Madame Bovary de Gustave Flaubert


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

Escrita por el francés Gustave Flaubert, Madame Bovary es la novela cumbre del realismo literario del siglo XIX. En su momento, la novela despertó tal escándalo que Flaubert fue procesado por ella. ¿La razón? Los atrevimientos de su heroína, un personaje, cuyo tratamiento significó una auténtica ruptura con la tradición literaria.

Bovarismo le llaman actualmente al síndrome de las personas que, por idealizar el amor, se desilusionan al poco tiempo de iniciar una relación amorosa. ¿Pero es que acaso Flaubert recreó apenas la historia de una mujer caprichosa?

La novela parece haber sido inspirada en el caso de una mujer llamada Veronique Delphine Delamare, quien tuvo numerosos amantes mientras se encontraba casada con un médico, y acabó por suicidarse en 1848. El caso captó rápidamente la atención de la prensa por aquel entonces.

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Joseph-Désiré Court: Rigolette busca divertirse en ausencia de Germain. 1844.

Escrita y publicada por facsímiles en la revista La Revue de París a lo largo del año 1856, la novela será editada como una obra completa en 1857. Desde entonces, Madame Bovary marcó un punto de inflexión en la literatura del siglo XIX.

Resumen

Lectora voraz de novelas románticas, Emma ha incubado muchas ilusiones respecto del matrimonio y de la vida, de la que espera aventuras apasionadas y galantes. Ilusionada, la joven contrae matrimonio con Charles Bovary, médico de profesión. Sin embargo, la realidad será otra.

Convertida en Madame Bovary, Emma se encuentra con un marido fiel, pero ausente, puritano, sin carácter y sin ambiciones. Ignorada y aburrida, cae enferma y su marido decide llevarla a un poblado llamado Yonville, donde dará a luz a su hija Berthe.

El farmacéutico del pueblo, el señor Homier, alimenta las ambiciones de Emma para sacar provecho económico y político de su relación con el doctor Bovary. Emma presiona a su marido para asumir riesgos médicos que le traigan fama, mientras compra compulsivamente artículos de lujo al señor Lheureux, un vendedor que la sumerge en un mar de deudas impagables.

Al mismo tiempo, Emma sostendrá una aventura con un don juan llamado Rodolphe Boulanger, pero este la deja plantada el día de la fuga. Madame Bovary cae enferma nuevamente. Para animarla, su ingenuo marido consiente en que asista a clases de piano en Rouen, sin advertir que su propósito era envolverse románticamente con Léon Dupuis, un joven a quien había conocido en Yonville tiempo atrás.

Su mundo se desmorona cuando recibe una orden de embargo y desalojo, y no encuentra ayuda financiera ni en Léon ni en Rodolphe, su antiguo amante. Desesperada, decide suicidarse con arsénico de la botica del señor Homier. Charles, arruinado y desengañado, acaba por morir. La niña Berthe queda al cuidado de una tía y al crecer tendrá por destino trabajar en una fábrica de hilos de algodón.

Personajes principales

  • Emma Bovary o Madame Bovary, protagonista.
  • Carlos Bovary, médico, esposo de Emma Bovary.
  • Señor Homais, farmacéutico del pueblo de Yonville.
  • Rodolphe Boulanger, donjuan adinerado, de clase alta, amante de Emma.
  • León Dupuis, joven amante de Emma.
  • Señor Lheureux, vendedor sin escrúpulos.
  • Berthe Bovay, hija de Emma y Carlos.
  • Señora Bovary, madre de Carlos y suegra de Emma.
  • Monsieur Rouault, padre de Emma.
  • Felicidad, empleada doméstica de la casa Bovary.
  • Justine, empleado del señor Homais.

Análisis

Buena parte de los lectores de esta novela se ha demorado en reflexionar en torno a la posible simpatía o rechazo de Flaubert ante la causa femenina. Mientras unos afirman que reivindica a la mujer, otros piensan que, por el contrario, la sienta en el banquillo de los acusados al hacer del desafuero un rasgo fundamental de su carácter. Estas posiciones parecen forzadas a nuestros ojos. Gustave Flaubert va mucho más allá al representar un drama humano universal y particular a la vez.

A través de la relación entre Emma y la literatura romántica, Flaubert destaca el poder simbólico de los discursos estéticos. La literatura que Emma lee vorazmente puede ser vista aquí como un personaje silente, suerte de destinador que actúa como fuerza catalizadora de las acciones de la heroína. De hecho, Mario Vargas Llosa, en su ensayo La orgía perpetua, sostiene:

Un paralelo en el que han insistido todos los comentaristas, de Thibaudet a Lukacs, es el de Emma Bovary y el Quijote. El manchego fue un inadaptado a la vida por culpa de su imaginación y de ciertas lecturas, y, al igual que la muchacha normanda, su tragedia consistió en querer insertar sus sueños en la realidad.

