20 pinturas surrealistas explicadas


Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

El surrealismo fue un movimiento vanguardista que surgió en 1924 tras la publicación del Manifiesto surrealista de André Breton. Inspirado en el psicoanálisis, procuraba la representación del subconsciente en el arte por medio de la imaginación y el automatismo. A este movimiento se acogieron artistas como Salvador Dalí, Man Ray, Joan Miró y René Magritte.

Sin embargo, antes y después de esta vanguardia, lo surreal ha estado presente en muchos artistas que evocan el mundo onírico, la fantasía, la imaginación, las asociaciones ocurrentes y la improvisación. Este artículo recoge una lista de 20 pinturas surrealistas, la mayoría de ellas inscritas en el movimiento. Se incluyen también algunas que, o bien han sentado un precedente, o bien han recibido su influencia.

1. La persistencia de la memoria, Salvador Dalí

pinturas surrealistas
Salvador Dalí: La persistencia de la memoria. 1931. Óleo sobre lienzo. 24 cm x 33 cm. MoMA, Nueva York.

El cuadro La persistencia de la memoria de Salvador Dalí es una referencia fundamental del surrealismo y, en particular, del trabajo de este pintor. Al fondo, vemos un paisaje que nos recuerda el trazo leonardesco. La luz es un elemento característico de Dalí. En el primer plano, los relojes blandos anuncian la relatividad del tiempo. El espacio también se relativiza por medio de luces contrarias. Una figura informe yace en la superficie del universo pictórico. Algunos ven en ella rasgos del rostro de Dalí.

2. Los elefantes, Salvador Dalí

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Salvador Dalí: Los elefantes. 1948. Óleo sobre lienzo. 49 x 60 cm.

Dalí sorprende en este lienzo por el protagonismo del vacío enmarcado por dos grandes elefantes de patas extremadamente finas y larguiduchas, como de insectos. Con ello, la fuerza asociada a estos animales se enfrenta a una paradoja. Sobre sus lomos, flotan dos obeliscos derruidos.

bernini
Bernini: Elefante y obelisco. Siglo XVII. Plaza de Minerva (Roma).

Se trata de una referencia a la escultura de Bernini de la Plaza de Minerva (Roma). Para los barrocos, el obelisco era un símbolo de sabiduría, y el elefante, era el símbolo de la robustez necesaria para cargar con ella. En el lienzo daliniano, abajo, dos figuras antropomorfas lucen diminutas e insignificantes al lado de los portentos paquidermos.

3. El gran masturbador, Salvador Dalí

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Salvador Dalí: El gran masturbador. 1929. Óleo sobre lienzo. 110 x 150 cm. Museo Reina Sofía, Madrid.

Todo el cuadro suscribe el programa del surrealismo, nutrido por las teorías del psicoanálisis, especialmente del subconsciente y la libido. Dalí expone algunos símbolos recurrentes del pintor: hormigas, una langosta, un paisaje marino y un león son algunos de ellos. La escena es una alegoría sexual compleja que mezcla símbolos del deseo con los símbolo de la pureza (lirio), lo que le permite exponer un tema tabú en su generación: la autocomplacencia.

4. Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil), de Salvador Dalí

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Salvadir Dalí: Construcción blanda con judías hervidas (Premonición de la guerra civil). 1936. Óleo sobre lienzo. 100 × 99 cm. Museo de Arte de Filadelfia.

Construcción blanda con judías hervida o Premonición de la guerra civil es un lienzo particularmente conmovedor. Nos presenta un mismo cuerpo desgarrado en dos mitades que, aun así, parecen agredirse una a la otra. En el suelo se ve un puñado de judías hervidas (habichuelas o frijoles), quizá símbolo de la carestía que reinaba en España, quizá símbolo de lo "indigerible" del conflicto. Esta representación de un cuerpo desmembrado es la alegoría de la guerra civil.

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5. La traición de la imagen (Esto no es una pipa), de René Magritte

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René Magritte: La traición de la imagen (Esto no es una pipa). 1929. Óleo sobre lienzo. 63 x 93 cm. Museo de Arte del Condado de los Ángeles. EE.UU.

René Magritte juega en este lienzo con la teoría de los signos. Mediante el uso de imágenes y palabras, da cuenta de la inadecuación del signo a su referente: la pipa pintada en el lienzo no es una pipa verdadera, pero tampoco lo es la palabra "pipa". Imagen y palabra son solo representaciones que sustituyen la verdadera realidad. Da un golpe teórico al concepto del arte occidental, basado en la imitación de la naturaleza y se pone a las puertas del arte conceptual.

6. La lámpara filosófica, de René Magritte

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René Magritte: La lámpara filosófica. 1936. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

En la composición dominan dos elementos: un hombre que fuma una pipa al mismo tiempo que esta se cierra sobre su nariz; y una vela encendida que se derrite abrazando una mesa. La composición pareciera acusar la "autorreferencialidad del pensamiento". De acuerdo con la investigadora María Ángeles Arenal García, en su trabajo titulado Magritte, el cazador de las similitudes perdidas:

El fumador, que dirige al espectador una patética mirada de autocompasión, es claramente Magritte, que al denunciar la circularidad de su pensamiento nos revela indirectamente la fertilidad de su imaginación, que tiene el poder de transformar una vela en una forma ágil y mórbida y el acto de fumar en una metáfora de la indagación filosófica.

