El trabajo en equipo
El trabajo en equipo empieza con una premisa que muchos estudiantes conocen bien: el trabajo grupal se entrega hoy y, por algún motivo que nadie sabe explicar del todo, nadie lo hizo. Cada integrante del grupo llegó al aula convencido de que los demás sí lo habían hecho, y cuando descubren la realidad, empieza la negociación más creativa del año.
La obra retrata con precisión cómica la dinámica del trabajo grupal: las excusas elaboradas, la culpabilización mutua, la improvisación desesperada y esa capacidad humana de inventar explicaciones con total convicción cuando no hay otra opción. Cada personaje tiene su propio estilo de crisis, y la combinación hace que la presentación resultante sea un espectáculo dentro del espectáculo.
Hay una lección entre tanta excusa: la falta de organización es divertida en el teatro, pero bastante más cara en la realidad. Una obra ideal para hablar de responsabilidad sin que parezca un sermón.
Personajes:
- ANDREA: estudiante perfeccionista en teoría, en la práctica igual de desastre que los demás, pero lo disimula muy bien
- TOMÁS: estudiante relajado, convencido de que todo saldrá bien sin saber muy bien por qué
- PAULA: la más creativa del grupo, sus improvisaciones se van a sitios inesperados
- SERGIO: el más nervioso, cuanto más improvisa más se enreda
- PROFESORA: aparentemente ajena al caos, aunque cada vez más difícil de creer
Duración aproximada: 10-12 minutos
Lugar: Un aula escolar. Pizarra al fondo, pupitres, mesa de la profesora.
Materiales necesarios: Cuadernos, bolígrafos, un puntero (o regla), una silla de profesora, folios en blanco para fingir que son el trabajo.
Sinopsis
El día de la presentación del trabajo grupal de historia, cada uno de los cuatro estudiantes llega convencido de que los demás lo hicieron. Cuando se descubre el vacío total, comienza la improvisación más desastrosa del año escolar: cada alumno inventa su parte sobre la marcha, con información completamente contradictoria entre sí. La profesora observa con una calma cada vez más sospechosa.
La obra
[El aula. TOMÁS está sentado muy tranquilo. Entra ANDREA con paso decidido, carpeta bajo el brazo y cara de quien tiene todo controlado.]
ANDREA: Buenos días, Tomás. ¿Tienes ya todo preparado para la presentación?
TOMÁS: Clarísimo. Todo perfecto.
ANDREA: Bien. ¿Y cuál es tu parte?
TOMÁS: La mía es... la parte del medio.
ANDREA: ¿La parte del medio de qué?
TOMÁS: Del trabajo.
ANDREA: (pausa) Tomás. ¿Hiciste el trabajo?
TOMÁS: (pausa más larga) Definamos "hacer".
[Silencio. ANDREA lo mira fijamente. Entra PAULA a toda velocidad, mochila al hombro, con aire de quien acaba de correr.]
PAULA: ¡Perdón, perdón, vengo de imprimir el trabajo!
ANDREA: (aliviada) ¡Paula! Menos mal. ¿Lo tienes?
PAULA: (buscando en la mochila) Lo tengo aquí... aquí... lo tenía... (saca un folio en blanco) Ah.
ANDREA: Eso está en blanco.
PAULA: Es que se quedó sin tinta la impresora.
ANDREA: ¿Y el archivo?
PAULA: (larga pausa) ¿Cuál archivo?
ANDREA: El archivo del trabajo, Paula.
PAULA: Ah, ese archivo. Sí, ese... (otra pausa) No lo hice.
TOMÁS: (asintiendo) Yo tampoco.
ANDREA: (respirando muy despacio) ¿Nadie hizo el trabajo?
[Entra SERGIO corriendo, sin aliento, con la mochila medio abierta.]
SERGIO: ¡Estoy aquí! ¡Llegué! ¿Empezamos ya?
ANDREA: Sergio. El trabajo de historia. ¿Lo tienes?
SERGIO: (orgulloso) Claro que sí. Bueno... lo tenía. Bueno... lo empecé. La primera línea.
