El viento que hacía cosquillas

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana
Tiempo de lectura: 1 min.

Interacciones:

  • Soplar como el viento: fiuuu, fiuuu.
  • Empujar con la mano como si cayera una torre.
  • Tocarse la panza y reír con cosquillas.
  • Levantar las manos como buscando algo.
  • Agitar las manos como si las cortinas volaran.
  • Decir adiós moviendo los deditos.

Había una vez un viento juguetón llamado Silbo. No se veía, no se tocaba, ¡pero siempre estaba haciendo de las suyas!

—¡Fiuuu, fiuuu! — decía mientras soplaba.

Una mañana, Silbo se metió por la ventana de la casa de Nicolás, que estaba jugando en su alfombra con bloques y peluches.

—¡Hola! — susurró Silbo—. ¿Quieres jugar?

Nicolás miró a su alrededor. No vio a nadie, pero su osito se cayó de repente.

—¡Oh! ¿Quién hizo eso? — preguntó, riendo.

Fiuuuuuu... Silbo sopló un poco más fuerte. ¡La torre de bloques se tambaleó! ¡Toc! ¡Toc! ¡Ploff! Nicolás se rió más fuerte.

—¡Eres tú, viento travieso!

Entonces Silbo sopló por debajo de la camiseta de Nicolás. ¡Fiuuuu... fufufu!

Nicolás se tiró al piso de la risa.

—¡Basta! ¡No puedo parar de reír!

Silbo se escondió tras las cortinas.

—¿Dónde estás? —dijo Nicolás.

De repente, las cortinas se inflaron como globos. ¡FLOOOSH!

—¡Ahí estás! —gritó Nicolás.

Silbo salió corriendo y sopló el cabello de mamá en la cocina.

—¡Ay! —dijo ella—. ¡Este viento travieso otra vez!

Entonces sopló el vaso de agua. ¡Plop! Y la servilleta voló: ¡Flap-flap!

—¡Silboooo! — gritaron todos.

Pero Silbo ya estaba saliendo por la puerta, muy contento.

—¡Adiós! ¡Hasta mañana!

Y así, Nicolás aprendió que hay amigos invisibles que vienen a jugar… ¡cuando el aire empieza a bailar!

Catalina Arancibia Durán
Catalina Arancibia Durán
Máster en Literatura Española e Hispanoamericana. Diplomada en Teoría y Crítica de Cine. Profesora de talleres literarios y correctora de estilo.