Ambos personajes, fascinados por la obsesión de la lectura voraz y desordenada que insufla sus ánimos, han emprendido el camino de sus vanas ilusiones. Casi doscientos cincuenta años después del Quijote, Madame Bovary se convertirá en la heroína “inadaptada”.

Flaubert se hará cargo de representar ese universo ante nuestros ojos: por un lado, el universo de la realidad normada y regulada por el orden burgués imperante. Por el otro, el universo interior de Madame Bovary, no menos real que el primero. Y es que para Flaubert, el mundo interior de Emma es una realidad, porque es este el que moviliza las acciones que construyen la historia y empujan a los personajes a desenlaces insospechados.

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Albert Auguste Fourie: Monsieur Bovary llora la muerte de su esposa.

Ciertamente, Gustave Flaubert rompe con la forma tradicional de representar la personalidad femenina: Madame Bovary no será una esposa y madre abnegada. Será, por el contrario, una mujer obediente a sus pasiones sin detenerse a pensar en las consecuencias.

De este modo, el autor da la espalda al estereotipo de la mujer dócil e inofensiva, complaciente y cumplidora de su deber, así como a la mujer hecha botín del héroe. Flaubert deja ver una persona compleja, un ser con deseo y voluntad que también se puede corromper. Deja ver una mujer que anhela la libertad y que siente que hasta la posibilidad de soñar le ha sido arrebatada por ser mujer. A este respecto, Mario Vargas Llosa señala:

La tragedia de Emma es no ser libre. La esclavitud se le aparece a ella no sólo como producto de su clase social —pequeña burguesía mediatizada por determinados medios de vida y prejuicios— y de su condición de provinciana —mundo mínimo donde las posibilidades de hacer algo son escasas—, sino también, y quizá sobre todo, como consecuencia de ser mujer. En la realidad ficticia, ser mujer constriñe, cierra puertas, condena a opciones más mediocres que las del hombre.

Emma está atrapada al mismo tiempo en la compulsión del mundo imaginario, inspirado por la literatura romántica, y en la compulsión de la ambición, inspirada por el nuevo orden socioeconómico del siglo XIX. El conflicto no se trata solo de que la vida doméstica sea aburrida o rutinaria. El problema estriba en que Emma ha alimentado una expectativa que no encuentra espacio en la realidad. Ella ansía el pathos que la literatura le ha mostrado, esa otra vida. Ella ha alimentado el deseo y la voluntad que a una mujer le han sido negadas. Ella ansía la vida de un hombre.

Dos factores son clave: por un lado, es una mujer adúltera, erotizada, con deseo sexual. Por el otro,la seducción que ejerce en ella el espejismo del prestigio y del poder, la aspiración desubicada de una realidad económica que no es la suya, el hambre de mundo. De hecho, Mario Vargas Llosa sostiene que Emma llega a experimentar el deseo por el amor y el dinero como una sola fuerza:

Amor y dinero se apoyan y activan mutuamente. Emma, cuando ama, necesita rodearse de objetos hermosos, embellecer el mundo físico, crear en torno un decorado tan suntuoso como sus sentimientos. Es una mujer para la cual el goce no es completo si no se materializa: proyecta el placer del cuerpo en las cosas y, a su vez, las cosas acrecientan y prolongan el placer del cuerpo.

¿Acaso solo los libros le han alimentado esa fascinación? ¿Solo de ellos podían venir tales inquietudes? Para que estas preguntas pudieran ser respondidas con un sí, los demás personajes tendrían que haber sido lo contrario a Emma: personas de espíritu racional y crítico, con los pies bien puestos sobre la tierra. No es el caso de Charles Bovary, su marido, aunque sí el de su suegra.

Charles Bovary no está más cerca de la realidad que Enma. Por el contrario, está absolutamente incapacitado para ver la realidad ante sus ojos, y no ha tenido que leer ningún libro para ello. Antes del giro dramático de Emma, Charles ya vivía ajeno al mundo real, encerrado en la burbuja de la vida conforme y puritana, obedeciendo el orden social. Los dos viven de espaldas a la realidad, alienados. Ambos viven en la ficción de sus fantasías.

Para Charles, Emma no existe como sujeto sino como objeto de devoción. Ella forma parte del repertorio de bienes acumulados para gozar del estatus burgués. Ignora los signos de su distancia, de su desprecio y de su engaño. Charles es un hombre ausente, perdido en su propio mundo.