ANDREA: ¿La primera línea?
SERGIO: Puse el título. "Trabajo de Historia." Muy profesional.
ANDREA: (cerrando los ojos) Nadie. Ninguno. Cero. Trabajo. Hecho.
TOMÁS: (levantando el dedo) Yo estaba seguro de que tú lo hacías, Andrea.
PAULA: Yo también.
SERGIO: Yo puse el título porque pensé que lo demás ya estaba.
ANDREA: (abriendo los ojos) Yo esperaba que alguien más empezara para coordinarnos.
[Silencio de cuatro personas mirándose.]
TOMÁS: ¿Y el trabajo de qué era exactamente?
ANDREA: La Revolución Industrial. Siglo diecinueve.
TOMÁS: Ah. (pausa) Eso sé algo.
PAULA: Yo también sé algo.
SERGIO: Yo sé el título.
ANDREA: La profesora llega en cinco minutos.
TOMÁS: Podemos improvisarlo.
ANDREA: ¿Improvisarlo? ¿Un trabajo de historia?
TOMÁS: (con total confianza) Llevamos años viendo documentales. Algo habremos absorbido.
[Se abre la puerta. Entra la PROFESORA con su cuaderno de notas. Todos se sientan inmediatamente con cara de estudiantes perfectos.]
PROFESORA: Buenos días. ¿Listos para la presentación del trabajo grupal sobre la Revolución Industrial?
TODOS: (demasiado entusiastas) ¡Sí, profesora!
PROFESORA: Estupendo. ¿Quién empieza?
[Nadie se mueve. ANDREA, con una sonrisa fija, se levanta despacio.]
ANDREA: Empiezo yo. Con... la introducción.
[ANDREA se coloca delante. Tiene el folio en blanco de Paula. Lo sostiene como si leyera de él.]
ANDREA: La Revolución Industrial fue un período muy... revolucionario. E industrial. Que ocurrió en... el pasado. Específicamente, en Inglaterra, que está en Europa, que como todos sabemos es un continente.
PROFESORA: (anotando, sin mirarla) Continúa.
ANDREA: En esta época, la gente dejó de hacer cosas a mano y empezó a hacerlas con máquinas. Lo cual fue un cambio. Muy grande. (pausa) Y así termina la introducción. Tomás.
[Se sienta fulminantemente. TOMÁS se levanta con calma absoluta.]
TOMÁS: Gracias, Andrea. Yo voy a hablar de las máquinas. Las máquinas de vapor, concretamente. El vapor, como todos sabemos, sale cuando hierve el agua. (pausa) Y con ese vapor, los ingleses hicieron trenes. Y con los trenes, la gente fue a sitios. Muchos sitios. Antes no iban a esos sitios, y después sí. Ese fue el cambio principal.
PROFESORA: (anotando) Muy... concreto. ¿Y algún inventor destacado?
TOMÁS: (sin dudar) James Watt.
PROFESORA: Correcto. ¿Qué inventó?
TOMÁS: (pausa breve) El vatio.
PROFESORA: ¿El vatio?
TOMÁS: Y otras cosas. Muchas otras cosas. (mira a Paula) Paula.
[PAULA se levanta con energía creativa. Toma el folio en blanco y lo sostiene con las dos manos.]
PAULA: Yo voy a hablar de los trabajadores. En la Revolución Industrial, los trabajadores trabajaban mucho. Más de lo razonable. Trabajaban en fábricas, que eran lugares con mucho ruido y poca ventana. Los niños también trabajaban, lo cual era muy injusto y por eso luego la gente protestó. Las protestas se llamaban... (inventa) Los Rompeventanas.
SERGIO: (en voz baja) Los Ludistas.
PAULA: Los Ludistas, exacto, que yo iba a decir eso. Los Ludistas rompían las máquinas porque pensaban que les quitaban el trabajo, lo cual tenía cierta lógica si lo piensas bien. (al público) ¿Verdad? (a la profesora) Y con eso termino mi parte. Sergio.
[SERGIO se levanta. Está visiblemente sudando.]
