Película Frankenstein de Guillermo del Toro: resumen y análisis
Frankenstein (2025), dirigida por Guillermo del Toro, propone una relectura contemporánea del clásico de Mary Shelley.
Lejos de centrarse únicamente en el horror o el espectáculo, la cinta aborda el mito fundacional de la ciencia ficción como una tragedia moral sobre la creación, la responsabilidad y la soledad.
Sinopsis
La película sigue a Víctor Frankenstein, un científico brillante cuya obsesión por desentrañar los misterios de la vida y la muerte lo conduce a crear un ser vivo a partir de restos humanos.

Sin embargo, el verdadero conflicto no surge del acto de creación en sí, sino del vínculo fallido entre creador y criatura. Abandonado, incomprendido y condenado a la soledad, el ser creado busca sentido, afecto y reconocimiento en un mundo que lo rechaza.
A través de una atmósfera gótica y una sensibilidad poética característica de Del Toro, la cinta explora la responsabilidad moral de la creación, el miedo a lo diferente y la posibilidad - o imposibilidad - del perdón.
Resumen detallado
La narración se sitúa en la Europa del siglo XIX y adopta un tono sombrío desde sus primeras imágenes, en las que se percibe a un Víctor Frankenstein marcado por el fracaso, la culpa y el aislamiento.
Desde el inicio queda claro que no se trata de un relato de horror convencional, sino de una meditación sobre la ambición humana y sus límites.
Víctor es presentado como un hombre de inteligencia excepcional, pero herido por la muerte y el sufrimiento. Su obsesión científica nace del deseo de vencer la desaparición definitiva, de arrebatarle a la naturaleza su poder último.
Tras años de experimentación secreta, logra animar un cuerpo construido a partir de fragmentos humanos. El nacimiento de la criatura, lejos de ser un momento de triunfo, se convierte en una escena cargada de desconcierto y temor. Víctor, incapaz de enfrentar la magnitud de su logro, rechaza a su creación casi de inmediato.
La criatura despierta con una conciencia sensible y una mirada infantil, enfrentándose a la realidad desde la vulnerabilidad absoluta. Aprende a observar, a escuchar y a comprender el mundo que lo rodea, desarrollando necesidad de afecto y pertenencia.
Sin embargo, su apariencia provoca miedo y violencia, lo que refuerza su aislamiento y alimenta una creciente frustración. La película dedica un tiempo significativo a mostrar este proceso de aprendizaje y sufrimiento.
Con ello, se subraya que la monstruosidad no reside en el ser creado, sino en la incapacidad de los demás para reconocer su humanidad.
Paralelamente, la vida de Víctor comienza a resquebrajarse. Sus vínculos afectivos se deterioran, especialmente su relación con Elizabeth, quien representa la posibilidad de una vida equilibrada y emocionalmente plena.
La culpa por su creación y el temor a sus consecuencias lo persiguen constantemente, hasta que la criatura vuelve a irrumpir en su vida, exigiendo reconocimiento y responsabilidad.
El enfrentamiento entre ambos no se plantea como una lucha entre el bien y el mal, sino como un conflicto trágico entre un padre que reniega de su hijo y un hijo que reclama amor.
A medida que la historia avanza, la violencia y la pérdida se acumulan. Esto no es el resultado de la maldad intrínseca de la criatura, sino que una consecuencia directa del rechazo, la soledad y la ausencia de guía.
La película culmina en un desenlace de tono elegíaco, en el que creador y creación se enfrentan finalmente a la verdad de su vínculo. Más que una resolución basada en la destrucción, el cierre propone una reflexión sobre el perdón, la aceptación y el reconocimiento del otro.
Elenco principal y análisis de personajes
La fuerza dramática de Frankenstein se basa en la complejidad psicológica de sus personajes y en la manera en que el elenco encarna las tensiones morales, emocionales y filosóficas del relato.
Víctor Frankenstein
Interpretado por Oscar Isaac, es el eje trágico de la narración. Su personaje se construye como una figura marcada por la obsesión y la herida.
