El reloj que aprendió a esperar

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana
Tiempo de lectura: 2 min.

Interacciones:

  • Cerrar los ojos como Tic.
  • Oler (imaginar el aroma).
  • Reír suavecito.
  • Decir juntos: tic... tac... tic... tac...

Había una vez un reloj muy pequeño llamado Tic. Vivía en la repisa de una tienda de juguetes, justo entre una pelota roja y un libro con luces.

Tic era un reloj nuevo, brillante y redondo. Le gustaba mover sus manecillas rápido, como si corriera.

—¡Tic, tic, tic! — decía alegre, girando sin parar.

—¿A dónde vas tan deprisa? — le preguntó el peluche Conejín, bostezando.

—¡Quiero que ya sea mañana! ¡Quiero saber qué pasará después!

Tic estaba siempre pensando en lo que venía:

—¿Cuándo me comprarán? ¿Qué niño me llevará a casa? ¿Será hoy? ¿Será en cinco minutos?

Pero nadie lo compraba. Los niños miraban pelotas, rompecabezas, muñecos. Tic esperaba. Y mientras tanto, seguía girando:

—¡Tic, tic, tic! ¡Rápido, rápido!

Un día, la muñeca Rosa le habló con voz suave:

—Tic, ¿por qué te apresuras tanto?

—¡Porque esperar me aburre! —respondió el relojito—. Quiero llegar al futuro.

Rosa sonrió.

—Pero si corres tanto, te pierdes todo lo bonito del ahora.

Tic se quedó quieto por un segundo.

—¿Qué hay de bonito en este momento?

—Mira a tu alrededor —dijo Rosa—. Escucha cómo ríen los niños en la calle. Huele los caramelos de la tienda. Mira cómo brilla la luz del sol sobre ti.

Tic cerró sus pequeños números y escuchó.

Por primera vez, el tiempo se volvió lento. Pero no aburrido. ¡Se volvió hermoso! Tic ya no quería correr.

—Tal vez no tengo que saber qué pasará mañana. Tal vez hoy es suficiente.

Pasaron los días. Tic marcaba cada hora con calma:

—Tic... tac... tic... tac...

Y entonces, un niño entró a la tienda con su mamá.

—¡Mira, mami! ¡Un reloj redondito! ¿Puedo llevarlo a casa?

Tic se emocionó, pero ya no corrió. Sonrió con sus manecillas.

—Ya llegó el momento — pensó.

Esa noche, en la mesita de su nuevo cuarto, Tic hizo su tic-tac muy despacio.

—Gracias por enseñarme a esperar —le dijo al silencio.

Y se durmió feliz, marcando los minutos con amor.

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana. Diplomada en Teoría y Crítica de Cine. Profesora de talleres literarios y correctora de estilo.