El cuento de la criada: resumen y análisis del libro
El cuento de la criada (The Handmaid´s Tale) es una novela distópica de la escritora canadiense Margaret Atwood, publicada en 1985. Se trata de una las obras más importantes de la escritora en donde predomina la crítica social y el alegato feminista.
Describe una sociedad ficticia, hipotética e indeseable. Esta historia escrita en el siglo pasado se ha convertido en un best seller en la actualidad.
Resumen de El cuento de la criada

En la República de Gilead impera una dictadura puritana de inspiración bíblica ideada a partir del Antiguo Testamento. Defred, como todas las mujeres, ha perdido sus derechos y su misión en la sociedad se reduce a procrear.
¡Atención, a partir de ahora puede haber spoilers!
La joven vive en la casa del comandante Fred Waterford y su esposa Serena Joy, que es estéril. Su propósito es concebir un hijo para el matrimonio.
Defred narra en primera persona los acontecimientos de su vida diaria y, a su vez, trata de reconstruir acontecimientos del pasado, sobre cómo era el mundo antes de la implantación de Gilead.
En su vida anterior la protagonista tuvo una relación y una hija. Poco después, las tasas de fertilidad cayeron debido a la contaminación, el presidente fue asesinado y tuvo lugar un golpe de estado que dinamitó los derechos de las mujeres.
En la implantación del nuevo régimen las mujeres se dividen, atendiendo al rol que ocupan en la sociedad, en diferentes grupos, cuya distinción la marca el color de la vestimenta.

Por un lado, las criadas, categoría a la que pertenece Defred, van vestidas de rojo y son mujeres fértiles, de ellas depende el futuro de la raza humana.
Las criadas son adoctrinadas por las tías, de ropaje marrón. Ellas dirigen y vigilan que las muchachas cumplan las normas y, si es necesario, las castigan si comenten alguna imprudencia.
Por otro lado, las esposas, vestidas de color azul como la Virgen María, son las mujeres de alta cuna que están casadas con los comandantes y disfrutan de una vida tranquila y acomodada. Son estériles y necesitan de las criadas para asegurar su descendencia.
También existen las marthas, enmascaradas de color verde pálido. Son mujeres adultas y no pueden tener hijos. Por ello, su aportación en la sociedad se reduce a limpiar y cocinar para las familias de los comandantes.
Finalmente están las categorías de no mujeres y econoesposas. Las primeras tienen un pasado oscuro y son torturadas y desterradas a la frontera hasta el día de su muerte. Las segundas, vestidas con indumentaria de rayas, son las mujeres de los hombres pobres y tienen que hacer todo lo que puedan.
Por su parte, los hombres se dividen en cuatro categorías principales, en función del poder que ejercen en la sociedad. Así, existen los comandantes, que gobiernan en el nuevo régimen y van vestidos de negro.
También están los ángeles, cuya función es la de servir a la república. Por su parte, los guardianes sirven como guardaespaldas a los comandantes. Finalmente, los ojos de Dios vigilan a los infieles que ponen en peligro el orden establecido.
Atrapada en una rutina estricta, Defred trata de acatar las normas y sólo puede salir de la casa del comandante para hacer la compra, en compañía de su vecina Deglen, o visitar al médico.

En una de sus visitas mensuales al doctor, éste le sugiere que tenga relaciones sexuales con él. Le confiesa que el comandante es estéril, lo que podría ponerla en peligro (el sistema no reconoce a los hombres como infértiles).
Despúes de varios intentos, Defred no consigue quedarse embarazada y Serena Joy trata de convencerla para que tenga relaciones con Nick, el chofer de la familia. A cambio, le ofrece una foto de su hija. De este modo, ambos comienzan una aventura amorosa.
Una noche el comandante le propone a Defred que se ponga un disfraz sugerente y la lleva a un prostíbulo. Allí descubre que Moira, su mejor amiga en el pasado, trabaja como prostituta.
Posteriormente, Serena descubre el disfraz y, finalmente, la protagonista es arrestada. La novela termina con Defred siendo trasladada en un furgón a un destino desconocido.
El epílogo hace referencia a un futuro situado en el año 2195 en un congreso sobre Gilead. Allí los investigadores dan a entender que el régimen descrito por la protagonista no duró mucho tiempo.
