El tambor que escuchaba los sonidos

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana
Tiempo de lectura: 1 min.

Interacciones:

  • Golpear suavemente algo como si fuera un tambor (pum-pum).
  • Hacer sonidos con la boca o el cuerpo: Plin-plin (lluvia), Tac-tac (pasos), Brrrrr (ronquido), Chic-chic (escoba).

Mateo tenía un tambor rojo con estrellas doradas. Le gustaba golpearlo con sus manos pequeñas:
¡Pum-pum! ¡Pum-pum!

Pero un día, Mateo se cansó.

—Siempre suena igual… —dijo, dejando el tambor en el suelo.

Esa noche, el tambor suspiró:

—Ojalá pudiera hacer más sonidos…

Y justo entonces, escuchó algo: Plin-plin-plin… Era la lluvia, bailando en la ventana.

—¡Qué lindo suena eso! —dijo el tambor.

Luego, escuchó: Tac, tac, tac… Los pasos de papá subiendo la escalera. Brrrrrrr… El ronquido del perrito bajo la cama. Chic, chic, chic… La escoba que mamá usaba en la cocina.

—¡Todos hacen música! — susurró el tambor, emocionado.

A la mañana siguiente, Mateo se despertó. El tambor le habló bajito:

—¿Quieres hacer una orquesta?

Mateo parpadeó.

—¿Cómo?

—¡Escucha! La casa canta.

Mateo cerró los ojos. Plin-plin... tac-tac... chic-chic... brrrr...

—¡Tienes razón! —gritó, feliz.

Golpeó su tambor con cuidado: Pum… pum… pum… Y de pronto, todo sonaba junto. La lluvia, los pasos, el ronquido, la escoba… y el tambor.

Mateo bailó. El tambor cantó. Y juntos descubrieron que la música no está solo en los instrumentos… ¡Está en todas partes!

Desde ese día, cada mañana Mateo salía a buscar sonidos.

—¡Hoy escuché el “clic” del cinturón y el “plop” de una gota de leche! — decía.

Y por las noches, el tambor esperaba junto a su cama, listo para escuchar.

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana. Diplomada en Teoría y Crítica de Cine. Profesora de talleres literarios y correctora de estilo.