El móvil perdido

Eva Andrés Vicente
Eva Andrés Vicente
Tiempo de lectura: 10 min.

El móvil perdido parte de un problema cotidiano que cualquier familia reconocerá: alguien ha perdido el teléfono. Lo que debería ser una búsqueda de cinco minutos se convierte en una operación de rescate de escala familiar, con cada miembro aportando su propio método, su propia teoría y sus propias ideas sobre dónde puede estar el aparato.

El humor viene de la distancia entre la gravedad con que todos tratan la situación y la banalidad del problema. El padre actúa como si fuera una emergencia nacional, la abuela reza, la hermana pequeña consulta a su muñeca. Y el dueño del móvil observa el caos que ha generado sin recordar que lleva el teléfono en el bolsillo trasero desde el principio.

Una obra perfecta para reflexionar, entre carcajadas, sobre la dependencia que tenemos de la tecnología y sobre cómo la ausencia de una pantalla puede desestabilizar a toda una familia en cuestión de minutos.

Personajes:

  • PABLO: adolescente de 14 años, dueño del móvil, mezcla de desesperación y vergüenza ajena
  • MAMÁ: eficiente y catastrofista, convierte cualquier cosa en una emergencia de nivel uno
  • PAPÁ: inventor aficionado, siempre tiene un "método científico" para todo
  • ABUELA: muy mayor, muy devota, convencida de que la tecnología es cosa del demonio
  • ELENA: hermana pequeña de 7 años, lógica aplastante y sin filtros

Duración aproximada: 9-11 minutos

Lugar: Salón y cocina de una casa familiar. Un sofá, una mesa, una nevera (puede ser simbólica), y varios muebles donde esconderse.

Materiales necesarios: Un móvil (o cartón pintado), una muñeca, un detector de metales de juguete (o palo decorado), un rosario, una linterna, cajas de cartón para buscar dentro.

Sinopsis

Pablo no encuentra su móvil y monta una alarma general en casa. Su familia entra en modo búsqueda total con métodos cada vez más absurdos: la abuela reza, el padre usa un detector de metales de juguete, la madre revisa la nevera, y la hermana pequeña consulta a su muñeca. Después de veinte minutos de caos doméstico completo, la solución resulta ser la más obvia y humillante de todas.

La obra

[El salón de una casa. PABLO entra corriendo, buscando entre los cojines del sofá con cara de pánico creciente.]

PABLO: No puede ser. No puede ser, no puede ser, no puede ser...

[Levanta cojines, mira debajo de la mesa, revisa su mochila por tercera vez. Entra MAMÁ con un trapo de cocina en la mano.]

MAMÁ: Pablo, ¿qué haces?

PABLO: Nada, mamá, estoy buscando una cosa.

MAMÁ: ¿El qué?

PABLO: Una cosa.

MAMÁ: Pablo.

PABLO: (suspirando) El móvil.

[MAMÁ deja caer el trapo dramáticamente. Pausa. Pone cara de quien acaba de escuchar una noticia terrible.]

MAMÁ: ¿El móvil?

PABLO: Sí.

MAMÁ: ¿Tu móvil?

PABLO: Tengo uno solo, mamá.

MAMÁ: (levantando la voz hacia el pasillo) ¡CARLOS! ¡CARLOS, VEN AQUÍ!

PABLO: Mamá, no hace falta que...

[Entra PAPÁ desde el pasillo, con cara de susto.]

PAPÁ: ¿Qué pasa? ¿Hay fuego?

MAMÁ: Pablo ha perdido el móvil.

[Pausa. PAPÁ asimila la situación con la misma gravedad que si hubiera un incendio.]

PAPÁ: Ah. (pausa) Ah.

PABLO: De verdad, es solo un móvil, lo busco yo solo...

MAMÁ: ¿Cuándo lo viste por última vez?

PABLO: Hace como veinte minutos.

MAMÁ: ¡Veinte minutos! Carlos, esto es grave.

PAPÁ: Muy grave. Necesitamos un plan de búsqueda sistemático. (señala el suelo) Cuadrantes.