SERGIO: Yo... yo tengo la parte de las consecuencias. Las consecuencias de la Revolución Industrial fueron... muchas. Y variadas. Principalmente económicas. Y también sociales. Y un poco... geográficas. Las ciudades crecieron porque la gente del campo fue a las ciudades a trabajar en las fábricas. Y entonces las ciudades eran muy grandes y olían mal. (se le va) Porque no había alcantarillado moderno. Bueno, había algo, pero no mucho. El alcantarillado moderno de Londres se construyó en 1858 después de el Gran Hedor, que fue cuando el río Támesis olía tan mal que el Parlamento tuvo que cerrar. Eso sí lo sé porque lo vi en un documental de canal Historia y me pareció muy interesante.
[Pausa. Sergio se da cuenta de que se le ha ido completamente.]
SERGIO: Y... eso fue una consecuencia. Del capitalismo. Industrial. Fin.
[Se sienta. Silencio. La PROFESORA levanta la vista de sus notas muy despacio.]
PROFESORA: Interesante presentación.
ANDREA: (nerviosa) ¿Le ha parecido bien?
PROFESORA: He tomado muchas notas. (pausa) Por ejemplo: Andrea, me ha gustado que definieras la Revolución Industrial como "revolucionaria e industrial". Es una definición que nunca había escuchado.
ANDREA: Es que intenté ser... accesible.
PROFESORA: Tomás, dijiste que James Watt inventó el vatio.
TOMÁS: Y otras cosas.
PROFESORA: En efecto. Principalmente, perfeccionó la máquina de vapor. El vatio lleva su nombre, pero él no lo inventó, igual que Newton no inventó los Newtons de Fig.
TOMÁS: (asintiendo como si eso confirmara su argumento) Exactamente lo que iba a decir.
PROFESORA: Paula, los Ludistas no se llamaban "Los Rompeventanas".
PAULA: Ya, eso lo dije mal. Lo dije bien después.
PROFESORA: Lo dijiste bien después porque Sergio te lo sopló.
PAULA: (pausa) Fue... colaboración en equipo.
PROFESORA: (mirándolos a los cuatro) Y Sergio, lo del Gran Hedor de Londres de 1858 es completamente correcto y bastante más detallado que todo lo demás junto.
SERGIO: (sorprendido) ¿Sí?
PROFESORA: Sí. (abre su cuaderno) Así que la nota del grupo es un cuatro. Aprobado por los pelos, principalmente gracias al río Támesis.
[Pausa. Los cuatro se miran.]
SERGIO: Oye... ¿os debo algo?
[ANDREA, TOMÁS y PAULA lo miran. ANDREA abre la boca. La cierra. La vuelve a abrir.]
ANDREA: Nos debes el trabajo entero para la semana que viene.
PROFESORA: (ya saliendo) Eso también. Escrito. Con fuentes.
[Telón.]
Notas para la puesta en escena
El éxito de esta obra depende de que las improvisaciones de los personajes suenen genuinamente improvisadas, no ensayadas. Los actores deben practicar las pausas: esas fracciones de segundo en que el personaje busca la siguiente palabra y no la encuentra son donde vive el humor. ANDREA en particular debe empezar muy segura y desinflarse progresivamente, sin que su fachada de control llegue a romperse del todo.
TOMÁS debe tener una calma sobrenatural que contraste con el nerviosismo de SERGIO. La escena de Sergio hablando del Gran Hedor puede jugarse como un momento en que el personaje, sin querer, entra en su zona de confort y se transforma: de nervioso desastre a pequeño experto apasionado. Ese cambio de registro es cómico y además tiene un punto entrañable.
La PROFESORA es el personaje más difícil de calibrar: debe quedar ambiguo hasta el final si sabe o no lo que está pasando. Si lo sabe y los deja continuar, es más perversa y más graciosa. Si no lo sabe, el desenlace también funciona. El director puede decidir con la actriz qué interpretación usar, o incluso dejar que el público decida. Para el vestuario, los estudiantes no necesitan nada especial; la profesora puede llevar algo ligeramente más formal para marcar la diferencia.