también en Francisco de Quevedo, que señala las contradicciones de los sentimientos de enamorado que, rendido, ve inútiles los esfuerzos del amor por doblegarlo.

Inútil y débil victoria del amor, en el que ya es vencido amante

Mucho de valeroso y esforzado,
y viéneslo a mostrar en un rendido;
básteme, amor, haberte agradecido
penas, de que me puedo haber quejado.

¿Qué sangre de mis venas no te he dado?
¿Qué flechas de tu aljaba no he sentido?
Mira, que la paciencia del sufrido
suele vencer las armas del airado.

Con otro de tu igual quisiera verte,
que yo me siento arder de tal manera,
que mayor fuera el mal de hacerme fuerte.

¿De qué sirve encender al que es hoguera?
Si no es que quieres dar muerte a la muerte,
introduciendo en mí que el muerto muera.

Luis de Góngora (1561-1627)

Góngora se inscribe en la línea del culteranismo, en el que destacó de tal suerte que se acuñó el término gongorismo. En este soneto que presentamos, Góngora repasa vívidas imágenes de la juventud y belleza lozanas de la mujer admirada, a quien recuerda el deber de gozar de la vida, pues muy a pesar de cualquier esfuerzo, pronto las virtudes de la juventud, como la vida misma, se verán convertidas en nada.

El autor sintetiza en este poema la representación de los grandes tópicos de la literatura. En primer lugar, el collige virgo rosas, que se traduce como 'corta las rosas, doncella' dirigidos concretamente a las mujeres jóvenes que han de aprovechar su juventud. En segundo lugar, el carpe diem, que implica la valoración de cada instante. En tercer lugar, y para dar fin al poema, Góngora introduce el tempo fugit, que recuerda la inevitabilidad del paso del tiempo y de la llegada de la muerte.

Soneto CLXVI

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Pedro Calderón de la Barca (1600-1681)

Pedro Calderón de la Barca fue especialmente conocido por su obra dramática, referencia fundamental de la literatura hispana. Se formó con los jesuitas, se dedicó a la vida militar en su juventud y, en su etapa madura, abandonó las armas para tomar los hábitos. Entre su poesía, una de las piezas que destaca es el Soneto del pecador herido, dedicado a la experiencia espiritual de un pecador, que nos recuerda al Soneto a Cristo crucificado, texto anónimo del siglo XVI que reza así:

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Soneto del pecador herido

Si esta sangre, por Dios, hacer pudiera
que la herida a los ojos la pasara,
antes que la vertiera la llorara,
fuera elección y no violencia fuera.

Ni el interés del Cielo me moviera,
ni del Infierno el daño me obligara;
sólo por ser quien es la derramara
cuando ni premio ni castigo hubiera.

Y si aquí Infierno y Cielo mi agonía
abiertos viera, cuya pena o cuya
gloria estuviera en mí, si prevenía

ser voluntad de Dios que me destruya,
el infierno me fuera por la mía
y no entrara en el Cielo sin la suya.

Tirso de Molina (1579-1648)

Tirso de Molina fue un fraile mercedario que articuló muy bien su vida espiritual, bastante sosegada, con la escritura de comedias, de las que llegó a escribir cerca de cuatrocientas, a pesar que hoy solo se conocen alrededor de sesenta. De su obra Cómo han de ser los amigos, hemos extraído este soneto, que expone el dolor que producen las falsas amistades.

De Cómo han de ser los amigos

Jornada II, GASTÓN

Falsa amistad, ladrón disimulado,
que lisonjea al que robar procura;
perro que halaga lo que el manjar dura,
para morder después que está acabado.

¿Cómo es posible que hayas derribado
con el vano interés de una hermosura
la más firme amistad y más segura
que Francia vio jamás y España ha dado?

Labra en palacio en el verano el nido
la golondrina, que parece eterno,
mas huye en el invierno y busca abrigo.

De la falsa amistad símbolo ha sido.
Labró el verano, pero huyó el invierno
de mis trabajos el mayor amigo.

Poesía barroca novohisopana

Diego de Hojeda (1570-1615)

Diego de Hojeda, aunque nació en Sevilla, se fue desde muy temprana edad a Perú, donde ingresó a la orden de los dominicos de Lima y desarrolló su obra literaria. La cristíada es su obra más conocida, un auténtico poema épico dedicado a la pasión de Cristo. De esta obra, extraemos un fragmento.

De La cristíada

Dame, Señor, que cuando el alba bella
el cielo azul de blancas nubes orne,
tu cruz yo abrace, y me deleite en ella,
y con su ilustre púrpura me adorne;
y cuando la más linda y clara estrella
a dar su nueva luz al aire torne,
mi alma halle el árbol de la vida,
y a ti, su fruto saludable, asida.

