El examen del siglo
El examen del siglo parte de una situación que cualquier estudiante reconoce: el pánico de los minutos previos a recibir una nota que no promete nada bueno. Pero en esta obra, el pánico tiene un motivo muy concreto: los cinco protagonistas descubren, uno por uno, que todos copiaron las respuestas del mismo compañero, que resulta ser el menos indicado de toda la clase.
La obra captura con humor la lógica de las decisiones apresuradas: todos hicieron lo mismo, todos pensaron que nadie se enteraría, y todos están ahora en el mismo apuro. La escalada de revelaciones es el motor del humor: cada personaje que descubre la verdad reacciona distinto, y la situación se vuelve más caótica con cada nuevo "y yo también".
Debajo de las carcajadas hay una reflexión sencilla: los atajos suelen ser más complicados que el camino directo. Aunque en esta obra esa lección llega, inevitablemente, demasiado tarde.
Personajes:
- MARCOS: estudiante nervioso, el primero en darse cuenta de todo, tiende al pánico
- SOFÍA: estudiante organizada y mandona, le cuesta admitir errores
- DIEGO: el chulito de la clase, siempre tiene una excusa para todo
- VALENTINA: optimista empedernida, ve el lado positivo hasta de las catástrofes
- LUCAS: el más despistado de la clase, no tiene ni idea de lo que está pasando
Duración aproximada: 10-12 minutos
Lugar: Un aula de colegio. Cinco pupitres en semicírculo. En la pizarra, escrito: "EXÁMENES — HOY SE DEVUELVEN."
Materiales necesarios: Cinco mochilas, papeles (los exámenes), un bolígrafo, una silla de profesor, una carpeta grande para el profesor.
Sinopsis
Antes de que llegue el profesor a devolver los exámenes de historia, cinco estudiantes descubren con horror creciente que todos copiaron las respuestas del mismo compañero: Lucas, el peor de la clase. La situación escala hasta el ridículo absoluto mientras intentan fabricar excusas imposibles. Cuando llega el profesor, la sorpresa final resulta ser más humillante de lo que nadie esperaba.
La obra
[El aula está vacía. Entran MARCOS y SOFÍA hablando. MARCOS lleva la mochila colgada de un solo hombro y parece inquieto. SOFÍA lleva su carpeta bien ordenada bajo el brazo.]
MARCOS: Sofía, ¿tú cómo ves el examen de ayer?
SOFÍA: Bien. Bueno... razonablemente bien. Bueno... dentro de lo que cabe.
MARCOS: ¿Eso qué significa?
SOFÍA: Significa que no me preguntes más sobre el tema.
[Entra DIEGO con los auriculares puestos, muy tranquilo. Se los quita al ver a los demás.]
DIEGO: ¿Ya estáis con el drama del examen? Yo lo veo fenomenal. Tenía todas las respuestas, no me preocupa nada.
MARCOS: ¿De verdad? ¿Todas?
DIEGO: Bueno, las que importan. Y las otras... también las tenía. Más o menos.
SOFÍA: ¿De dónde las sacaste?
DIEGO: (pausa larga) Del libro.
SOFÍA: Claro.
[Entra VALENTINA dando saltitos, con una enorme sonrisa.]
VALENTINA: ¡Buenos días a todos! Qué día tan bonito, ¿verdad? El sol entra por la ventana, los pájaros cantan, hoy nos devuelven los exámenes...
MARCOS: ¿Cómo puedes estar tan contenta?
VALENTINA: Porque soy positiva, Marcos. La actitud lo es todo. Además, copié... quiero decir, repasé bien antes de entrar.
SOFÍA: ¿Copiaste?
VALENTINA: (escandalizadísima) ¡Qué dices! Repasé. Mentalmente. En el pasillo. Las notas de Lucas.
[Pausa. MARCOS y SOFÍA se miran.]
MARCOS: Un momento. ¿Las notas de Lucas?
VALENTINA: Sí, me las pasó por el chat la noche anterior. Muy completas, por cierto.
SOFÍA: (con voz extraña) Yo también usé... las notas de Lucas.
MARCOS: (palideciendo) Yo también.
DIEGO: (quitándose las gafas de sol imaginarias) Esperad. ¿Lucas os pasó un documento por el grupo?
TODOS: Sí.
[Silencio sepulcral. Entra LUCAS, tarareando, con una mochila enorme y un bocadillo a medio comer.]
LUCAS: ¡Buenas! ¿De qué habláis?
MARCOS: Lucas. El documento que nos mandaste anoche. El de historia.
LUCAS: ¡Ah, sí! ¿Os gustó? Lo encontré guardado en mis carpetas.
SOFÍA: ¿Lo encontraste?
LUCAS: Sí, buscando los deberes de mates topé con él. Pensé: "Qué bien, apuntes de historia", y lo mandé al grupo. ¡Soy muy solidario!
[Pausa dramática.]
DIEGO: Lucas. ¿Tú estudiaste para el examen de ayer?
LUCAS: (pensando mucho) Pues... la verdad es que no. Me quedé dormido. Pero no importa, respondí lo que pude.
VALENTINA: (con la sonrisa cada vez más forzada) ¿Y qué pusiste en la pregunta tres, la de la Revolución Francesa?
LUCAS: Puse lo que sabía: que la guillotina era muy práctica para cortar verduras.
[Silencio absoluto. MARCOS empieza a respirar muy rápido.]
MARCOS: Eso... eso es lo que puse yo.
SOFÍA: Y yo.
DIEGO: Y yo. Con un dibujito de una zanahoria que creí que quedaba bien.