PABLO: ¿Cuadrantes?

PAPÁ: Dividimos la casa en cuadrantes y cada uno busca el suyo. Metodología militar. (ya va hacia el pasillo) Esperad, tengo algo en el trastero.

PABLO: Papá, de verdad...

[PAPÁ desaparece. MAMÁ ya está mirando detrás de los cojines con una linterna.]

MAMÁ: ¿Lo has llamado desde el fijo?

PABLO: No tenemos fijo desde 2019.

MAMÁ: (sin escuchar) Voy a revisar la nevera.

PABLO: ¿La nevera? ¿Por qué iba a estar en la nevera?

MAMÁ: El otro día encontré el mando de la tele en el cajón de las cebollas. En esta casa pasan cosas.

[MAMÁ va hacia la cocina. Entra ELENA, la hermana pequeña, con su muñeca bajo el brazo.]

ELENA: ¿Qué buscáis?

PABLO: El móvil. No lo encuentro. Pero no te metas, que tú eres pequeña.

ELENA: Yo sé buscarcosas. Soy muy buena.

PABLO: No necesito ayuda.

ELENA: (con total seriedad) Le pregunto a Señorita Pepona. Ella lo sabe todo.

PABLO: Tu muñeca no lo sabe todo.

ELENA: (ya le está hablando a la muñeca al oído, muy concentrada) Señorita Pepona dice que mires donde siempre lo pierdes.

PABLO: ¡Si supiera dónde siempre lo pierdo, lo habría encontrado ya!

[Se escucha una voz desde el fondo de la casa. Entra la ABUELA despacio, con su rosario en la mano.]

ABUELA: ¿Qué escándalo es este? Casi me caigo de la silla del susto.

MAMÁ: (voz desde cocina) ¡Nada, mamá, que Pablo ha perdido el móvil!

ABUELA: (persignándose) Ay, Dios mío. Ya decía yo que esos aparatos traen mal fario.

PABLO: Abuela, el móvil no tiene fario.

ABUELA: Todo lo que brilla y pita tiene fario, Pablo. (saca el rosario) Voy a rezar un rosario.

PABLO: ¡Abuela, no hace falta rezar un rosario para encontrar un móvil!

ABUELA: (ya rezando en voz baja, sin hacerle caso) Santa Tecla, patrona de las comunicaciones modernas...

[Vuelve PAPÁ desde el pasillo. Trae un detector de metales de juguete, de esos de plástico naranja para la playa, con una pegatina de estrella.]

PABLO: Papá. Eso es un detector de metales de juguete.

PAPÁ: (con total seriedad) Es un detector de metales de precisión con tecnología de última generación.

PABLO: Tiene una pegatina de Bob Esponja.

PAPÁ: (sin inmutarse) Los mejores aparatos tienen pegatinas de Bob Esponja. (lo enciende, hace un pitido de juguete) ¿Ves? Funciona.

[PAPÁ empieza a pasear el detector por el salón muy solemnemente. Cada vez que pita cerca de cualquier metal, se detiene y mira triunfante.]

PAPÁ: Aquí hay algo.

PABLO: Son las llaves de casa, papá.

PAPÁ: (anotando en un papel imaginario) Eliminado. Continúo.

[MAMÁ vuelve de la cocina con cara de concentración.]

MAMÁ: No está en la nevera. Pero sí encontré el ratón del ordenador, que llevaba dos semanas desaparecido.

PABLO: ¿Por qué estaba el ratón en la nevera?

MAMÁ: Ya te dije que en esta casa pasan cosas.

ELENA: (consultando a la muñeca) Señorita Pepona dice que no está en la cocina.

MAMÁ: Dile a Señorita Pepona que ya lo sé.

ELENA: (al oído de la muñeca) Mamá ya lo sabe. (escucha) Pepona dice que revises los zapatos.

PABLO: ¿Los zapatos? ¡¿Quién mete un móvil en los zapatos?!

ELENA: Pepona no da explicaciones. Solo da respuestas.