7. Hijo de hombre, de René Magritte

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René Magritte: Hijo del hombre. 1964. Óleo sobre lienzo. Colección privada.

En Hijo del hombre, Magritte ha interpuesto una manzana entre el rostro del personaje y el espectador. La identidad del hombre permanece oculta. La manzana aparece recurrentemente en la obra de Magritte, unas veces asociada a "la idea" y otras como fruto del conocimiento y la libertad, así como el fruto bíblico que contiene el conocimiento del bien y del mal. El nombre de la obra, Hijo del hombre, es una referencia bíblica.

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8. La hora del observatorio - Los amantes, de Man Ray

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Man Ray: La hora del observatorio - Los amantes. 1934. Óleo sobre lienzo. 100 x 250,4 cm.

Man Ray incursionó en el dadaísmo y el surrealismo. En esta obra, trabaja con los elementos eróticos en alusión al psicoanálisis freudiano. El lienzo toma la mitad de su nombre del servicio telefónico que proporciona la hora del Observatorio. En efecto, en la franja inferior vemos el observatorio que Man Ray decía contemplar a diario en sus paseos por los jardines de Luxemburgo. Suspendido en el cielo vemos un par de labios, alegoría de los cuerpos amantes unidos. Se subraya así la plenitud de la hora o el tiempo del amor.

9. Ecuación shakespeariana, La duodécima noche, de Man Ray

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Man Ray: Ecuación shakespeariana, La duodécima noche. 1948. Óleo sobre lienzo. 86,6 x 76,5 cm. Museo Hirshhorn y Jardín de Esculturas, Smithsonian Institution.

Man Ray presenta un lienzo inspirada en la comedia de Shakespeare La duodécima noche (Twelfth Night), obra conocida también como Noche de reyes. Asocia objetos sin relación aparente entre sí, y crea hilos complejos, tal como las relaciones de los personajes shakespearianos. Entre esos objetos sobresalen un huevo de avestruz y un objeto fálico que son, a la vez, referencias a otras obras de Ray. El pintor subraya la interreferencialidad con este gesto, tanto en la relación literatura y pintura, como en la pintura misma.

10. Yo y la aldea, de Marc Chagall

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Marc Chagall: Yo y la aldea, 1911. Óleo sobre lienzo. 192.1 x 151.4 cm. MoMA, Nueva York.

Marc Chagall no puede ser circunscrito a un movimiento específico. Su obra puede ser considerada, hasta cierto punto, como un antecedente del surrealismo en la medida en que está dotada de elementos oníricos e imaginativos. En este lienzo, un rostro verde contempla una vaca, símbolo materno. La escena se completa con referencias al orden cotidiano de la infancia, entretejidas en una atmósfera onírica y colorida.

11. Celebes, de Max Ernst

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Max Ernst: Celebes. 1921. Óleo sobre lienzo. 125 x 107 cm. Tate Modern, Londres.

Max Ernst fue un artista que también transitó entre el dadaísmo y el surrealismo. En esta obra, imita la técnica del collage al representar las diferentes texturas de los materiales, y al hacer asociaciones aparentemente aleatorias. El fondo deambula entre un cielo y un universo marino. La figura principal, con apariencia elefantiásica, tiene connotaciones sexuales, al igual que la torre derecha, símbolo fálico. Una hipótesis interpretativa sugiere que la corona con cuernos en la trompa del monstruo y el cuerpo femenino aluden al mito del rapto de Europa.

12. Paisaje catalán (El cazador), de Joan Miró

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Joan Miró: Paisaje catalán (El cazador). 1923-1924. Óleo sobre lienzo. 64,8 x 100,3 cm. MoMA, Nueva York.

Joan Miró es considerado uno de los más importantes artistas del surrealismo gracias a la particularidad de sus métodos y estilo. Esta obra destaca por el proceso de síntesis gráfica de los elementos, entre ellos, un campesino o cazador catalán que ha sido resumido en sus atributos: un triángulo con un ojo, bigote y barba, una pipa, una oreja y una barretina. El resto de los elementos nos da cuenta de un paisaje catalán árido y, en la parte inferior, referencia la tradición catalana conocida como el entierro de la sardina.

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13. ¡Mamá, papá está herido!, de Ives Tanguy

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Ives Tanguy: ¡Mamá, papá está herido! 1927. Óleo sobre lienzo. 92 x 73 cm, MoMA, Nueva York.

Ives Tanguy fue parte del círculo de André Breton, y fue considerado un surrealista abstracto. En este lienzo, presenta una escena desolada con figuras dispersas y desproporcionadas entre sí, que llaman aún más nuestra atención al considerar el título: "¡Mamá, papá está herido!". Este juego entre las palabras y la obra pictórica crea un estado mental distinto en el observador, que no encuentra en el lienzo elementos de los que asirse, al menos no en una lectura rápida.