Y cuando el sol por la sublime cumbre
en medio esté de su veloz carrera,
La santa luz, con su divina lumbre
más ardiente que el sol, mi pecho hiera;
y al tiempo que la noche más se encumbre
con negras plumas en la cuarta esfera,
yo a los pies de tu cruz, devoto y sabio
tus llagas bese con humilde labio.

Cuando el sueño a los ojos importante
los cierre, allí tu cruz se me presente,
y cuando a la vigilia me levante,
ella tu dulce cruz me represente:
cuando me vista, vista el rutilante
ornato de cruz resplandeciente,
y moje, cuando coma, en tu costado
el primero y el último bocado.

Cuando estudie en el arte soberana
de tu cruz, la lección humilde aprenda;
y en ese pecho, que dulzura mana,
tu amor sabroso y tierno comprehenda;
y toda gloria me parezca vana,
si no es la que en tu cruz ame y aprenda;
y el más rico tesoro, gran pobreza,
y el deleite mayor suma vileza.

Vea también La pasión de Cristo en el arte.

D. Juan Luis de Alarcón y Mendoza (1581-1639)

D. Juan Luis de Alarcón y Mendoza tuvo un amplio reconocimiento por su trabajo como dramaturgo. El investigador D. Luis Fernández Guerra y Orbe, en un libro sobre Alarcón publicado en 1871, escribió que este, que nunca se casó ni se hizo sacerdote, hablaba de las mujeres de tal modo que parecía darles mayor crédito que el que Quevedo les diera.

De Todo es aventura

III acto

¿Qué es lo que más condenamos
en las mujeres? ¿El ser
de inconstante parecer?
nosotros las enseñamos.
Que el hombre que llega a estar
del ciego Dios más herido,
no deja de ser perdido
por el tropo variar.
¿Tener al dinero amor?
es cosa de muy buen gusto,
o tire una piedra el justo,
que no incurre en este error.
¿Ser fáciles? ¿Qué han de hacer,
si ningún hombre porfía,
y todos al cuarto día
se cansan de pretender?
Ser duras, que nos quejamos,
si todos somos extremos?
difícil lo aborrecemos,
y fácil no lo estimamos.
Pues si los varones son
maestros de las mujeres,
y sin ellas los placeres
carecen de perfección.
Mala Pascua tenga quien
de tan hermoso animal
dice mal, ni le hace mal,
y quien no dijere, amén.

Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695)

Sor Juana Inés de la Cruz es conocida por hacerse monja para poder desarrollar una vida intelectual, en una época en que esto estaba reservado a los hombres. Su excelentísima obra incluye obras dramáticas, poesías y cartas. Entre muchos de sus temas, la virtud de la esperanza tuvo un lugar. Como es propio de la sensibilidad barroca, se deja ver un tono descreído.

XXIX - A la esperanza, escrito en uno de sus retratos

Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;

alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado,
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo:

que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.

También de Sor Juana, podemos referir aquí este soneto, que repasa las contradicciones del amor, que se empeña en amar sin ser correspondido, e ignorar a quien le ama.

XVIII - Prosigue el mismo asunto y determina que prevalezca la razón contra el gusto

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor hallo diamante;
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata
y mato a quien me quiere ver triunfante.

Si a éste pago, padece mi deseo:
si ruego aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que de quien no me quiere, vil despojo.

El mundo de las apariencias también un tema desarrollado por Sor Juana, apariencias que le resultan vanas e indignas de confianza. Con este sentido, escribe el siguiente poema referido a un retrato que le hicieron.

sor juana

Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Vea también Poemas de Sor Juana Inés de la Cruz.

Poesía barroca inglesa

William Shakespeare (1564-1616)

En realidad, clasificar a William Shakespeare es bastante difícil. Se trata de una figura de gran peso que se enmarca en la transición entre el siglo XVI y el siglo XVII, entre el renacimiento y el barroco.

Ángel Rupérez, en su libro Antología de la poesía inglesa, señala que los sonetos de Shakespeare fueron escritos en la última década del siglo XVI y solo publicados en 1609. En el soneto que aquí presentamos, aparece nuevamente el tópico tempo fugit, así como el consuelo ante el recuerdo de un amigo.

Soneto XXX

Cuando en dulces sesiones, de meditar silente,
convoco en mi recuerdo las cosas ya pasadas,
suspiro al evocar tantas cosas queridas
y culpo con lamentos el tiempo que he perdido.

Entonces, vierto el llanto, no acostumbrado al uso,
por aquellos amigos que se tragó la noche
y renuevo mi llanto, con penas ya olvidadas
lamentando la pérdida de esfumadas imágenes.

Me lamento de penas y desgracias pasadas
y cuento nuevamente de dolor en dolor
la tristísima cuenta de renovados llantos,
pagando nuevamente, lo que antes ya pagué.

Pero si mientras tanto, pienso en ti, (querido amigo),
reparo mis dolores y acabo con mis penas.

