La llave del cajón escondido
Interacciones:
- Sonido de clic.
- Frotarse las manos como si la llave brillara.
- Caminar en puntitas.
- Gatear como si entraras al cajón.
- Tocar el bolsillo como si guardaras algo valioso.
Leo tenía una cómoda de madera en su cuarto. Tenía cuatro cajones grandes y uno pequeño, escondido al final, que nunca se abría.
—¿Qué habrá ahí dentro? — se preguntaba.
Una mañana, mientras jugaba en su alfombra con bloques y carritos, algo hizo clic bajo su cama. ¡Clic!
Era una llave. Pequeña, dorada, con una forma curva como una espiral.
—¡Una llave mágica! — susurró Leo, con los ojos muy abiertos.
La sostuvo en sus manos. Estaba un poquito tibia. Caminó en puntitas hasta la cómoda. Insertó la llave en el cajón pequeño… ¡Clic, clac! ¡Se abrió!
Dentro no había juguetes, ni dulces. Había...
—¡Una nota enrollada! —dijo Leo, sorprendido.
La desenrolló con cuidado. Decía: “Esta es la llave de los días especiales. Úsala cuando el mundo parezca aburrido”.
Leo miró alrededor.
—¿Y ahora qué?
La llave tembló. Brrr... De pronto, el cajón comenzó a crecer. ¡Zzzzzz! Se hizo más grande... más grande... ¡y apareció una puertecita!
Leo se agachó y entró. Allí había un jardín con libros que susurraban historias, flores que reían y burbujas que flotaban al ritmo de la música.
—¡Este es mi lugar secreto! — dijo Leo, dando vueltas como una mariposa.
Estuvo allí lo justo para reír, correr y asombrarse. Luego, la llave vibró de nuevo. Zzzzz!
—Hora de volver —susurró una flor.
Leo salió, cerró el cajón, y guardó la llave en su bolsillo más pequeño. Desde ese día, cada vez que se aburría, miraba su cajón secreto y sonreía.
—Hoy todavía no. Pero pronto. Muy pronto.
Y la llave, silenciosa, esperaba paciente.