14. Los invisibles, de Yves Tanguy

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Yves Tanguy: Los invisibles. 1951. Óleo sobre lienzo. 987 × 810 mm. Tate Modern, Londres.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Tanguy se fue a vivir a EE.UU. Influido por los estilos y colecciones que conoció, comenzó a implementar figuras con partes biomórficas y partes mecánicas sobre espacios, como en este lienzo. Las figuras, cual fantasmagorías, se erigen sobre un espacio vago e inerte. De acuerdo con los expertos, estas figuras evocan la preocupación de los surrealistas en aquel período por los seres de otro mundo, fenómeno que carece de explicación racional.

15. Autobiografía de un embrión, de Eileen Agar

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Eileen Agar: Autobiografía de un embrión. 1934. Óleo sobre tabla, 91,4 x 213 cm. Tate Gallery.

Eileen Agar es una artista británica. En esta obra, la artista toma en cuenta los postulados del movimiento surrealista. Divide el lienzo en cuatro partes y cuela en ellas reminiscencias del arte griego. También veremos alusiones al arte africano, al Renacimiento, es fin, toda una evocación del patrimonio cultural, según lo define el Tate Modern de Londres, protector de esta pieza. También vemos figuras que parecen células y elementos del mundo biológico.

16. Lo que el agua me trajo, de Frida Kahlo

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Frida Kahlo: Lo que el agua me trajo. 1938. Óleo sobre lienzo. 91 x 70,5 cm. Colección de Daniel Filipacchi. París, Francia.

Frida Kahlo fue una pintora mexicana que ha sido asociada al surrealismo, aunque ella no se percibía a sí misma de este modo. De cualquier manera, el lienzo Lo que el agua me trajo fue precisamente el que le ganó este epíteto, por mano del propio André Breton, curador de su primera muestra en Nueva York. Este lienzo repasa la historia personal de Frida Kahlo: sus raíces culturales y ancestrales, sus enfermedades, sus ideas y su sexualidad.

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17. La columna rota, de Frida Kahlo

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Frida Kahlo: La columna rota. 1944. ‎Óleo en tela montada sobre aglomerado. 40 x 30.7 cm. Colección de Dolores Olmedo Patiño, México.

La columna rota es un lienzo de Frida Kahlo que representa el sufrimiento físico. No solo fue víctima de la poliomielitis y de la fibromialgia, sino que la artista sufrió un accidente en su juventud que le causó severas lesiones en la columna. Frida Kahlo representa ese sufrimiento en este autorretrato en que el torso semidesnudo se abre para mostrar una columna antigua en ruinas, mientras su cuerpo se halla agobiado de pequeños dolores que representan los clavos.

18. Cadáver exquisito

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Cadáver exquisito.

Los surrealistas practicaban frecuentemente una técnica llamada "cadáver exquisito", tomada de la literatura. Un cadáver exquisito consiste en lo siguiente: una persona hace un dibujo espontáneo (autómata) en un segmento del papel. Hecho esto, pliega el papel para ocultar el dibujo y lo pasa a otro participante, quien debe hacer lo mismo en el segmento siguiente. Al final, el papel es desplegado, y se revela una pieza con múltiples figuras que, puestas entre sí, develan los mecanismos del subconsciente. Este ejemplar que presentamos tiene elementos característicos de la pintora y bailarina Valentine Hugo, que usaba fondos negros. Pero se trata de una pieza colectiva, en la que participaron diferentes personalidades como André Breton.

19. Ojos sobre la mesa, de Remedios Varo

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Remedios Varo: Ojos sobre la mesa.1935. Gouache sobre papel.

Remedios Varo es una pintora hispano-mexicana fuertemente influenciada por el surrealismo. En esta pintura vemos el juego imaginativo que separa los ojos de sus gafas con pestañas. Los elementos se encuentran sobre una tabla que flota sobre una superficie de aspecto gramíneo poco denso. Los ojos parecen mirar desde fuera los instrumentos que deberían corregir sus defectos. Entretanto, el espectador ve unas gafas irreales, cuyas pestañas adosadas juegan con el sinsentido espacial.

20. Bordando el manto terrestre, de Remedios Varo

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Remedios Varo: Bordando el manto terrestre. 1961 (Panel central del tríptico). Óleo sobre masonite.

Bordando el manto terrestre es el panel central de una obra de Remedios Varo que forma parte de un tríptico. Este se completa con las escenas conocidas como Hacia la Torre y La Huída. Aparentemente, la escena alude al tiempo en que Remedios Varo tejía en el convento mientras alguien más leía. El hilo brota de una fuente misteriosa al centro de la composición. El tejido se escapa de los límites de la torre e impregna el mundo con su capacidad creadora.

Andrea Imaginario
Andrea Imaginario
Profesora universitaria, cantante, licenciada en Artes (mención Promoción Cultural), con maestría en Literatura Comparada por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.