No se trata simplemente de un científico ambicioso, sino de un hombre incapaz de aceptar la finitud humana. Isaac compone a un Víctor contenido, introspectivo y progresivamente erosionado por la culpa.
Su obsesión por crear vida no nace del deseo de gloria, sino de una necesidad desesperada de control frente a la muerte. Sin embargo, una vez logrado su objetivo, se muestra incapaz de asumir la responsabilidad ética y afectiva que implica la creación.
El abandono de la criatura revela su mayor fracaso. A lo largo del filme, Víctor encarna la tragedia del creador que huye de su obra y su evolución está marcada por el tránsito desde la negación hasta el reconocimiento tardío de su culpa.
La criatura
Interpretada por Jacob Elordi, constituye el corazón emocional de la película. Lejos del estereotipo del monstruo violento, Del Toro construye un personaje sensible, inteligente y vulnerable.
Elordi ofrece una interpretación física y emocionalmente compleja, donde el cuerpo, el gesto y la mirada adquieren un peso narrativo fundamental.

La criatura aprende sobre el mundo a través de la observación y la experiencia, desarrollando una conciencia moral y un deseo genuino de conexión humana.
Su violencia, cuando aparece, no es gratuita ni instintiva, sino consecuencia directa del rechazo, el miedo y la soledad. En este sentido, funciona como un espejo deformado de la humanidad. Es “monstruosa” solo en la medida en que ha sido tratada como tal.
Elizabeth Lavenza
Interpretada por Mia Goth, representa el polo emocional opuesto a la obsesión de Víctor. Su personaje encarna la empatía, la ternura y la vida cotidiana que Víctor rechaza en favor de su empresa científica.
Lejos de ser una figura pasiva, es presentada como una presencia lúcida que percibe tempranamente la deriva moral de Víctor. Su relación con él no sólo es afectiva, sino también simbólica. Ella representa la posibilidad de una vida basada en el vínculo, el cuidado y la aceptación de la fragilidad humana.
Su destino trágico subraya el costo humano de la obsesión científica y funciona como una herida irreparable en la conciencia del protagonista.
El doctor Pretorius
Interpretado por Christoph Waltz, actúa como una figura complementaria y perturbadora dentro del relato. A diferencia de Víctor, no se debate moralmente sobre los límites de la ciencia, sino que abraza sin reparos la transgresión ética.
Su personaje encarna la tentación del conocimiento despojado de responsabilidad, funcionando como una suerte de reflejo extremo de lo que Víctor podría llegar a ser.
Pretorius no siente culpa ni duda. Su fascinación por la creación artificial es fría y calculada, lo que lo convierte en un catalizador del conflicto y en una figura clave para comprender el dilema moral central de la película.
Producción y equipo creativo
Frankenstein es una de las obras más personales y largamente gestadas de Guillermo del Toro. El director ha manifestado en diversas ocasiones que la novela de Mary Shelley lo marcó desde la infancia. Le llamó la atención su profunda reflexión sobre la soledad, la exclusión y la responsabilidad moral.
Por tanto, esta adaptación surge como la culminación de una obsesión creativa sostenida durante décadas. El respaldo de Netflix le permitió desarrollar el proyecto con una libertad artística poco habitual en las grandes producciones contemporáneas.
Del Toro asumió tanto la dirección como el guion, lo que refuerza la coherencia autoral del filme. Así, se caracteriza por un tono lírico y reflexivo que se aleja del terror explícito para privilegiar el drama existencial.
Por su parte, la puesta en escena responde a una concepción simbólica del espacio. Laboratorios, pasillos, paisajes naturales y arquitecturas góticas funcionan como extensiones del estado mental de los personajes.
El mundo visual está impregnado de una atmósfera decadente y melancólica que subraya la idea de un progreso científico construido sobre ruinas morales.
La dirección de fotografía, a cargo de Dan Laustsen, colabora estrechamente con esta visión autoral. El uso de luces contrastadas, sombras densas y paletas cromáticas frías contribuye a reforzar el tono trágico del relato.