Personajes
- Defred, criada, su nombre real es June y es el personaje principal e hilo conductor de la historia.
- Moira, criada y mejor amiga de Defred.
- Dewarren, es criada ysu nombre real es Janine, también fue reclutada y adoctrinada junto a Defred.
- Deglen, es una criada y su nombre real es Emily, es la compañera de compras de Defred.
- Serena Joy, esposa del comandante Fred Waterford.
- Tía Lydia, instructora de las criadas de Gilead en el Centro Rojo, lugar de adoctrinamiento donde las forman antes de cumplir su misión en la casa de los comandantes.
- Rita, es la martha de la casa del comandante Waterford.
- Comandante Fred Waterford, el responsable del nuevo estado, es esposo de Serena Joy y somete a Defred para que pueda darle descendencia.
- Nick, es el guardián de la casa del comandante y el amante de Defred.
Temas principales
Algunos de los principales temas dentro de la obra son:
El totalitarismo como proceso gradual
Uno de los aspectos más inquietantes de la novela es que el régimen de Gilead no surge de forma abrupta, sino progresiva.
Atwood muestra cómo la pérdida de derechos ocurre paso a paso. Primero se restringen libertades, luego se normaliza la vigilancia y, finalmente, se institucionaliza la violencia. El miedo, la costumbre y la pasividad social permiten que el totalitarismo se consolide.
Este tema subraya una idea central. Los regímenes autoritarios no dependen únicamente de la fuerza, sino también de la aceptación de quienes los padecen.
La narración retrospectiva de Offred evidencia cómo lo que antes habría parecido impensable termina convirtiéndose en rutina.
Control del cuerpo femenino y biopolítica
El núcleo temático de la novela es el control absoluto del cuerpo de las mujeres, especialmente de su capacidad reproductiva. En Gilead la fertilidad se convierte en un recurso del Estado y las mujeres fértiles son reducidas a su función biológica. Su valor no reside en su identidad, inteligencia o voluntad, sino en su capacidad de gestar.
Atwood plantea una reflexión profunda sobre la biopolítica, es decir, la forma en que el poder regula la vida, la sexualidad y la reproducción.
La ceremonia de reproducción ritualizada deshumaniza tanto a la Criada como al resto de los participantes, mostrando cómo la violencia puede institucionalizarse bajo una apariencia de orden moral.
Identidad, memoria y subjetividad
La lucha de Offred por conservar su identidad constituye uno de los ejes más importantes del relato. En una sociedad que le ha arrebatado su nombre, su familia y su pasado, la memoria se convierte en un refugio y en una forma de resistencia.
Recordar quién fue (su hija, su pareja, su vida anterior) es una manera de afirmar que sigue siendo una persona y no sólo un cuerpo funcional.
Así, en la novela la identidad no es un dato fijo, sino algo que debe defenderse activamente. El lenguaje interior de Offred, sus pensamientos y recuerdos, contrastan con el silencio que se le impone externamente. Esto revela la distancia entre lo que el poder controla y lo que aún escapa a él.
Lenguaje, silencio y poder
El control del lenguaje es una herramienta fundamental del régimen. La prohibición de leer y escribir para las mujeres no sólo limita el acceso a la información, sino que impide la construcción de pensamiento crítico y la transmisión de experiencias.
El lenguaje, reducido a fórmulas rituales y frases prefabricadas, se vacía de significado auténtico. Frente a esto, la narración misma del libro es un acto subversivo.
Contar la historia se convierte en una forma de resistencia. Atwood sugiere que narrar es una manera de existir y de desafiar al poder que pretende imponer el silencio.
Complicidad y adaptación
Un tema especialmente complejo es el de la complicidad. No todos los personajes ejercen la violencia de la misma manera. Algunos la ejecutan, otros la justifican y otros simplemente se adaptan.
Personajes femeninos como las Tías o las Esposas muestran cómo los sistemas opresivos pueden sostenerse también gracias a quienes, desde posiciones subordinadas, reproducen las normas para obtener una mínima cuota de poder o seguridad.
La novela evita una visión simplista del bien y el mal, y muestra cómo la supervivencia puede llevar a la negociación moral y a la ambigüedad ética.