VALENTINA: (aún intentando ser positiva) Bueno... igual el profe valora la... la creatividad culinaria...
LUCAS: ¡Ah, y en la pregunta de Napoleón puse que era bajito pero muy simpático y que tenía un perro llamado Pepito!
MARCOS: (enterrando la cara en las manos) Yo puse lo mismo.
SOFÍA: Yo añadí que el perro era de color marrón.
DIEGO: Yo dije que se llamaba Pepito Segundo.
VALENTINA: (la sonrisa ya casi no existe) Yo… puse que tenía dos perros.
[LUCAS los mira a todos con genuina curiosidad.]
LUCAS: Oye, ¡qué casualidad que todos penséis lo mismo! Será que es la respuesta correcta, ¿no?
MARCOS: ¡NO, LUCAS! ¡No es la respuesta correcta! ¡Te inventaste todo!
LUCAS: Bueno, bueno, no te pongas así...
SOFÍA: (en modo planificación de emergencia) Vale, todos calmados. Necesitamos una estrategia. Si el profesor nota que todos tenemos las mismas respuestas inventadas, sospecharán que copiamos.
DIEGO: ¿Y qué hacemos? ¿Decimos que fue telepáticamente?
SOFÍA: Podríamos decir que... que es una coincidencia estadística.
VALENTINA: ¡O que estudiamos juntos! Eso es perfectamente normal.
MARCOS: ¿Estudiamos juntos y todos llegamos a la conclusión de que Napoleón tenía un perro llamado Pepito?
VALENTINA: (desesperada) ¡Quizá Pepito es una respuesta más común de lo que parece!
LUCAS: Yo conozco tres perros que se llaman Pepito.
MARCOS: ¡Eso no es relevante, Lucas!
[DIEGO empieza a caminar en círculos, nervioso.]
DIEGO: Podemos decir que el examen estaba mal formulado. Que las preguntas eran ambiguas y que, inevitablemente, alguien que conoce bien la historia llegaría a las mismas respuestas.
SOFÍA: Diego, la pregunta era "¿En qué año comenzó la Revolución Francesa?" y nosotros pusimos "un martes por la tarde".
DIEGO: (sin inmutarse) Un martes por la tarde de 1789. Muy específico.
VALENTINA: Oye, ¿y si decimos que fue un experimento? Como... un experimento social sobre la memoria colectiva.
MARCOS: Valentina, tenemos trece años.
VALENTINA: ¡Los genios empiezan jóvenes!
[LUCAS termina su bocadillo plácidamente.]
LUCAS: Oye, yo no sé por qué estáis tan nerviosos. A mí me fue bien el examen.
TODOS: (volteándose hacia él) ¿QUÉ?
LUCAS: Sí, yo puse cosas diferentes a las del documento. Encontré otra cosa en internet y la copié directamente. Datos reales y todo.
[Pausa larga y dolorosa.]
SOFÍA: Nos mandaste tus apuntes del año pasado, ¿verdad?
LUCAS: (pensando) Ahora que lo dices... la carpeta decía "Historia 5º". Y estamos en 6º. Pero bueno, la historia no cambia, ¿no?
[Se abre la puerta. Entra el PROFESOR con una pila de exámenes. Todos se sientan inmediatamente y ponen cara de inocencia total.]
PROFESOR: Buenos días. Traigo los exámenes corregidos. En general... ha sido una experiencia muy interesante.
[Va repartiendo. Las caras de los estudiantes van cayendo al suelo según reciben sus notas.]
PROFESOR: Marcos, un tres. Sofía, un tres. Diego, un tres con un punto extra por la zanahoria, que me pareció un detalle artístico. Valentina, un tres.
[Se detiene delante de LUCAS y sonríe.]
PROFESOR: Lucas. Un diez.
[Silencio de película de terror.]
LUCAS: (completamente sorprendido) ¿Yo?
PROFESOR: Encontré tus respuestas en una enciclopedia en línea. Están copiadas literalmente, lo cual normalmente sería un problema... pero dado que los demás parecen haber copiado tus redacciones del año pasado sobre los usos domésticos de la guillotina, diría que tú eres el menos creativo y, paradójicamente, el único que aprobó.
[LUCAS mira a sus compañeros. Sus compañeros lo miran a él. LUCAS sonríe despacio, sin entender del todo qué ha pasado.]
LUCAS: Oye... ¿os debo un helado o algo?
[Telón.]
Notas para la puesta en escena
El humor de esta obra depende casi por completo del ritmo: cada revelación debe tener una pausa antes de la reacción. El director o directora debe trabajar con los actores para que cada "y yo también" llegue con un instante de silencio previo, como si el personaje acaba de darse cuenta. La escalada funciona mejor si los primeros momentos son casi cotidianos y el pánico va creciendo gradualmente hasta el caos total en el centro de la obra.
LUCAS debe interpretarse como un personaje genuinamente inocente, no como alguien que hace las cosas a propósito. Su tranquilidad absoluta frente al pánico de los demás es la fuente principal del humor. Puede comer su bocadillo con total calma mientras el mundo se derrumba a su alrededor. Para el vestuario, basta con que cada personaje lleve algo que defina su carácter: Sofía con una carpeta impecable, Diego con algo un poco más chulo, Valentina con colores alegres, Marcos sin nada en orden.
El PROFESOR no necesita ser un papel largo, pero sí debe tener una presencia tranquila y ligeramente irónica. La frase final sobre la zanahoria puede decirse completamente en serio, lo cual es más gracioso que si parece un chiste. El reparto de notas debe hacerse despacio, dejando que la audiencia anticipe cada reacción.