Para decir más, Charles ignora flagrantemente las finanzas de la familia. Le ha cedido todo el poder administrativo a Emma, poniéndose a sí mismo en la posición que correspondía tradicionalmente a la mujer. Al mismo tiempo, Charles trata a Emma como una niña trataría a las muñecas que destina a la vitrina. Él tiene la docilidad propia del estereotipo femenino, lo que Emma rechaza. Dos soledades habitan la casa Bovary, muy lejos de ser un hogar.

Flaubert pone al descubierto las tensiones sociales presentes en la vida burguesa del siglo XIX y que aquella generación parece no reconocer. La ideología social es también una fantasía, una construcción imaginaria que, a diferencia de la literatura, se presenta inhumana, inflexible, artificial, pero verdaderamente controladora.

La ideología burguesa se alimenta, justamente, de la vana ilusión. Le hace creer a Emma que puede aspirar a una vida de lujo y prestigios, como una princesa sin responsabilidades. Es el nuevo orden que supone la transformación política y económica del siglo XIX y que parece orientar a la sociedad a un escenario inadvertido. Vargas Llosa dirá:

En Madame Bovary (Flaubert) apunta esa alienación que un siglo más tarde hará presa en las sociedades desarrolladas de hombres y mujeres (pero sobre todo de estas últimas, por sus condiciones de vida): el consumismo como un desfogue para la angustia, tratar de poblar con objetos el vacío que ha instalado en la existencia del individuo la vida moderna. El drama de Emma es el intervalo entre la ilusión y la realidad, la distancia entre el deseo y su cumplimiento.

Ese es el papel, por ejemplo, del señor Homier y del vendedor Lheureux: alimentar la ambición de Emma, para luego doblegar su espíritu y sacar provecho.

Si Emma parece en un principio haber logrado la autonomía de un hombre y haber logrado invertir los roles en sus relaciones personales, su carácter iluso, su constante comparación entre sus expectativas y la realidad (a la que percibe como degradada) la hacen blanco fácil del juego social, aún dominado por los hombres a los que quiere igualar.

Cabría preguntarse hasta qué punto Emma logra ser dueña de sus actos o más bien está a la merced del control de otros. Esta mujer aparentemente libertaria, que reclama su espacio como sujeto de placer y felicidad autodeterminada, en cierto sentido sucumbe ante las redes que tejen para ella los hombres que la rodean.

El quiebre se produce en el orden de lo imaginario. Si Emma no puede soñar, si la realidad se impone con su disciplina castigadora, si debe acatar su papel de mujer en la sociedad, la vida será para ella la propia muerte.

De esta manera, Gustave Flaubert crea un universo literario en que es posible la interrelación del mundo real con el mundo imaginario. Ambos universos son, según la narración, dependientes uno del otro. Esto explica porqué para autores como Mario Vargas Llosa Madame Bovary no es la primera obra realista, sino aquella donde el romanticismo se completa y abre las puertas a una nueva mirada.

Breve biografía de Gustave Flaubert

Flaubert por Eugene Giraud
Gustave Flaubert pintado por Eugene Giraud

Gustave Flaubert nació en Rouen, Normandía, el 12 de diciembre de 1821. El escritor Gustave Flaubert ha sido considerado como un insigne representante del realismo francés.

Al acabar el bachillerato, estudió derecho, pero se retiró en el año 1844 como consecuencia de varios problemas de salud, tales como epilepsia y desequilibrios nerviosos.

Tuvo una vida serena en su casa de campo en Croisset, donde escribió sus más importantes obras. Aun así, pudo viajar a varios países entre los años 1849 y 1851, lo que le permitió avivar su imaginación y afinar recursos para la escritura.

La primera obra que escribió fue Las tentaciones de San Antonio, pero este proyecto fue dejado de lado. Tras ello, empezó a trabajar en la novela Madame Bovary por un período de 56 meses, la cual fue publicada primero en folletín. La novela causó gran escándalo y fue procesado por inmoralidad. Sin embargo, Flaubert fue hallado inocente.

Entre algunas de sus obras podemos señalar las siguientes: Rêve d'enfer, Memorias de un loco, Madame Bovary, Salambó, La educación sentimental, Tres cuentos, Bouvard y Pécuchet, Las tentaciones de san Antonio, entre otras.

Falleció el 8 de mayo de 1880 a los 59 años de edad.

Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, licenciada en Artes, mención Promoción Cultural (2000), con maestría en Literatura Comparada (2005), por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.