Símbolos principales
Dentro de la obra existen varios elementos que funcionan de manera simbólica:
El color rojo
El rojo del atuendo de las Criadas es un símbolo polisémico. Representa la fertilidad y la sangre, pero también el peligro, la violencia y la sexualidad controlada.
Al ser un color tan visible, convierte a las Criadas en cuerpos permanentemente expuestos, vigilados y marcados por su función social.
Los nombres y la pérdida de identidad
Los nombres impuestos a las Criadas —formados por “De” seguido del nombre del Comandante— simbolizan la anulación total de la identidad individual. El nombre deja de ser una expresión del yo para convertirse en una marca de posesión.
El hecho de que Offred recuerde su nombre verdadero, aunque nunca lo revele al lector, refuerza la idea de que la identidad íntima aún sobrevive, incluso cuando ha sido borrada del espacio público.
El Ojo y la vigilancia
El símbolo del Ojo encarna la omnipresencia del poder. No es necesario que la vigilancia sea constante. Basta con que sea posible. El miedo a ser observado interioriza el control, haciendo que los propios ciudadanos se autocensuren.
Este símbolo remite a la transformación del poder externo en control interno. El régimen no necesita estar siempre presente, porque ha logrado instalarse en la conciencia de los individuos.
La ceremonia
La ceremonia es uno de los símbolos más perturbadores del libro. Ritualiza la violación, despojándola de toda carga emocional o personal. La presenta como un acto sagrado y necesario. Su carácter repetitivo y mecánico refuerza la deshumanización de todos los involucrados.
Este símbolo muestra cómo el poder puede normalizar la violencia mediante la ritualización y el discurso moral, vaciando de responsabilidad individual a quienes participan en ella.
Las flores y el jardín
Las flores aparecen asociadas a la feminidad, la fertilidad y la belleza controlada. El jardín cuidado por las Esposas simboliza una naturaleza domesticada, regulada y vigilada, en contraste con la fertilidad forzada de las Criadas.
Las flores, aunque hermosas, también son frágiles y efímeras, lo que refuerza la idea de una feminidad idealizada, pero sometida a normas estrictas.
El espejo y la fragmentación del yo
Offred rara vez puede verse reflejada por completo. Los espejos escasean o están fragmentados, simbolizando la imposibilidad de reconocerse plenamente. Esta ausencia visual refuerza la pérdida de identidad y la disociación entre cuerpo y subjetividad.
Contexto sociopolítico
Es fundamental en este análisis tener en cuenta el contexto sociopolítico que enmarcaba el lanzamiento del libro. Casi cuarenta años después de la II Guerra Mundial, el mundo aún se encontraba en una situación turbulenta en el que las tensiones no habían desaparecido del panorama social.
La Segunda Ola Feminista estaba en auge denunciando la desigualdad y revindicando la sexualidad, la familia, el trabajo y los derechos de reproducción de la mujer.
Una distopía con toques de realidad
Es posible que este contexto llevara a la autora a recordar que todo puede llegar a suceder. Es como un aviso sobre lo que puede ocurrir al dejarse llevar por políticas férreas.
Así, este libro invita a reflexionar sobre la fragilidad del sistema y sobre cómo las cosas que se dan por sentadas podrían cambiar de un momento a otro. En palabras de la protagonista:
Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido antes de darse cuenta. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobre otras mujeres, y los hombres que hacían semejantes cosas eran otros hombres.
La opresión narrada en primera persona
La escritora presenta un mundo en el que la mujer ha sido despojada de todos sus derechos y libertades. El caso más claro es el de la protagonista, cuyo nombre (June) le fue arrebatado con la implantación del nuevo régimen.
Defred (Offred en inglés) es el nombre que le asignan a la protagonista cuando se convierte en criada. La etimología del término Of- Fred (de Fred) ya implica de forma directa el carácter de la mujer como propiedad de un hombre. En este caso, es la esclava de Fred, el comandante.
La escritora muestra la confusión de la protagonista dentro de un mundo caótico que ni ella misma consigue entender. Lo hace gracias al relato en primera persona de la protagonista.
Como la sociedad en la que vive se ha tornado al caos, se ofrece una visión desordenada de los acontecimientos. La protagonista parece perderse entre sus recuerdos y los va reconstruyendo de tal forma que, a veces, no se especifica si lo que narra ocurrió o forma parte de su imaginación.