La iluminación no busca el impacto espectacular, sino la introspección. Los rostros, especialmente los de Víctor y la criatura, son filmados de manera que revelan grietas emocionales. De este modo, el trabajo visual establece un diálogo constante entre belleza y horror, uno de los sellos distintivos del cine de Del Toro.
La música, compuesta por Alexandre Desplat, desempeña un rol fundamental en la construcción emocional del filme. Lejos de subrayar el terror, la partitura acompaña el drama interno de los personajes, utilizando motivos melódicos que evocan tristeza, pérdida y anhelo.
Mención especial merece el diseño de producción y el trabajo de maquillaje y prótesis. La criatura es concebida desde una lógica artesanal, con efectos prácticos que remiten a una tradición cinematográfica clásica.
Este enfoque refuerza la materialidad del cuerpo creado y evita su conversión en una figura puramente digital o abstracta. El diseño de la criatura no busca el impacto grotesco, sino una estética de lo imperfecto y lo vulnerable, alineada con la intención narrativa de mostrarla como un ser sensible y sufriente.
Temas presentes en la película
Algunos de los temas principales presentes en la película son:
Responsabilidad moral de la creación
La película plantea que crear vida no es únicamente un acto científico, sino también ético y afectivo. Víctor Frankenstein no fracasa porque su experimento sea un error técnico, sino porque se niega a asumir las consecuencias.
Es necesario entender que la criatura no es un accidente, sino el resultado directo de una creación sin cuidado, sin guía y sin amor. En este sentido, la película reformula el mito de Frankenstein como una tragedia sobre la paternidad fallida.
La soledad
Tanto Víctor como la criatura son personajes profundamente solos, aunque por razones distintas. Víctor se aísla voluntariamente, encerrado en su obsesión y su culpa. Por su parte, la criatura es expulsada del mundo social desde el momento de su nacimiento.

Esta doble soledad establece un paralelismo entre creador y creación, subrayando que ambos comparten una misma herida existencial. La película sugiere que la verdadera monstruosidad surge cuando la sociedad responde al miedo con exclusión.
La otredad y el rechazo a lo diferente
La criatura es temida simplemente por su apariencia. Del Toro utiliza esta figura para reflexionar sobre los mecanismos sociales de exclusión y estigmatización. Así, muestracómo el miedo a lo desconocido puede generar violencia injustificada.
De este modo, la criatura se convierte en un símbolo de todos aquellos cuerpos y subjetividades que no encajan en las normas establecidas.
La ambición científica y sus límites
La película cuestiona la idea de progreso desligado de la ética. A través de personajes como Víctor y Pretorius, se presentan dos formas de transgresión.
Una marcada por la culpa y otra por la indiferencia moral. Ambas conducen al desastre. Con ello, se sugiere que el conocimiento, cuando no está acompañado de responsabilidad, puede convertirse en una fuerza destructiva.
El perdón y el reconocimiento del otro
A diferencia de muchas versiones anteriores, esta adaptación propone que incluso en un contexto de tragedia es posible una forma de reconciliación.
El reconocimiento de la criatura como un ser digno de compasión y la aceptación de la culpa por parte de Víctor funcionan como un cierre.
Aunque el perdón no borra el daño causado, permite una comprensión más amplia de la condición humana, marcada por la fragilidad, el error y el deseo de redención.
Diferencias con la novela de Mary Shelley
La adaptación de Frankenstein realizada por Guillermo del Toro no busca una trasposición literal de la novela de Mary Shelley, sino una relectura autoral que dialoga con el texto original desde una sensibilidad contemporánea.
La película conserva los ejes temáticos fundamentales como la creación artificial, la culpa, la soledad y la responsabilidad moral. Sin embargo, introduce modificaciones significativas en el enfoque narrativo, el desarrollo de personajes y el tono general del relato.
Una de las diferencias más relevantes reside en la centralidad emocional de la relación entre Víctor y la criatura. En la novela, si bien este vínculo es crucial, se presenta de forma fragmentada y mediada por largos periodos de separación.
