Fresco La creación de Adán de Miguel Ángel


Andrea Imaginario
Revisión técnica por Andrea Imaginario
Especialista en Artes, Literatura Comparada e Historia

El fresco La creación de Adán de Miguel Ángel es uno de los muchos frescos que adornan la bóveda de la Capilla Sixtina en la Ciudad del Vaticano y es una alegoría al origen del primer hombre. Fue pintado en 1511, que corresponde al período del renacimiento italiano llamado Cinquecento.

Se trata, sin duda, del fresco más famoso de la serie de nueve escenas sobre los relatos de Génesis que el escultor Michelangelo Buonarroti (1475-1564) pintó por encargo del papa Julio II, con el propósito de decorar la bóveda de la Capilla.

Creación de Adán

El tema central d la escena se inspira en el episodio de la creación del primer hombre descrito en el libro de Génesis del Antiguo Testamento, en la Biblia. Allí se relata el momento en que Yaveh llega a la Tierra para crear un ser a su imagen y semejanza.

La creación de Adán tiene una superficie aproximada de 280 centímetros de alto por 570 centímetros de largo. Se encuentra en su emplazamiento original, la bóveda de la capilla Sixtina, junto a un promedio de de 500 m² más de frescos del escultor y artista Miguel Ángel.

Análisis del fresco La creación de Adán

La creación de Adán se destaca por su método de representación que simula dos planos de la realidad: uno en el que se sitúa Dios, cuya jerarquía es mayor, y el otro donde se encuentra Adán, cuya jerarquía es menor.

En el plano a la derecha del fresco se encuentra Dios acompañado de querubines y una mujer envueltos en un manto rojo que asemeja a una nube. La mujer que lo acompaña es Eva quien, protegida en el seno de Dios, espera su futura creación. Llama la atención el paño de verde intenso que cae de esta escena otorgando movimiento. El movimiento de las telas transporta al espectador a una imagen celestial que cae desde los cielos.

El plano de la izquierda contrasta con la primera por la presencia terrenal de un Adán acostado y lánguido en una superficie sólida. La posición de Adán se funde con el supuesto límite inferior del fresco creando la ilusión de ser sostenido por uno de los personajes que sostienen los pilares de la bóveda.

Entre los dos planos, el de Dios y de Adán, se encuentra la imagen central que le da el poder enigmático al fresco: la escena de las manos de ambos personajes hacia el encuentro del otro para encontrarse en un mismo plano en que el casi se tocan las puntas de sus dedos índices. El suspenso que crea el espacio mínimo entre los dos seres representa la alegoría perfecta del origen del ser humano, a través de la búsqueda de lo divino.

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Andrea Imaginario
Revisión técnica por Andrea Imaginario
Profesora universitaria, cantante, licenciada en Artes (mención Promoción Cultural), con maestría en Literatura Comparada por la Universidad Central de Venezuela, y doctoranda en Historia en la Universidad Autónoma de Lisboa.