Derechos y libertades de la mujer
Las distopías muestran un mundo futurista e indeseable y se suele creer que no podría ocurrir nada de lo descrito. Sin embargo, esta novela remite a temas de actualidad.
A lo largo de la historia se repite la fragilidad de los derechos humanos y civiles. Especialmente si se toma en cuenta la represión contra la mujer.
Si bien en Gilead las criadas son tratadas como una mera “máquina reproductora”, en la actualidad aún se debaten temas como la legitimidad de la gestación subrogada.

Todo esto lleva a pensar que, en pleno siglo XXI, se reduce el cuerpo de la mujer a un objeto al servicio de otros. Un contrato de prestación de servicios reproductivos que pone en alquiler los órganos femeninos.
El tema de la gestación subrogada lleva también a pensar sobre el aborto y el derecho de las mujeres a decidir cuándo ser madres o no serlo.
Como en Gilead, en algunos países siguen muriendo miles de mujeres por la práctica ilegal del aborto, porque no les han dejado decidir. La libertad de decisión de la mujer sobre su propio cuerpo aún sigue siendo un delito.
La importancia del feminismo
La lectura del libro recuerda que el feminismo es necesario y que no todo está hecho. A las mujeres de Gilead se les impide culturizarse y les prohíben hasta la lectura.
Nada diferente a algunas dictaduras del siglo pasado que fomentaban la analfabetización de la sociedad, especialmente de las mujeres cuyo rol principal era estar al servicio de sus hogares.
También se puede pensar en el trato que recibe la mujer en los lugares donde impera una interpretación más radical del Islam.
La importancia de conocer el pasado
Está claro que 35 años después del estreno de la novela su lectura reafirma el proverbio de Confucio “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.
Si se buscan en el libro similitudes con acontecimientos históricos se encuentran. Por ejemplo, la clasificación por colores en la vestimenta de las mujeres.
Durante la Segunda Guerra Mundial hubo campos de exterminio donde diferenciaban con un sistema de marcaje en las telas para distinguir las razones por las que el prisionero estaba allí. En Gilead el color de los vestidos revela la condición de mujer reproductora o no dentro de la sociedad.
También se hace una dura crítica a la religión, ya que se basa en una dictadura cristiana en la que existe una apropiación sexual y reproductora de la mujer por parte del hombre.
Impacto de El cuento de la criada
Esta obra ha calado profundamente en el imaginario colectivo de distintas formas.
Impacto literario y canónico
Desde su publicación en 1985, El cuento de la criada se consolidó rápidamente como una de las obras más influyentes de la literatura distópica moderna.
Aunque dialoga con textos clásicos del género - como 1984 o Un mundo feliz - la novela de Atwood introduce una perspectiva novedosa al situar el eje del control totalitario en el cuerpo femenino y la reproducción. Este era un aspecto hasta entonces marginal en la tradición distópica.
La obra ha sido incorporada al canon literario contemporáneo, estudiada en escuelas y universidades de todo el mundo, y reconocida como un punto de inflexión en la literatura escrita por mujeres.
Su estilo fragmentario influyó en generaciones posteriores de escritores que abordan distopías desde una perspectiva íntima y subjetiva, más centrada en la experiencia individual que en la explicación total del sistema.
Además, el epílogo académico ficticio refuerza el impacto al cuestionar la autoridad histórica, la objetividad del relato y la forma en que las voces oprimidas son interpretadas por discursos institucionales posteriores.
Impacto social y cultural
Uno de los rasgos más notables del impacto de la obra es su capacidad para trascender el ámbito literario. El cuento de la criada ha ingresado al lenguaje cotidiano y al imaginario colectivo como una metáfora reconocible de la opresión de género y del autoritarismo.
La novela se cita frecuentemente en debates públicos sobre derechos reproductivos, control estatal, censura y libertades individuales.
Expresiones, imágenes y conceptos extraídos del libro se utilizan para describir situaciones reales, lo que demuestra que la obra ha adquirido una función simbólica y crítica en la cultura contemporánea.
Este impacto se explica, en parte, por la estrategia narrativa de Atwood. La autora no imagina un futuro tecnológicamente lejano, sino una sociedad construida a partir de prácticas históricas reales. Esto convierte a la novela en una advertencia creíble y perturbadora, capaz de generar identificación y alarma en distintos contextos culturales.