En cambio,Del Toro intensifica el encuentro entre ambos, construyendo una relación más continua y afectivamente cargada. La película transforma este vínculo en el núcleo dramático del relato, enfatizando la dimensión paterno-filial y el fracaso de Víctor como figura de cuidado.
Otra diferencia importante se encuentra en la caracterización de la criatura. En la obra de Shelley el monstruo es altamente elocuente, con una educación autodidacta basada en la lectura de textos clásicos y filosóficos.
La película opta por una criatura menos discursiva y más expresiva desde lo corporal y lo emocional. Su inteligencia no se manifiesta tanto a través de extensos monólogos, sino mediante gestos, miradas y reacciones sensibles al entorno.
Este cambio refuerza el componente visual y emocional del cine, pero también desplaza el énfasis desde la reflexión filosófica explícita hacia una experiencia empática más inmediata.
Por otra parte, el tono del desenlace constituye otra divergencia significativa. La novela original se cierra con un final trágico y sin redención: la muerte, la destrucción y la imposibilidad de reparación dominan el cierre del relato.
En cambio, el filme introduce una forma de resolución marcada por el reconocimiento y el perdón. Aunque el sufrimiento y la pérdida no desaparecen, se sugiere la posibilidad de una comprensión mutua entre creador y creación.
Este giro no contradice necesariamente el espíritu de Shelley, pero sí reinterpreta su pesimismo desde una perspectiva más humanista y compasiva.
Asimismo, la película reduce o reconfigura ciertos personajes secundarios y subtramas presentes en la novela, como los largos viajes, las historias familiares paralelas y las múltiples capas narrativas enmarcadas.
Mientras que Shelley construye su obra a través de un complejo sistema de relatos dentro de relatos, Del Toro simplifica la estructura para favorecer una narración más directa y emocionalmente concentrada.
Esta decisión responde a las exigencias del lenguaje cinematográfico, pero también a la voluntad de centrar el relato en el conflicto ético esencial.
De igual modo, se añaden personajes que permiten centrarse en el conflicto ético como el doctor Pretorius. Este hombre es una adición de la versión cinematográfica de La novia de Frankenstein (1935) y no existe en la novela.
Recepción y crítica
La recepción de Frankenstein ha sido mayoritariamente positiva, tanto en el ámbito crítico como entre el público, aunque no exenta de debates y lecturas divergentes.

Desde su estreno la película fue valorada como una de las obras más personales y ambiciosas de Guillermo del Toro. Así, se destacó su enfoque autoral y la voluntad de alejarse de las convenciones del cine de terror clásico.
La crítica especializada elogió de manera consistente la dirección artística y el diseño visual, considerados elementos centrales de la experiencia cinematográfica.
La atmósfera gótica, la fotografía cuidada y el uso de efectos prácticos fueron interpretados como un homenaje al cine clásico. Asimismo, funcionan como una reafirmación de la artesanía cinematográfica frente a la dependencia de lo digital.
En este sentido, la película fue leída como una obra que privilegia la textura, el detalle y la materialidad del mundo representado.
Otro aspecto ampliamente valorado fue la interpretación del elenco principal, en particular la construcción de la criatura como un personaje empático y trágico.
La crítica destacó la capacidad de la película para generar compasión hacia una figura tradicionalmente asociada al horror, subrayando que el verdadero monstruo del relato no es el ser creado. Es la falta de responsabilidad y empatía de la sociedad que lo rodea.
Asimismo, la interpretación de Víctor Frankenstein fue reconocida por su complejidad psicológica y su alejamiento del arquetipo del científico meramente megalómano.
No obstante, algunos sectores de la crítica señalaron que el ritmo pausado y la densidad emocional de la película podían resultar exigentes para el público general.
La decisión de Del Toro de privilegiar la introspección y el drama por sobre el suspense y el terror explícito generó opiniones divididas entre quienes esperaban una adaptación más cercana al horror tradicional.
Este debate puso de relieve la naturaleza híbrida de la obra, situada entre el cine fantástico, el drama existencial y la tragedia gótica.
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