[ABUELA sigue rezando en el rincón. PAPÁ explora bajo el sofá con el detector.]

PAPÁ: (desde el suelo) Aquí hay actividad magnética significativa.

PABLO: ¡Es el muelle del sofá, papá!

PAPÁ: No lo descartemos.

[MAMÁ empieza a mirar detrás de los cuadros de la pared.]

PABLO: Mamá, ¿qué haces?

MAMÁ: A veces las cosas se caen detrás de los cuadros.

PABLO: ¡Un móvil no flota hasta detrás de un cuadro!

MAMÁ: ¡El año pasado encontré una tostada detrás del cuadro grande del pasillo!

PABLO: ¡Eso fue Elena!

ELENA: (sin mirar) Yo no fui.

MAMÁ: Pepona, ¿fuiste tú?

ELENA: Pepona no responde preguntas sobre tostadas.

[La situación está en pleno caos. PAPÁ sigue con el detector. ABUELA reza. MAMÁ mira detrás de cuadros. ELENA consulta a la muñeca. PABLO está en el centro, mirando a su familia con expresión de desesperación creciente.]

PABLO: (a punto de gritar) ¡PARAD! ¡Parad todos un momento! ¡Esto es una locura! ¡El móvil no está en la nevera, no está detrás de los cuadros, no lo va a encontrar Señorita Pepona, y el detector de Bob Esponja no sirve para nada! ¡Lo busco yo solo, en silencio, sin ayuda de nadie!

[Todos se detienen y lo miran. Silencio total.]

ABUELA: (tras una pausa) ¿Has mirado en tus bolsillos?

[Pausa muy larga. PABLO baja la vista muy despacio hacia su pantalón. Mete la mano en el bolsillo trasero. Saca el móvil. La pantalla está llena de notificaciones. Lleva veinte minutos vibrando.]

PABLO: (en voz muy baja) Estaba en mi bolsillo trasero.

[Silencio.]

MAMÁ: (sin alterarse) Ya decía yo que había que revisar los bolsillos.

PAPÁ: El detector lo detectó. Yo lo vi vibrar en esta dirección.

ELENA: Señorita Pepona lo sabía desde el principio. Dijo "donde siempre lo pierdes".

ABUELA: (guardando el rosario con dignidad) Santa Tecla nunca falla.

PABLO: (mirando al público) Llevo veinte minutos con el móvil en el bolsillo.

[Pausa.]

PABLO: Veinte minutos.

[Telón.]

Notas para la puesta en escena

El humor de esta obra se basa en el contraste entre la pequeñez del problema y la enormidad de la reacción familiar. Es importante que cada personaje esté completamente convencido de que su método es válido: el padre nunca debe parecer que hace el tonto a propósito, y la madre debe buscar detrás de los cuadros con total seriedad. Cuanto más en serio se lo toman los adultos, más gracioso resulta.

ELENA y la muñeca Señorita Pepona son el corazón cómico de la obra. La actriz que interprete a Elena debe hablar con la muñeca con absoluta concentración, como si realmente estuviera transmitiendo mensajes importantes. Las respuestas de Pepona deben decirse con solemnidad, nunca como chiste. El detector de metales de juguete puede hacerse con cualquier palo o tubería de cartón pintada, con alguna pegatina infantil pegada. El sonido puede hacerlo el propio actor con la boca.

Para el desenlace, la clave es la pausa larga antes de que Pablo meta la mano en el bolsillo. El público ya sospechará lo que va a pasar, y esa anticipación es parte de la gracia. La reacción final de cada personaje reclamando el mérito del descubrimiento debe solaparse ligeramente, como si todos hablaran a la vez, y Pablo debe mirar al público en silencio mientras el caos continúa a su alrededor.

Eva Andrés Vicente
Eva Andrés Vicente
Licenciada en Filología Clásica por la Universidad Complutense de Madrid (2007). Profesora de clases particulares de latín, griego y lengua española entre 2006 y 2009. Creadora de contenidos online desde mayo de 2021.