Impacto político y feminista
En el ámbito político y feminista, El cuento de la criada se ha convertido en un texto de referencia. Su representación del control institucional sobre el cuerpo de las mujeres ha sido utilizada como herramienta de análisis y denuncia en discusiones sobre autonomía corporal, maternidad forzada y desigualdad estructural.
La novela ayudó a visibilizar cómo el patriarcado puede articularse con discursos religiosos, legales y morales para legitimar la violencia.
En este sentido, su impacto no se limita a señalar una opresión extrema. Invita a reflexionar sobre las formas sutiles y progresivas mediante las cuales se restringen derechos en sociedades aparentemente democráticas.
El libro también abrió un espacio de reflexión crítica sobre la complicidad femenina dentro de sistemas patriarcales. La obra mostró que la opresión no siempre se ejerce exclusivamente desde una posición masculina, sino que puede reproducirse a través de mujeres que ocupan roles de poder intermedio.
Impacto académico e interdisciplinario
El cuento de la criada ha generado un vasto corpus de análisis académicos en disciplinas como la literatura, la filosofía, la sociología, los estudios de género, la ciencia política y la ética.
Su riqueza interpretativa permite múltiples lecturas, lo que explica su permanencia en programas educativos y su constante relectura desde nuevas perspectivas históricas y teóricas.
Asimismo, el texto se ha utilizado como ejemplo de cómo la ficción puede funcionar como herramienta de pensamiento crítico, capaz de anticipar problemas sociales y políticos antes de que se manifiesten plenamente.
Impacto renovado por la adaptación televisiva
La adaptación televisiva amplificó de manera extraordinaria el impacto del libro, acercándolo a nuevas generaciones de lectores y espectadores.
La potencia visual de la serie consolidó símbolos que ya estaban presentes en la novela y los transformó en iconos culturales globales.
Este fenómeno produjo un doble efecto. Por un lado, revitalizó la lectura del texto original. Por otro, reafirmó la vigencia de sus advertencias en un contexto contemporáneo marcado por debates sobre derechos civiles, polarización política y retrocesos democráticos.
La serie también generó discusiones críticas sobre los límites de la adaptación, la explotación del sufrimiento como espectáculo y la diferencia entre denuncia y reiteración de la violencia.
Vigencia y legado
El impacto más duradero de El cuento de la criada reside en su vigencia constante. La novela no se percibe como un relato cerrado ni como una advertencia superada, sino como un texto que se reactiva cada vez que los derechos humanos, la libertad de expresión o la autonomía corporal se ven amenazados.
Atwood logró crear una obra que funciona simultáneamente como relato literario, advertencia política y símbolo cultural. Su legado radica en haber demostrado que la distopía no es sólo una proyección del futuro, sino una forma crítica de leer el presente.
Margaret Atwood

Es una escritora y activista canadiense. Empezó a escribir durante su adolescencia y en su juventud cursó los estudios de filología inglesa y filosofía.
A lo largo de su recorrido vital se ha involucrado en la lucha de los derechos humanos y las libertades de la mujer. Esto hace que se describa a sí misma como una escritora feminista, ya que en su obra literaria ha plasmado su interés por dichos temas.
El cuento de la criada, publicado en 1985, ha supuesto uno de sus mayores éxitos y tiene una segunda parte que lleva por título Los testamentos.
Entre sus obras más destacadas se encuentran:
- La mujer comestible, 1969.
- La novia ladrona, 1994.
- Alias Grace, 1996.
- El asesino ciego, 2000.
- Penélope y las doce criadas, 2005.
- Por último, el corazón, 2015.
Adaptaciones

El impacto del libro ha desembocado en diferentes adaptaciones al medio audiovisual. Una de ellas en 1990 con la película El cuento de la criada (La historia de la doncella o El precio de la fertilidad).
Sin embargo, la novela tuvo una nueva adaptación con la serie El cuento de la criada (The Handmaid´s Tale), estrenada en 2017 que tuvo un enorme impacto.
Traslación de la novela al lenguaje audiovisual
La adaptación televisiva de El cuento de la criada supuso un desafío considerable. Se trataba de trasladar una novela introspectiva, construida a partir del monólogo interior y la memoria fragmentaria de Offred, a un medio visual que exige exteriorizar la acción.
