Cuadro La venus del espejo de Diego Velázquez


Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana

Diego Velázquez (1599 - 1660) es uno de los pintores españoles más famosos a nivel mundial y gran exponente del estilo barroco. Dedicó su vida a retratar a la familia real en su cargo de pintor de cámara. Sin embargo, creó dos obras que lo destacaron dentro de la historia del arte: Las meninas y La venus del Espejo.

La Venus del espejo Diego Velázquez
National Gallery, Londres, Inglaterra

Personajes

La obra muestra a Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad en la mitología romana. Se encuentra recostada y se observa en un espejo sostenido por Cupido, su hijo. Él funcionaba como ayudante de su madre, dirigiendo la fuerza del amor hacia los mortales.

A partir del Renacimiento, Venus fue una importante temática en el arte, y se la puede ver representada por varios pintores reconocidos como Botticelli con su famosa El nacimiento de Venus.

Lo que hace destacar la versión de Velázquez es su simpleza. No aparece retratada como una diosa, idealizada y como máxima exposición de la belleza, sino que se ve como una mujer común y corriente. Lo único que distingue su identidad son las alas de Cupido.

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Estilo

Velázquez se caracterizó por inspirarse en el tenebrismo de Caravaggio, en el que primaban escenas dramáticas, acentuadas por el uso del claroscuro y tonalidades fuertes. Era experto en retratos de la familia real y personajes importantes, por lo que esta pintura fue una excepción dentro de su producción.

En este cuadro se puede notar una composición en la que predomina lo horizontal de la figura femenina y la butaca, en contraposición a cupido y el espejo que se sitúan en una posición vertical.

Las tonalidades elegidas también son muy importantes, pues la sábana blanca y la manta oscura crean un fuerte contraste con la piel blanca de la joven. Por su parte, la cortina roja funciona como un punto focal que le otorga erotismo a la escena.

Desnudo femenino

En la España de aquellos años, predominaba una moral católica muy fuerte que impedía la representación de la lujuria en el arte. Los desnudos tenían que tener un motivo religioso o mítico que excusaran la utilización de cuerpos desvestidos. Aún así, resultaba una temática desaconsejable, en especial porque el uso de modelos mujeres estaba muy mal considerado.

Esta es la única obra de Velázquez en la que se puede observar un desnudo femenino y durante muchos años fue desconocida. Con el tiempo, fue valorada por su tratamiento natural, que además marcó la pauta para representaciones futuras, como las de Goya, Tiziano y Manet.

Interpretación

Lo más llamativo de este cuadro es el espejo que sostiene Cupido, pues permite ver el rostro de Venus. Aunque es una imagen borrosa, su mirada se dirige directamente hacia el espectador. Con ello, Velázquez logra poner en cuestión la naturaleza de la representación, pues experimenta con las posibilidades que le entrega la pintura. De esta manera, se plantea la pregunta ¿es el espectador el que observa o la obra lo interpela a él?

Así, se puede entender que funciona como un ejercicio en el que el artista busca indagar en las posibilidades simbólicas del arte, al ser un análisis de la relación entre realidad, imagen y representación.

En este sentido, la perspectiva permite una mirada alegórica. Aunque creemos observar a la diosa en su intimidad, ella ya nos está mirando con detención, como si supiera el destino que nos aguarda por manos de ella y su hijo.

Otro detalle muy importante son las cintas que cuelgan de las manos de Cupido. Si bien ha existido bastante discusión sobre este tema en la historiografía del arte, la tesis más aceptada es la que afirma que el amor queda atado por la belleza que representa Venus.

En el imaginario del pintor, el enamoramiento está directamente relacionado con la apariencia física, pues es lo primero que se nota en una persona. Sin embargo, al mostrar una cara borrosa, busca indicar que ese aspecto puede ser engañoso.

Obra enigmática: origen y propietarios

No se sabe con exactitud en qué año fue pintada, pero según los especialistas se encuentra datada entre 1649 y 1651. En esa época, Velázquez ya había realizado su primer viaje a Italia y había conocido la obra de los grandes maestros, por lo que puede haberse inspirado en el arte renacentista.

Tampoco se sabe si la pintura fue realizada por encargo o simplemente surgió de manera espontánea, pues su temática se sale por completo de los retratos que solía realizar el artista.

Lo único que se sabe es que en 1651 apareció dentro del inventario de los bienes del marqués Gaspar de Haro y Guzmán. Formó parte de la colección de esta familia hasta 1802 cuando fue vendida a Manuel Godoy, Primer Ministro de Carlos IV.

Durante la guerra de independencia española fue trasladada misteriosamente a Inglaterra, y muchos aseguran que se trató de un robo. En 1906 fue adquirida por la National Gallery, convirtiéndose en una estrella dentro de su colección.

Ataque

El 10 de marzo de 1914, la sufragista Mary Richardson le dio siete cuchilladas al cuadro, afectando el cuerpo de Venus. Su protesta era por el arresto de una compañera y eligió una imagen que representaba el ideal de la belleza femenina. Aunque el cuadro no sufrió daños irreparables y pudo ser arreglado, la mujer recibió un condena de seis meses en prisión.

Bibliografía

Wolf, Norbert. (2011). Velázquez. Taschen.

Ver también

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana. Diplomada en Teoría y Crítica de Cine. Profesora de talleres literarios y correctora de estilo.