La ventana que no se ve
Interacciones:
- Hacer sonidos como los grillos: cri-cri.
- Estirar la mano para “tocar” la ventana.
- Cerrar los ojos e imaginar el olor de vainilla.
- Mover las manos como si volaras.
- Hacer el canto del gallo: ¡Kikirikííí!
Emilia tenía una cama con sábanas celestes y una lámpara en forma de luna. Cada noche, se arropaba hasta la nariz y escuchaba los grillos cantar: Cri-cri, cri-cri…
Pero una noche, al apagar la lámpara, notó algo distinto.
—¿Qué es esa luz? —s usurró.
En la pared, junto a su estante de libros, había algo que nunca antes había visto. Una ventanita redonda, del tamaño de un plato. Brillaba suave, como si fuera de agua.
—¿Qué hace eso aquí? — preguntó Emilia, sentándose en su cama.
Se acercó con cuidado y tocó el borde. ¡Era tibio! Como la panza de un gato dormido. Entonces… ¡Puff!
La ventana se abrió. Emilia vio nubes por dentro. ¡Nubes! Y estrellas que bailaban en fila, como si ensayaran una canción.—¡Esto no es una ventana normal! — dijo con ojos muy grandes.
Una brisa suave salió de allí, con olor a vainilla y cielo nuevo. Una vocecita vino del otro lado:
—Emilia, si entras, debes volver antes de que cante el gallo.
—¿Y qué pasa si no vuelvo?
—Las ventanas mágicas desaparecen con el sol.
Emilia asintió.
—Está bien. ¡Vamos!
Se subió al borde, y plup, entró.
Adentro había una ciudad hecha de almohadas, nubes saltarinas, relojes que caminaban y mariposas que tocaban violines con sus alas.
Emilia flotaba al caminar. Jugó con una nube azul que hacía cosquillas. Leyó un cuento con una estrella vieja que hablaba en rimas.
Pero pronto, algo cantó: ¡Kikirikíííí!
—¡El gallo! —gritó Emilia.
Corrió entre almohadas y violines, saltó sobre una nube y llegó justo a tiempo a la ventanita.
Se metió en su cuarto y la ventana se cerró: ¡Chic! Desapareció.
Mamá entró.
—¿Ya dormías, Emilia?
Emilia sonrió.
—Casi… Pero tuve un sueño precioso.
Esa noche, bajo su almohada, encontró algo suave y redondito: un pedacito de nube con olor a vainilla.
Y desde entonces, cada noche apagaba la luz…esperando que la ventana volviera a brillar.