La serie resolvió este reto mediante un uso expresivo de la imagen, el sonido y el silencio, convirtiendo la experiencia subjetiva de la protagonista en una vivencia sensorial para el espectador.
La cámara se detiene de forma insistente en los primeros planos del rostro de June/Offred, subrayando la tensión entre su aparente pasividad exterior y su intensa vida interior.
De este modo, la serie logra mantener uno de los rasgos esenciales del libro: la centralidad de la conciencia individual como espacio de resistencia frente al poder.
Impacto visual y construcción de un imaginario icónico
Uno de los mayores aportes de la adaptación fue la consolidación visual del universo de Gilead. La estética de la serie (sobria, fría y altamente simbólica) transformó elementos ya presentes en la novela en imágenes reconocibles a escala global.
El vestuario de las Criadas, con su rojo intenso y las cofias blancas que limitan la visión periférica, adquirió un poder icónico sin precedentes.
Estos elementos no sólo funcionan como parte del relato, sino que se convirtieron en símbolos visuales autónomos, capaces de condensar ideas complejas como la opresión, el control del cuerpo y la vigilancia constante.
La serie reforzó así el carácter alegórico de la obra original, utilizando el lenguaje visual para intensificar la sensación de encierro, repetición y disciplina que define la vida en Gilead.
Recepción crítica inicial: reconocimiento y prestigio
Las primeras temporadas de la serie fueron recibidas con un entusiasmo crítico notable. Se destacó su fidelidad temática al espíritu de la novela, así como la solidez de las interpretaciones y la coherencia estética del conjunto.
La adaptación fue valorada como una actualización pertinente de la obra de Atwood, capaz de dialogar con problemáticas contemporáneas sin traicionar el núcleo del texto original.

Especialmente elogiada fue la capacidad de la serie para hacer visible la violencia estructural sin recurrir constantemente a la explicitud, utilizando la sugestión, la repetición y el ritual como herramientas narrativas. Esto permitió que el espectador experimentara la opresión no sólo como un hecho narrativo, sino como una atmósfera persistente.
Expansión narrativa y tensiones con la obra original
A medida que la serie avanzó más allá del material narrativo del libro, comenzaron a surgir tensiones tanto narrativas como críticas.
La expansión del universo de Gilead permitió profundizar en personajes secundarios y explorar nuevas líneas argumentales. También generó debates sobre la reiteración de la violencia y el riesgo de desgaste del impacto simbólico.
Algunos sectores de la crítica señalaron que la prolongación de la historia podía diluir la contundencia moral del relato original. Asi, se transforma el sufrimiento en un elemento recurrente que pierde su capacidad de conmoción.
Este debate puso de relieve una cuestión central: los límites éticos y estéticos de la adaptación cuando se enfrenta a un material político y traumático.
No obstante, esta expansión también permitió examinar con mayor detalle las dinámicas de poder, complicidad y resistencia, ofreciendo una mirada más coral del régimen de Gilead.
Impacto cultural y político de la serie
El impacto de la adaptación televisiva trascendió ampliamente el ámbito del entretenimiento. La serie se convirtió en un referente cultural inmediato y sus imágenes fueron apropiadas en contextos de protesta y activismo social.
El atuendo de las Criadas fue utilizado como símbolo de denuncia frente a políticas percibidas como restrictivas de los derechos reproductivos y las libertades civiles.
Este fenómeno demuestra cómo la serie amplificó el alcance del mensaje de Atwood, transformando la ficción en una herramienta de intervención simbólica en el espacio público.
La narrativa de Gilead dejó de ser sólo una advertencia literaria para convertirse en un lenguaje visual compartido, capaz de articular demandas políticas y sociales.
Legado de la adaptación
El legado de la adaptación televisiva reside en haber transformado El cuento de la criada en un fenómeno cultural transmedial. La serie no sustituyó a la novela, sino que la reactivó, ampliando su audiencia y renovando su relevancia.
Gracias a la adaptación la obra de Atwood se consolidó como un clásico literario que permite pensar la relación entre poder, cuerpo, género y resistencia.
Con ello, la serie demostró que la literatura puede dialogar de forma productiva con los medios audiovisuales y generar nuevos espacios de reflexión crítica.
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