John Milton (1608-1674)

El investigador y traductor Santiago García-Castañón sostiene en un ensayo titulado Reescribiendo a Milton: seis sonetos en español, que la obra de Milton ha sido oscurecida por la ausencia de traducciones que rescaten no solo el contenido de sus sonetos, sino la musicalidad que le es propia.

Con esta reflexión en mente, propone una nueva traducción del conocido soneto When I consider how my light is spent..., que Milton escribió en sus últimos años, cuando el glaucoma lo había dejado ciego, lo que había desatado en él una crisis espiritual. Como es propio de la sensibilidad barroca, Milton se responde a sí mismo ponderando los misterios de la voluntad divina y el sentido cristiano del sufrimiento.

Cuando pienso cómo mi luz se ha ido,
media existencia en este mundo oscuro
y mi talento que en mi muerte apuro,
inútil soy; mi espíritu abatido

sirviendo al Creador, dando sentido
a mi vida, de toda culpa abjuro,
Dios me niega la luz, que es trance duro,
y le inquiero con tono compungido:

“¿Qué puedo hacer sin luz?” Y me responde:
“Dios no precisa dones jactanciosos;
quien mejor lleva el yugo, menos tarda.”

Su causa es justa y miles corren donde
por tierra y mar lo buscan presurosos,
mas le sirve también quien solo aguarda.

John Dryden (1631-1700)

John Dryden fue poeta, dramaturgo y crítico. Muchos de sus poemas fueron musicalizados, como El festín de Alejandro y Oda a santa Cecilia, con música de Georg Friedrich Haendel.

La época barroca estuvo marcada por la tensión entre la reforma y la contrarreforma, aunque en Inglaterra dominaba el anglicanismo que, aun distanciado del catolicismo como estructura, no comulgaba con el protestantismo. Dryden, anglicano de origen, acaba por asimilarse a las filas de la Iglesia católica, a la que dedica el poema que presentamos a continuación.

La fe católica

Como la luna pálida y los astros
Al viajador cansado, errante, solo,
Con prestado fulgor en vano alumbran,
Lo mismo al alma la Razón. Si aquellas
Erráticas lumbreras nos descubren
Lejano espacio, pero no el camino
Que allá conduce, la Razón al hombre
Región más bella en lontananza anuncia,
Sin enseñarle de salud la senda;
Y cual se apagan las estrellas, cuando
Asciende á este hemisferio el rey del día,
Tal cuando la alma. Religión al mundo
Vierte luz y calor, su débil llama
Humilla la Razón y desparece;
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
¡Dios misericordioso! Tú preparas
Guía infalible a los falibles juicios.
En abismos de luz velado centro
Es tu trono; relámpago de gloria
Veda a los ojos penetrar tu esencia.
¡Oh, enséñame a adorar tu ser oculto!
¡Baste á mi entendimiento lo que al hombre
Revelar te dignaste, y no pretenda
Audaz salvar el límite prescrito!
¡Guíe mis pasos solamente aquella
Maestra universal, a quien gloriosa
Promesa hiciste que faltar no puede!—
Mi descuidada juventud anhelos
Vanos alimentó. Mi edad madura
Por falsos resplandores fascinada,
Corrió tras ellos. Cuando huyó el señuelo,
Mi espíritu soberbio, de sí mismo
Sacó ilusiones para nuevo engaño.
Tal fue, tal es mi natural vicioso;
¡Tuya la gloria, la vergüenza mía!
Mas cesaron las dudas; y ya sólo
Consagrar debo á la virtud mis fuerzas.

Poesía barroca Italiana

Giovan Battista Marino (1569-1625)

Conocido también como Giambattista Marino, este escritor fue ampliamente imitado tanto en su Italia natal como en Francia, España y Portugal. Creó un estilo propio llamado marinismo, caracterizado por el uso excesivo de conceptos. Sin embargo, en la modernidad se consideró que Marini o Marino representaba el mal gusto barroco.

El investigador Juan Luis Estelrich recoge en su libro Antología de los poetas líricos italianos, un poema dedicado a la famosa obra La piedad, de Miguel Ángel. El poema fue traducido por D. Francisco Pacheco.

piedad
Miguel Ángel Buonarrotti: Piedad o Piedad del Vaticano. 1499. Mármol. 1.74 x 1.95 m. Ciudad del Vaticano.

A una dolorosa, obra de Miguel Ángel

No es piedra esta Señora
Que sostiene piadosa, reclinado
En sus brazos, al muerto Hijo helado;
Mas piedra eres ahora
Tú cuya vista á su piedad no llora,
Antes eres más duro;
Que á muerte tal las piedras con espanto
Se rompieron, y aun suelen hacer llanto.

Vincenzo da Filicaja (1642-1707)

De la obra de Vincenzo da Filicaja se dice que adolece de desigualdad debido a las diversas influencias que recibió. De la Antología de los poetas líricos italianos de Juan Luis Estelrich, hemos extraído este soneto de Filicaja, dedicado a la hipocresía, con traducción de Manuel del Palacio. En él se expresa muy claramente la sensibilidad barroca del desengaño.

La hipocresía

¿Qué hacer si de un color andan vestidos
El vicio y la virtud? Con qué mirada
Distinguirá la mente atribulada
De los puros afectos los fingidos?

Sonrisas de placer, ayes sentidos,
¿Sois lo que ser debéis, ó no sois nada?
¿Quién adivina la verdad ansiada
Cuando mienten del pecho los latidos?

Disfrázase de ingenio la osadía,
La astucia de valor, y entre las gentes
Muestra el crimen aspecto de hidalguía.

Tal del índico mar en las corrientes
Arroyos mil desaguan á porfía,
Que pareciendo arroyos, son torrentes
.

El soneto más conocido de este autor, por considerarse el mejor logrado, fue el que dedicó a su natal Italia. Leamos la traducción de Clemente Althaus.

¡Italia, Italia! ¡Oh tú a quién dio la suerte
el don fatal de la beldad y en ésta
de mil males y vil dote funesta!
¡Oh! ¡menos bella fueras o más fuerte!

Así o lograras invencible hacerte
o no tentaras con tu luz modesta
la codicia de aquel que te detesta
fingiendo amarte; y que te reta a muerte.

¡No viera el Alpe entonces mil torrentes
de armados galos derramar do quiera
y que tu noble sangre el Po colora!

Ni por el brazo de extranjeras gentes
inútilmente combatir, te viera,
para servir, vencida o vencedora.

Poesía barroca francesa

Jean Racine (1639-1699)

El escritor francés Jean Racine se inscribe en la corriente clásica propia de la literatura francesa, al igual que Corneille y Molière. Se le conoció especialmente como dramaturgo, si bien incursionó en la poesía. Una de sus piezas poéticas más conocidas es la Invocación a Cristo, tema muy característico de la espiritualidad contrarreformista.

Invocación a Cristo

El sol disipa la tiniebla oscura,
Y penetrando el ámbito profundo,
El velo rasga que cubrió a Natura,
Y vuelve los colores y hermosura
Al universo mundo.

¡Oh, de las almas, Cristo, única lumbre!
¡A ti solo el honor y adoraciones!
Nuestra humilde oración llegue a tu cumbre;
Ríndanse a tu dichosa servidumbre
Todos los corazones.

Si hay almas que vacilen, fuerza dáles;
Y haz que uniendo las manos inocentes,
Dignamente tus glorias inmortales
Cantemos, y los bienes que a raudales
Dispensas a las gentes.

Molière (1822-1673)

Su verdadero nombre es Jean-Baptiste Poquelin, pero es popularmente conocido como Molière, quien fue dramaturgo, actor y poeta. Parece relacionarse, una vez más con el tópico literario collige virgo rosas,

Estancias galantes

Deja que te desvele Amor ahora.
Con mis suspiros déjate inflamar.
No duermas más, criatura seductora,
Pues es dormir la vida sin amar.

No temas. En la fábula amorosa
se hace más mal del mal que se padece.
Cuando hay amor y el corazón solloza,
el propio mal sus penas embellece.

El mal de amor consiste en esconderlo;
para evitarlo, habla en mi favor.
Te da miedo este dios, tiemblas al verlo...
Mas no hagas un misterio del amor.

¿Hay más dulce penar que estar amando?
¿Puede sufrirse una más tierna ley?
Que en todo corazón siempre reinando,
reine amor en el tuyo como rey.

Ríndete, pues, oh, celestial criatura;
cede mandato del Amor fugaz.
¡Ama mientras perdure tu hermosura,
que el tiempo pasa y no regresa más!

Referencias

  • Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
  • García-Castañón, Santiago: Reescribiendo a Milton: seis sonetos en español. En Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica, Volumen 42 - Número 2, Julio - Diciembre 2016.
  • Estelrich, Juan Luis: Antología de los poetas líricos italianos traducidos en verso castellano (1200-1889). Palma de Mallorca: Escuela Tipográfica Provincial. 1889.
  • Fernández Guerra y Orbe, Luis: D. Juan Ruíz de Alarcón y Mendoza. Madrid: Imprenta y estereotipa de M. Rivadeneyda. 1871.
  • Sor Juana Inés de la Cruz: Obra selecta, volumen 1, Caracas: Biblioteca Ayacucho. 1994.
  • Rupérez, Ángel: Antología esencial de la poesía inglesa. Madrid: Espasa Calpe, Colección Austral, 2000.
Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, cantante, licenciada en Artes (mención Promoción Cultural), con maestría en Literatura Comparada por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.